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lunes, 16 de septiembre de 2024

Cinco mitos sobre el suicidio y cómo prevenirlo

Teen lines up pills

Qué puedes hacer para ayudar a un ser querido en riesgo de suicidio

El suicidio suele aparecer de repente. Sin embargo, con el tiempo, analizando el comportamiento pasado de una persona suicida, nos damos cuenta de las señales de advertencia, pero es fácil pasarlas por alto si no sabemos a qué prestar atención. Por lo tanto, vale la pena aprender cómo ayudar y salvar la vida de alguien con pensamientos suicidas.

Los pensamientos suicidas pueden aparecer bajo la influencia de crisis, sufrimiento, pero a veces también como un efecto secundario de la medicación o incluso un simple insomnio crónico. Siempre van acompañados de dudas sobre el sentido y el propósito de la vida y de la convicción de que será mejor para todos si desaparecemos. Estos pensamientos pueden aparecer esporádicamente en casi cualquier persona, pero en las personas suicidas es un motivo constante que impregna el pensamiento.

Verdades y mitos sobre el suicidio: Cómo reconocer el peligro y obtener ayuda

Depressed young woman sitting on couch in the living room at home

1El suicidio llega sin avisar

Realidad: El suicidio rara vez es un acto sin previo aviso. Aunque una persona en crisis no hable directamente de sus intenciones, suele dar diversas señales, como una tristeza prolongada, descuidar su aspecto, evitar el contacto social o -muy característico- regalar objetos valiosos y a los que está vinculada emocionalmente.

2Hablar del suicidio puede alentarlo

Realidad: Hablar de pensamientos suicidas puede ser el primer paso para obtener ayuda. Una conversación franca muestra a una persona en crisis que no está sola con sus problemas y que se pueden encontrar otras soluciones.

Por lo tanto, no debemos tener miedo a la pregunta: "¿Tienes pensamientos suicidas?" Hacer esta pregunta no empujará a la persona a la acción, pero puede ayudarle a abrirse. Si la respuesta es: "Sí, quiero suicidarme", hay que saber qué hacer a continuación.

3Los suicidas no quieren morir, solo manipulan el entorno

Realidad: Los intentos de suicidio no son una manipulación, sino un grito de ayuda. Una persona en crisis necesita atención y apoyo para seguir viviendo una vida mejor que antes.

4El suicidio no puede prevenirse

Realidad: El suicidio puede prevenirse. La clave está en reconocer rápidamente el peligro y responder adecuadamente. Una ayuda a tiempo puede salvar vidas.

5El objetivo de un intento de suicidio es acabar con la propia vida

Realidad: La mayoría de las personas que intentan suicidarse no desean necesariamente acabar con su vida. Se caracterizan por la ambivalencia, es decir, un deseo simultáneo de vivir y morir. Sus actos no suelen ser claros, y la muerte se ve como una posibilidad y no como algo inevitable. Esto deja margen para que quienes les rodean reaccionen y rescaten a esa persona. Por eso es crucial desarrollar un plan de seguridad.

Plan de seguridad

Una persona en crisis rara vez está decidida a suicidarse, lo más frecuente es que experimente impulsos momentáneos pero intensos que le empujan hacia la autodestrucción. Algunas personas tras un intento de suicidio son las que han tenido un cambio de opinión de última hora y han conseguido revertir parcialmente los efectos de sus actos.

Por lo tanto, si tenemos a nuestro cuidado a una persona que está teniendo pensamientos suicidas, hay muchas cosas que podemos hacer para ayudarle. Es importante que esto no se haga en lugar de la terapia, sino para apoyarla.

1 Hablar sobre el hecho de que los impulsos suicidas, aunque sean fuertes, pasan, por lo que la estrategia básica es darse la oportunidad de calmarse.

2 Asegurarse de que el hogar es seguro. La idea es crear tantas barreras como sea posible entre la persona y el instrumento del suicidio. Deshazte de los objetos amenazadores de la casa: cuchillos, cuerdas, medicinas.

Los estudios demuestran que el impulso de quitarse la vida, aunque a veces es muy fuerte, suele durar poco. Recuerda que esconder no es lo mismo que asegurar. No basta con esconder objetos peligrosos en un armario. Hay que sacarlos durante un tiempo o encerrarlos en una caja fuerte, por ejemplo. Sí, es incómodo, pero la situación es temporal.

3 Planificar de antemano lo que se puede hacer cuando surgen malos pensamientos. No puedes simplemente suprimirlos, tienes que tener algo que hacer en su lugar. Pueden ser cosas como: una lista de canciones que distraigan del pensamiento; libros para colorear, una serie de televisión. Es una buena idea tener preparada de antemano una lista de "actividades de rescate", teniendo en cuenta tanto las cosas que puedes hacer solo (como bailar, jugar con tu gato, escribir un cuento) como con otras personas (jugar a un juego de mesa, hablar, escribir con alguien por mensajería instantánea).

La lista debe ser amplia para que haya donde elegir. Lo esencial deben ser actividades para hacer sobre la marcha, sin preparación especial. La lista debe ser clara y estar siempre a mano.

4 Determinar con quién puede hablar la persona en crisis a cualquier hora del día o de la noche. Es importante que haya alguien así, de confianza. Y si las crisis se producen con frecuencia, puede haber dos o incluso tres personas de guardia.

Ayuda en una crisis de suicidio:

Lleva inmediatamente a tu ser querido al hospital o llama a una ambulancia si:

  • Has recibido un mensaje claro de que tiene intención de quitarse la vida,
  • Tienes una sospecha razonable de que quiere hacer un intento de suicidio, por ejemplo, ves medicamentos acumulados, cartas de despedida, regalar objetos de valor con los que estaba vinculada emocionalmente,
  • Cuando has frustrado con éxito un intento de suicidio, aunque sospeches que no se hizo con la intención real de quitarse la vida, sino con el deseo de llamar la atención.

Importante

Si tenemos sospechas sobre los pensamientos suicidas de un ser querido, pero no es evidente, vale la pena revisar este cuadernillo básico para la prevención del suicidio elaborado por el gobierno de México.

En México, la Línea de la vida está disponible para atender a personas en crisis las 24 horas del día, los 365 días del año: 800 911 2000

Bogna Białecka, Aleteia

Vea también   Suicidio: Quitarse la vida ante el sufrimiento
que parece insoportable





























jueves, 10 de noviembre de 2022

Ingirió 150 pastillas y se tiró al mar: cuando despertó del coma vio un rosario... y estaba en paz


 

Una mañana de agosto de 2013, Vanessa Guillot se despertó en la cama de un hospital. No tenía ni idea de cómo había llegado hasta allí.

Poco a poco empezaron a llegar los recuerdos de unas horas antes, cuando entreabrió los ojos e intuyó, más que vio, un escenario aterrador: "Un techo blanco, excesivamente iluminado, que me impide reconocer el entorno desconocido en el que me encuentro... Tengo la nuca paralizada, como el resto del cuerpo... Estoy tumbada, semiinconsciente y tengo frío, un frío terrible. Mi sangre está tan fría que la circulación parece haberse interrumpido. Un rostro espeluznante se cierne de golpe sobre mí por la izquierda, al cabo de un segundo me sorprende situándose a mi derecha. Solo veo sus ojos, la parte inferior de la cara la oculta completamente una mascarilla verde. Me quiere decir algo alzando las cejas con insistencia, pero los únicos sonidos que percibo son unos acúfenos agudos que resuenan sin cesar en mi cabeza, que siento muy pesada y me duele enormemente. Sus miradas se cruzan, sus cabezas se agitan, hablan entre ellos. De golpe siento un movimiento a mi alrededor y quedo cegada por una luz viva que agitan ante mis ojos... Un silbido corta toda comunicación con lo que está pasando. Esa luz me mata, no deja de moverse y me ha desconcertado porque ya no veo a nadie. Todo se vuelve negro".

Es el relato que hace la misma Vanessa en el libro que recoge su historia, Le crayon à papier [El lapicero].

Portada de 'El lapicero'.

Es su primera novela, autobiográfica. Probablemente ella habría querido que su opera prima publicada fuese otra, porque escribir ha sido su pasión y su entretenimiento favorito desde que iba al colegio. Pero con estas páginas ha querido ayudar a personas que puedan encontrarse en una situación parecida a la que acaba de describir, y que responde, obviamente, a un ingreso hospitalario de urgencia. La razón: un intento de suicidio. Una de las causas: la anorexia y el maltrato a su propio cuerpo durante años.

Ella pudo escapar al destino que la confinaba en un centro psiquiátrico, lo hizo gracias a la oración de sus seres queridos, y el mejor mensaje de esperanza es verla expresarse con tanta tranquilidad y certidumbre en las diversas entrevistas que ha concedido para promocionar su obra.

Vanessa tiene 35 años y es natural de Mónaco, donde creció en una familia de cinco hermanos, dos chicos y dos chicas además de ella. Ahora vive y trabaja entre Montecarlo y París con su propia agencia de casting para eventos y se siente feliz.

Vanessa Guillot.

Pero hace unos años las cosas no eran tan sencillas. Un día se instaló en ella lo que, en una reciente conversación con Cyril Lepeigneux para el programa Un corazón que escucha de la cadena católica francesa KTO, definió como "un malestar muy profundo". Había tenido algún problema profesional, también algún desengaño amoroso, pero "como todo el mundo", reconoce. El problema era otro: se sintió invadida como por una "fuerza extraña" que no la abandonaba y le causaba una inquietud severa y continua. Describiendo lo que fue el inicio de una grave depresión, cuenta que en su vida solo veía "sombras" y "todo negro", y se sentía desplazada, con "un problema de lugar": "No encontraba mi lugar... Diría que no quería un lugar".

Era el año 2008. "Esa depresión me hizo perder toda esperanza": su familia y sus amigos estaban ahí, pero ella se aisló, convencida de que nadie la quería. "Rechacé toda ayuda, era una bestia salvaje", explica, afirmando que se sentía como en una "jaula" y no consentía que nadie le hablase de enfermedad, ni de anorexia, ni de psiquiatras, ni de medicamentos.

Una mañana de 2009, una idea empezó a rondarle: "Una frase en mi cabeza me decía 'Debes morir, debes morir'... Me puse delante del espejo para saber si era Vanessa quien hablaba... y vi cómo mis labios decían 'Debes morir'... A partir de ese momento, hice todo lo posible por destruirme". Curiosamente, estos hechos tuvieron lugar en Nevers, donde estudiaba para ser profesora de autoescuela y cuando se alojaba en el convento donde vivió y murió, para alejarse del bullicio de Lourdes, Santa Bernadette.

El mal

Vanessa dejó de comer y se autolesionaba. A raíz de visitar a una nutricionista, ésta la derivó a un médico que la pesó y le dijo claramente que si seguía así moriría al cabo de un mes: con una estatura de 1,78 metros, pesaba 43 kilos. Fue entonces cuando aceptó acudir a un psiquiatra y fue internada en un hospital psiquiátrico durante tres años, con breves salidas a su casa, donde su familia, católica, rezaba por ella, sobre todo su abuela italiana. En esos tres años se sintió cuidada y atendida por el personal sanitario, y le dieron el alta.

Le habían salvado la vida de su anorexia, pero... no de su obsesión por morir: "Me cansé. Me dije, 'Te has salvado de morir a fuego lento, pero hay que hacerlo' [matarse]". Durante esos años había ido detrayendo, de los medicamentos que le daban, 150 pastillas, y una noche las ingirió junto con una botella de ron. Como veía que no hacían efecto inmediato, se fue a la playa y se metió en el mar para esperar allí la muerte.

Afortunadamente, el instinto de supervivencia funcionó, y cuando empezó a sentirse morir ahogada empezó a gritar. Acudieron a salvarla dos "ángeles" -como los califica- que en aquel momento cerraban su restaurante junto al mar, providencialmente más tarde de lo habitual porque eran las dos y media de la madrugada.

El bien repentino

Cuando se despertó, tras varios días en coma, todos sus problemas habían desaparecido: "Era ya la Vanessa que ves ahora", explica a Cyril. Lo primero que vio, fue numerosos rosarios alrededor de su cama. Todos sus conocidos de Mónaco habían hecho una cadena de oración por ella. "Es difícil explicar, sentía una inmensa liberación y un inmenso amor que nunca había conocido, un calor... Era el cielo, evidentemente, estoy segura de ello. A  partir de ese momento recobré la fe".

La había perdido junto con la esperanza que le condujo a atentar contra su propia vida. Al recuperar no solo la fe en Dios, sino también la fe "en la vida y en el futuro", comprendió que "el intento de suicidio había sido un pecado": "Desde el momento en el que me dije que el cielo me había perdonado, me perdoné a mí misma y comencé a revivir".

Vanessa Guillot.

Ahora tiene un acompañante en la vida: la Virgen. "María es mi ángel de la guarda. Siempre he llevado esta medalla al cuello que me impusieron en Lourdes cuando peregrinaba. También he ido a Fátima. Siempre me he sentido muy cercano a ella. Es mi madre del cielo que me tomó en brazos y me dijo, 'Hija mía, vuelve, puedes hacerlo, puedes quererte a ti misma'".

"He sido levantada"

Vanessa sabe que siempre es posible recaer y cometer los mismos errores, pero se siente segura: "No creo [que me vuelva a pasar]. Tengo confianza en mí misma y confianza en el cielo. No puedo caer tan bajo. He sido levantada, no he estoy sola".

Seis años después de su curación repentina, de su elevación súbita desde lo más bajo a una sanación completa y a la paz espiritual, Vanessa analiza lo sucedido y cree que fue "atacada por el mal": "Todos somos pecadores, todos cometemos errores, pero creo que yo fui invadida por el mal, por una fuerza terrible que tiraba hacia abajo de mí. Había una batalla en mí entre el bien y el mal".

Recuerda que, cuando rechazaba la ayuda de su madre, veía en ella a la Virgen María sufrir por Jesús, "siempre con Él, hasta el pie de la Cruz". Por eso, a los padres que puedan tener hijos con anorexia les pide: "Estad con ellos, estad ahí como hizo María, creed en ellos, dadles amor, y si ya se lo dáis, dadles más".

Su experiencia de la enfermedad y la fe ha tenido un impacto sobre su trabajo, porque se centra "en lo positivo", y en su trabajo de casting tiene muy presente que los medios de comunicación deben transmitir "amor, confianza y esperanza", por eso solo trabaja para programas "amables, que eleven": "Eso me ha permitido ser mejor, personal y profesionalmente". Su sufrimiento le ha permitido asimismo ser "más abierta de espíritu" para comprender a los demás y asumir que "estamos todos en el mismo barco y somos hermanos".

"Mi vida de fe me permite tener confianza todos los días", concluye, "y no sentirme sola, porque llegué a estar traumatizada por mi soledad. Cada mañana, cuando me levanto, sé por qué estoy aquí, sé que tengo un lugar. La fe me dice: sigue adelante".

Carmelo López-Arias, ReL

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