martes, 2 de junio de 2026

Así puedes explicar a los niños el misterio de la Santísima Trinidad

leer cuento en familia

El misterio que todos debemos conocer se puede explicar de manera sencilla, tanto a niños como a adultos

La fiesta de la Santísima Trinidad puede ser una hermosa ocasión para explicar a los niños este gran misterio, que no es solamente para que lo aprendan ellos, sino también los adultos y todo cristiano que desee formarse en su fe.

La señal de la cruz

Para empezar, hay que hablarles de la palabra “Trinidad”. Podríamos intentar encontrar con ellos palabras que comiencen por “tri-”, como triciclo, por ejemplo.

El prefijo “tri-” implica la existencia de tres elementos. En Dios, hay tres Personas.

¿Cuáles son? Para ayudar a los niños a averiguarlo por sí mismos, podemos proponerles hacer la señal de la cruz.

Se darán cuenta en seguida de que invocan, efectivamente, a tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (a no ser que cuenten también a un cuarto llamado… “Amén”, en cuyo caso convendría aprovechar para recordarles el sentido de esta fórmula o la de “así sea” al final de las oraciones).

Tres personas 

Hay tres personas, pero un solo Dios. Esas tres personas no son tres dioses. Papá, Mamá y su hijo son tres personas, pero también tres seres humanos independientes. En Dios, la cosa es diferente: tres Personas, pero un solo Dios.

Es importante insistir bien en esta verdad que, más allá de la comprensión de nuestra inteligencia, requiere la adhesión de nuestra fe.

Cuando hablamos de Dios, cuando decimos que creemos en Dios, cuando Le rezamos, se trata siempre de tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Estas tres personas reciben la misma adoración y la misma gloria. No hay ninguna que sea más importante o más divina que las otras.

Por eso es importante hablar al niño de cada una de las tres. Ciertamente, es siempre el mismo Dios, el Único, pero conviene familiarizarse con las tres Personas.

Palabras adecuadas

BIBLE

Algunos términos, aunque justos en sí mismos, pueden ser ambiguos para los pequeños.

Así, es justo decir que el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús. Pero es ambiguo: para los niños podría querer decir que el Espíritu Santo no es una persona distinta de la de Jesús. Eso puede representar para ellos algo como la parte espiritual de Jesús y nada más.

Es justo decir también que Jesús es el Hijo de Dios. Pero hay que precisar bien las cosas para que los niños sepan que Jesús, Hijo de Dios, es Dios. No hay otro Dios que su Padre. Es un solo Dios con su Padre y el Espíritu Santo.

Al hablar con niños, percibimos que, con frecuencia, imaginan un solo Dios, sin duda, pero en una sola Persona: el Padre. Ese Dios Padre tiene un Hijo, Jesús, animado por un espíritu, el Espíritu Santo.

Por supuesto, los niños no pueden comprender del todo el Misterio de la Santísima Trinidad. Pero eso no es motivo para edulcorar la verdad, más bien al contrario.

En cualquier caso, los adultos tampoco lo comprenden del todo… y a veces comprenden incluso menos que los niños porque, aunque su inteligencia está más desarrollada, su fe a menudo es más tímida y adormecida.

A través de la fe 

WIARA

Precisamente, ante el misterio, Dios no nos dice: “Deja tu inteligencia a un lado, no intentes comprender”. Al contrario: si Él dio una inteligencia al ser humano es para que se sirva de ella y la desarrolle en todos los ámbitos.

Por tanto, hemos de recurrir a la inteligencia, con humildad, reconociendo sus límites.

Dios dice: “Cree. Ten confianza”. Y esta fe permite conocer las verdades que la inteligencia sola no puede conseguir.

Si ante el Misterio de un solo Dios en tres Personas nos decimos: “Es imposible. Eso no puede existir. Es ridículo pensar que es cierto”, nos quedamos con esa pequeña inteligencia muy limitada, con una visión de la realidad a ras de suelo.

Si creemos, si aceptamos reconocer una realidad que es superior, podemos adentrarnos en el misterio.

A través de la fe, podemos entrever la Santísima Trinidad y contemplarla esperando el día en que la veamos cara a cara.

Tres Personas quese aman

Mirando la Santísima Trinidad, vemos que Dios es amor: el Padre ama al Hijo, que ama al Padre, y de este amor emana el Espíritu Santo.

Para ayudar a los niños a entrar en el misterio de la Santísima Trinidad, no basta con decirles que hay un solo Dios en tres personas. Hay que añadir: tres Personas que se aman.

El sentido de la Santísima Trinidad es este amor infinito que no cesa de circular entre las tres personas.

Edifa, Aleteia

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lunes, 1 de junio de 2026

Isabel Coixet pone palabras al vacío de una generación: por qué tantos jóvenes buscan hoy a Dios

La cineasta reconoce que no cree, pero admite que cada vez entiende mejor por qué tantos jóvenes vuelven a la religión en busca de sentido.

Isabel Coixet, cineasta española, tiene un Goya.

Isabel Coixet, cineasta española, tiene un Goya.


    La directora de cine Isabel Coixet ha publicado un llamativo artículo de opinión en la revista XL Semanal en el que reflexiona sobre un fenómeno cada vez más visible en Europa: el renovado interés de muchos jóvenes por la religión y la búsqueda de trascendencia en una sociedad que se consideraba definitivamente secularizada.

    Lejos de escribir desde una posición creyente, Coixet reconoce que ella misma perdió la fe hace décadas. Sin embargo, admite que contempla con sorpresa cómo muchos jóvenes están encontrando en las religiones respuestas que la cultura contemporánea parece incapaz de ofrecer.

    Llegar tarde a una fiesta...

    La cineasta sitúa una de sus experiencias en Roma, en la iglesia de Santa María en Trastévere. Allí se encuentra un templo lleno entre semana, no de turistas, sino de jóvenes que participan en la liturgia. «Cantan en latín, mal y con devoción», escribe, confesando que salió del templo con «la sensación de haber llegado tarde a una fiesta de la que nadie me había avisado».

    A lo largo de su reflexión, Coixet relata varios ejemplos que la han llevado a preguntarse qué está ocurriendo. Una amiga le cuenta que su hijo y su nuera se han convertido al islam porque la oración, el ayuno y la disciplina religiosa les ayudan a ordenar la vida cotidiana. Otra conocida le habla de una hija adolescente que reza el rosario en TikTok ante miles de seguidores.

    Lo que más llama la atención de la autora es que estas historias no encajan en los estereotipos habituales sobre la religión. No se trata de personas marginadas o desesperadas, sino de jóvenes con estudios, trabajo y estabilidad aparente. De ahí la perplejidad que transmite una de las frases que recoge en su artículo: «Lo peor es que están bien».

    Más allá de modas o fenómenos sociológicos, Coixet apunta a una cuestión más profunda: la necesidad humana de encontrar sentido ante el sufrimiento, la incertidumbre y los grandes interrogantes de la existencia.

    Una generación que se rio de todo

    «Me cuesta admitirlo, pero mi generación, la que se rio de todo eso, no ha conseguido inventar nada mejor para acompañar a alguien en la madrugada de un duelo», reconoce.

    La directora admite que sigue sin creer, pero comprende por qué muchas personas vuelven hoy la mirada hacia la religión. En un contexto marcado por las crisis políticas, la incertidumbre tecnológica, la caída de las certezas culturales y el miedo al futuro, considera natural que muchos busquen apoyo en tradiciones espirituales milenarias.

    «No es extraño que alguien quiera un texto antiguo, una voz que repita una palabra dicha durante mil años, una hora fija, un gesto que ya hicieron otros», escribe.

    La reflexión culmina con una crítica implícita a las promesas incumplidas de la modernidad. Para Coixet, quizá el fenómeno actual no sea exactamente una "vuelta" a la religión, sino la constatación de que muchas personas descubren que los grandes relatos contemporáneos no responden a todas las preguntas humanas.

    El progreso no logra sustituir a la religión

    Por eso, cuando observa a una anciana encender una vela por un familiar enfermo, a un joven que entra por primera vez en una iglesia o a un sacerdote celebrando la misa, concluye que la fe sigue ofreciendo algo que la sociedad tecnológica y consumista no ha logrado sustituir.

    Una constatación especialmente significativa porque procede de alguien que no se declara creyente, pero que reconoce que el anhelo de trascendencia continúa vivo y que, para muchos jóvenes, la religión vuelve a convertirse en una respuesta frente al vacío de una época que prometió explicarlo todo.

    ReL

    Vea también     Bienaventuranzas  de los Jóvenes