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viernes, 19 de marzo de 2021

5 rasgos de San José para expulsar los graves males de Occidente: el certero análisis de Reig Pla

 


e cara a la fiesta de San José que se celebra este viernes 19 de marzo precisamente en pleno Año Santo dedicado al Esposo de María, el obispo de Alcalá de Henares, monseñor Reig Pla ha querido destacar cinco puntos sobre el gran patriarca en un escrito que ha llamado “El ocaso del padre: mirando a San José” y que sale en ayuda de una sociedad herida como la de Occidente.

De este modo, el prelado complutense habla de San José en cinco vertientes aplicándolas a los problemas de hoy: maestro de vida interior, modelo de padre, testigo de castidad, protector de la familia y de la Iglesia y por último como modelo de trabajador humilde y honrado.

1. Maestro de vida interior

Reig Pla recuerda que en los evangelios no aparece ninguna palabra de San José. “Es el hombre del silencio y de la vida interior” que acoge el anuncio y obedece, explica el obispo.

En su opinión, “hoy existe un gran déficit de vida interior. La ausencia de Dios y la crisis de la verdad dejan al hombre vacío, a merced de los sentimientos y las emociones. Así se explica que haya tantos atrapados por la pornografía, el espectáculo y la multitud de imágenes y voces que distraen el espíritu. Sin el silencio interior el hombre, varón o mujer, acaba por no conocerse a sí mismo y se incapacita para la virtud y las obras grandes: la magnificencia”.

2. Modelo de padre

El ángel le comunica a María que dará a luz un hijo también confió a José la misión de padre.  Sin embargo, Reig Pla alerta de que “hoy estamos inmersos en una sociedad en la que desde años vivimos el ‘ocaso del padre’ y la pérdida de la ‘autoridad’. Este ‘ocaso del padre’ se da tanto en la familia, como en las instituciones educativas y en el gobierno de los pueblos y de la nación”.

San José, con el niño Jesús

Explicando esta situación, el obispo de Alcalá cree que “la crisis de la verdad, la irrelevancia de la razón débil para afrontarla, han producido una crisis profunda de la autoridad. La autoridad es servicio a la verdad, de lo contrario se transforma en dominio, despotismo o tiranía. Por eso, la renuncia a buscar la verdad se traduce en la “dictadura del relativismo”-toda opinión vale igual-, en la arbitrariedad de quienes nos gobiernan, proponiendo leyes inicuas que provocan la deconstrucción de lo verdaderamente humano y la ruina del alma”.

Reig va más allá y añade que “esta ausencia del padre y ‘la crisis de la verdad’ conducen a una sociedad nihilista donde la libertad humana en vez de regirse por la inteligencia unida a la verdad, se transforma en un haz de instintos y emociones que acaban esclavizando al hombre bajo los requisitos de ‘la espontaneidad’ y la ‘autenticidad’ que sirven habitualmente de camuflajes de la mentira”.

Hoy estamos inmersos en una sociedad en la que desde años vivimos el “ocaso del padre” y la pérdida de la “autoridad”. Este “ocaso del padre” se da tanto en la familia, como en las instituciones educativas y en el gobierno de los pueblos y de la nación.

También recuerda que “Jesús se sometió en todo a sus padres con obediencia y con ello ratifica la autoridad de los padres para la educación de sus hijos. Es un derecho que les es original y no puede ser sustraído por el Estado como se pretende con la nueva ley de educación. Los padres tienen derecho a educar a sus hijos por haberles dado la vida cooperando con Dios”.

3. Testigo de castidad

Habitualmente cuando nos referimos a San José lo llamamos “el casto” o “castísimo” San José. Y aquí aparece un problema más. “El desprecio y olvido de la castidad es otro de los grandes déficits de nuestra cultura y de nuestra sociedad. La castidad es una gran virtud personal y social. Como toda virtud concede una capacidad para hacer el bien y de manera pronta. En este caso la castidad modera los dinamismos instintivos y las emociones, para mediante el autogobierno y el autodominio del espíritu, dirigir la libertad hacia la verdad del amor y el bien”, explica el obispo de Alcalá.

Por ello, añade también que “la castidad no anula ni al impulso erótico ni a la las emociones. Estas son equipaje humano para la acción, pero necesitan ser guiadas hacia la promoción del propio bien personal, el respeto de las demás personas y la fidelidad conyugal que es la clave de la alianza de la vida esponsal”.

“Quien no es casto no alcanza la libertad para el bien, acaba siendo un esclavo atrapado por una ‘ceguera espiritual’ que le impide ver lo ‘inteligible’ de la realidad. La ausencia de la castidad genera personalidades veleidosas, arbitrarias y violentas. Por eso es ésta una virtud que debe de acompañar a todas las personas, especialmente a las que tienen responsabilidades educativas y de gobierno”, añade sobre este punto.

4. Protector de la familia y de la Iglesia

Reig Pla señala que desde el nacimiento de Jesús como Salvador “se desata toda la furia del mal y la cultura de la muerte. Herodes quiere matar al niño y provoca la muerte de los Santos Inocentes. José se destaca como protector de la Sagrada Familia y custodia a María y a su hijo huyendo a Egipto y aceptando el exilio. Años más tarde ejercerá esta misión continuando su custodia en el hogar de Nazaret”.

Es por esto por lo que se ha puesto a San José como protector de la familia humana y de la Iglesia, de ahí “la importancia de invocar a San José ante los embates de la ‘cultura de la muerte’ que nos invade por todas partes con el aborto, la eutanasia, la manipulación y destrucción de embriones”.

Un padre, cuidando de sus hijos

Por otro lado, el prelado anima a “invocar la protección de San José para nuestras familias de tal manera que los matrimonios no se rompan ni reine la infidelidad. Con San José hemos de superar la “mentalidad divorcista” que se presenta como abanderada de la libertad cuando está negando la verdad del amor y la grandeza de la fidelidad que es un don de Dios recibido en el sacramento del matrimonio”.

En este sentido, agrega que “el invierno demográfico que sufre España es un mal presagio que nos aboca a una sociedad débil, envejecida y dominada por el multiculturalismo que ensombrece nuestra identidad católica y nuestro patrimonio espiritual”.

5. Modelo de trabajador, humilde y honrado.

Por último, monseñor Reig señala que José enseñó a Jesús a trabajar con sus manos indicando con ello la importancia de la actividad humana como camino de santificación.

Según explica en su escrito el obispo, “el trabajo tiene dos significados: lo que se hace (que siempre deben ser cosas buenas para el bien) y quien lo hace (el sentido subjetivo de quien trabaja). Ambos aspectos fueron cultivados en el hogar de Nazaret”-

“Hoy, cuando tantos hogares españoles sufren por la pandemia y la falta de trabajo, hemos de invocar a San José obrero para que interceda por la dignidad de los trabajadores y haga de las empresas e instituciones laborales, talleres de honradez y de cultivo de la convivencia fraterna y de justicia”, concluye.

Puede leer aquí el escrito íntegro de monseñor Reig Pla sobre San José.

J.Lozano / ReL

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miércoles, 9 de diciembre de 2020

El Papa Francisco convoca a un "Año de San José"

  



Con la Carta apostólica Patris corde (Con corazón de padre), el Pontífice recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia Universal y, con motivo de esta ocasión, a partir de hoy y hasta el 8 de diciembre de 2021 se celebrará un año dedicado especialmente a él.

Un padre amado, un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida; un padre de valentía creativa, un trabajador, siempre en la sombra: con estas palabras el Papa Francisco describe a san José de una manera tierna y conmovedora. Lo hace en la Carta apostólica Patris corde, publicada hoy con motivo del 150 aniversario de la declaración del Esposo de María como Patrono de la Iglesia Católica.

De hecho, fue el Beato Pío IX con el decreto Quemadmodum Deus, firmado el 8 de diciembre de 1870, quien quiso este título para san José. Para celebrar este aniversario, el Pontífice ha convocado, desde hoy y hasta el 8 de diciembre de 2021, un «Año» especial dedicado al padre putativo de Jesús.

En el trasfondo de la Carta apostólica, está la pandemia de Covid-19 que -escribe Francisco- nos ha hecho comprender la importancia de la gente común, de aquellos que, lejos del protagonismo, ejercen la paciencia e infunden esperanza cada día, sembrando la corresponsabilidad. Como san José, «el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta». Y sin embargo, el suyo es «un protagonismo sin igual en la historia de la salvación».

Padre amado, tierno y obediente

San José, de hecho, expresó concretamente su paternidad al haber hecho de su vida una oblación de sí mismo en el amor puesto al servicio del Mesías. De ahí su papel como «la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento «, «siempre ha sido amado por el pueblo cristiano» (1). En él, «Jesús vio la ternura de Dios», la ternura que nos hace “aceptar nuestra debilidad», porque «es a través y a pesar de nuestra debilidad» que la mayoría de los designios divinos se realizan.

«Sólo la ternura nos salvará de la obra» del Acusador, subraya el Pontífice, y es al encontrar la misericordia de Dios, especialmente en el Sacramento de la Reconciliación, que podemos hacer «una experiencia de verdad y de ternura», porque “Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona” (2). José es también un padre en obediencia a Dios: con su «fiat» salva a María y a Jesús y enseña a su Hijo a «hacer la voluntad del Padre». Llamado por Dios a servir a la misión de Jesús, «coopera en el gran misterio de la redención y es verdaderamente un ministro de la salvación» (3).

Padre en la acogida de la voluntad de Dios y del prójimo

Al mismo tiempo, José es «un padre en la acogida», porque «acogió a María sin poner condiciones previas», un gesto importante aún hoy -afirma Francisco- «en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente». Pero el Esposo de María es también el que, confiando en el Señor, acoge en su vida incluso los acontecimientos que no comprende, dejando de lado sus razonamientos y reconciliándose con su propia historia. La vida espiritual de José no “muestra una vía que explica, sino una vía que acoge”, lo que no significa que sea «un hombre que se resigna pasivamente».

Al contrario: su protagonismo es «valiente y fuerte» porque con «la fortaleza del Espíritu Santo», aquella «llena de esperanza», sabe “hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia”. En la práctica, a través de san José, es como si Dios nos repitiera: «¡No tengas miedo!», porque «la fe da sentido a cada acontecimiento feliz o triste» y nos hace conscientes de que «Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas». Y no sólo eso: José «no buscó atajos», sino que enfrentó «‘con los ojos abiertos’ lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona». Por ello, su acogida “nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles” (4).

Padre valiente y creativo, ejemplo de amor a la Iglesia y a los pobres

Patris corde destaca «la valentía creativa» de san José, aquella que surge sobre todo en las dificultades y que da lugar a recursos inesperados en el hombre. «El carpintero de Nazaret -explica el Papa- sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia». Se enfrentaba a «los problemas concretos» de su familia, al igual que todas las demás familias del mundo, especialmente las de los migrantes. En este sentido, san José es «realmente un santo patrono especial» de aquellos que, «forzados por las adversidades y el hambre», tienen que abandonar su patria a causa de «la guerra, el odio, la persecución y la miseria». Custodio de Jesús y María, José «no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia», de su maternidad y del Cuerpo de Cristo: cada necesitado, pobre, sufriente, moribundo, extranjero, prisionero, enfermo, es «el Niño» que José guarda y de él hay que aprender a «amar a la Iglesia y a los pobres» (5).

Padre que enseña el valor, la dignidad y la alegría del trabajo

Honesto carpintero que trabajó «para asegurar el sustento de su familia», José también nos enseña «el valor, la dignidad y la alegría» de «comer el pan que es fruto del propio trabajo». Este significado del padre adoptivo de Jesús le da al Papa la oportunidad de lanzar un llamamiento a favor del trabajo, que se ha convertido en «una urgente cuestión social», incluso en países con un cierto nivel de bienestar. «Es necesario comprender», escribe Francisco, «el significado del trabajo que da dignidad», que «se convierte en participación en la obra misma de la salvación» y «ocasión de realización» para uno mismo y su familia, el «núcleo original de la sociedad». Quien trabaja, colabora con Dios porque se convierte en «un poco creador del mundo que nos rodea». De ahí la exhortación del Papa a todos a «redescubrir el valor, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva ‘normalidad’ en la que nadie quede excluido». Mirando en particular el empeoramiento del desempleo debido a la pandemia de Covid-19, el Papa llama a todos a «revisar nuestras prioridades» para comprometerse a decir: “¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!” (6).

Padre en la sombra, descentrado por amor a María y Jesús

Siguiendo el ejemplo de la obra «La sombra del Padre» del escritor polaco Jan Dobraczyński, el Pontífice describe la paternidad de José respecto de Jesús como «la sombra del Padre celestial en la tierra». «Nadie nace padre, sino que se hace», afirma Francisco, porque se hace «cargo de él”, responsabilizándose de su vida. Desgraciadamente, en la sociedad actual «los niños a menudo parecen no tener padre», padres capaces de «introducir al niño en la experiencia de la vida», sin retenerlo ni «poseerlo», pero haciéndolo «capaz de elegir, de ser libre, de salir».

En este sentido, José tiene el apelativo de «castísimo», que es «lo contrario a poseer»: él, de hecho, «fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre», «sabía cómo descentrarse» para poner en el centro de su vida no a sí mismo, sino a Jesús y María. Su felicidad está «en el don de sí mismo»: nunca frustrado y siempre confiado, José permanece en silencio, sin quejarse, pero haciendo «gestos concretos de confianza».

Su figura es, por lo tanto, ejemplar, señala el Papa, en un mundo que «necesita padres y rechaza a los amos», que refuta a aquellos que confunden «autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción».

El verdadero padre es aquel que «rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos» y respeta su libertad, porque la paternidad vivida en plenitud hace «inútil» al propio padre, «cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida». Ser padre «nunca es un ejercicio de posesión», subraya Francisco, sino «un ‘signo’ que nos evoca una paternidad superior», al «Padre celestial» (7).

La oración diaria del Papa a san José y ese «cierto reto»

Concluida con una oración a san José, Patris corde revela también, en la nota número 10, un hábito de la vida de Francisco: cada día, de hecho, «durante más de cuarenta años», el Pontífice recita una oración al Esposo de María «tomada de un libro de devociones francés del siglo XIX, de la Congregación de las Religiosas de Jesús y María».

Es una oración que «expresa devoción y confianza» a san José, pero también «un cierto reto», explica el Papa, porque concluye con las palabras: “Que no se diga que te haya invocado en vano, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder”.

Indulgencia plenaria para el «Año de San José»

Junto a la publicación de la Carta apostólica Patris corde, se ha publicado el Decreto de la Penitenciaría Apostólica que anuncia el «Año de San José» especial convocado por el Papa y la relativa concesión del «don de indulgencias especiales». Se dan indicaciones específicas para los días tradicionalmente dedicados a la memoria del Esposo de María, como el 19 de marzo y el 1 de mayo, y para los enfermos y ancianos «en el contexto actual de la emergencia sanitaria».

Artículo publicado en Vatican News


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