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domingo, 10 de septiembre de 2023

Vídeo del Papa para los jóvenes que fueron a la JMJ: «Cuéntenlo en la universidad, sean testigos»


Un mes después de la JMJ, Francisco anima a los jóvenes
a hablar con otros de lo que vivieron

 

El Papa Francisco ha lanzado un vídeo en español, mirando a cámara en su despacho, animando a los jóvenes que acudieron a la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa (quizá más de un millón) a "mantener vivo el recuerdo de la Jornada" y a hablar con otras personas de lo que sintieron esos días.

Pasado algo más de un mes del final de la JMJ, el Papa ha querido dirigirse a los jóvenes para activarlos y hacerles hablar en su entorno.

La JMJ, les dice en un nuevo vídeo en español de unos 100 segundos, "no es un recuerdo para estar envasado o en un álbum de fotos", sino que se trata más bien de "un recuerdo vivo" y por eso tienen que "mantenerlo vivo".

Y la forma de mantener vivo un recuerdo es contándolo, hablando de él, dice el Papa. "Transmitiéndola, dándola a los demás", afirma, es como una cosa sigue viva. Pone de ejemplo “la familia”: "Una familia se mantiene viva a través de los hijos que van llevando la familia adelante, y los papás después son abuelos. Pero siempre vivo".

Por eso pide a los jóvenes no anestesiar el recuerdo de la JMJ: "No lo metan en el álbum de recuerdos pasados". Así, exhorta: "Cuéntenlo en la universidad, cuéntenlo en la escuela, cuéntenlo en el trabajo, cuenten qué vivieron ustedes, esa masa de más de un millón y medio que estaba allí y, sobre todo, qué sintieron".

El Papa pide a los peregrinos de la JMJ: "Sean misioneros, sean propagadores, sean testigos de lo que han vivido".

De hecho, ya transmitió un mensaje similar en la Vigilia del Parque Tejo de Lisboa el 5 de agosto, explicando que la alegría que se comparte es una forma de evangelizar. "La alegría es misionera, la alegría no es para uno, es para llevar algo. Yo les pregunto a ustedes: ustedes, que están aquí, que han venido a encontrarse, a buscar el mensaje de Cristo, a buscar un sentido lindo a la vida, ¿esto se lo van a quedar para ustedes o lo van a llevar a los otros? ¿Qué opinan? ¡Es para llevarlo a los otros porque la alegría es misionera! Repitamos todos juntos: ¡la alegría es misionera! Y entonces yo tengo que llevar esa alegría a los demás", proclamó en ese encuentro.

G. de A., ReL




















lunes, 24 de febrero de 2020

Mensaje del Papa en Cuaresma: Llamados a “dejarnos reconciliar con Dios”


 “Invoco la intercesión de la Bienaventurada Virgen María sobre la próxima Cuaresma, para que escuchemos el llamado a dejarnos reconciliar con Dios, fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y nos convirtamos a un diálogo abierto y sincero con el Señor. De este modo podremos ser lo que Cristo dice de sus discípulos: sal de la tierra y luz del mundo” expuso el Papa Francisco.
Hoy, 24 de febrero de 2020, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha presentado el mensaje del Santo Padre para Cuaresma, titulado “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (2 Co 5,20).
Ante la llegada de la Cuaresma, el próximo miércoles 26 de febrero, el Santo Padre invita a volver continuamente, “con la mente y el corazón” al Misterio de la muerte y la resurrección de Jesús.
Fundamento de la conversión
En el primer apartado, “El misterio, fundamento de la conversión”, Francisco subraya que la alegría del cristiano “brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma. En este se resume el Misterio de un amor ‘tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo’ (Exhort. ap. Christus vivit, 117)”.
Después, el Papa remite a la Exhortación apostólica Christus vivit: “Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez (n. 123)”.
Urgencia de conversión
El Pontífice remarca la importancia de la oración en el tiempo cuaresmal, pues el contemplar “la experiencia de la misericordia”, solo es posible en dicha práctica, “en un ‘cara a cara’ con el Señor crucificado y resucitado ‘que me amó y se entregó por mí’ (Ga 2,20)”, en el “diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo”.
Orar, “más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene”, apunta el Obispo de Roma. Lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios al rezar “es que penetre dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad”, explicó.
Diálogo de Dios con sus hijos
Para el Papa, esta nueva oportunidad de conversión debería suscitar “un sentido de reconocimiento y sacudir nuestra modorra” ya que, a pesar de la presencia del mal en nuestra realidad, “este espacio que se nos ofrece para un cambio de rumbo manifiesta la voluntad tenaz de Dios de no interrumpir el diálogo de salvación con nosotros”.
Y subraya que el diálogo que desea entablar con el hombre a través de Misterio Pascual, no se parece al que se atribuye a los atenienses, pues, se trata de una charlatanería que “caracteriza la mundanidad de todos los tiempos, y en nuestros días puede insinuarse también en un uso engañoso de los medios de comunicación”.
Riqueza para compartir
Finalmente, el Santo Padre afirma que poner el Misterio Pascual en el centro de la vida significa “sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado”. Estas se encuentran presentes en las víctimas de las guerras; de los abusos contra la vida; de todas las formas de violencia; de los desastres medioambientales; de la distribución injusta de los bienes de la tierra; de la trata de personas; y de la idolatría de la “sed desenfrenada de ganancias”.
De este modo, recuerda el deber de las personas de compartir los bienes con los más necesitados a través de la limosna para construir “un mundo más justo”: “Compartir con caridad hace al hombre más humano, mientras que acumular conlleva el riesgo de que se embrutezca, ya que se cierra en su propio egoísmo. Podemos y debemos ir incluso más allá, considerando las dimensiones estructurales de la economía”, aclara.
Por todo ello, Francisco hace referencia a que en esta Cuaresma 2020, del 26 al 28 de marzo, ha convocado a los jóvenes empresarios y change-makers “con el objetivo de contribuir a diseñar una economía más justa e inclusiva que la actual” en el evento Economía de Francisco” en Asís.
A continuación sigue el mensaje completo del Papa Francisco.
***
Mensaje del Santo Padre
«En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20)
Queridos hermanos y hermanas:
El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. Debemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón. De hecho, este Misterio no deja de crecer en nosotros en la medida en que nos dejamos involucrar por su dinamismo espiritual y lo abrazamos, respondiendo de modo libre y generoso.
  1. El Misterio pascual, fundamento de la conversión
La alegría del cristiano brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma. En este se resume el Misterio de un amor «tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo» (Exhort. ap. Christus vivit, 117). Quien cree en este anuncio rechaza la mentira de pensar que somos nosotros quienes damos origen a nuestra vida, mientras que en realidad nace del amor de Dios Padre, de su voluntad de dar la vida en abundancia (cf. Jn 10,10). En cambio, si preferimos escuchar la voz persuasiva del «padre de la mentira» (cf. Jn 8,45) corremos el riesgo de hundirnos en el abismo del sinsentido, experimentando el infierno ya aquí en la tierra, como lamentablemente nos testimonian muchos hechos dramáticos de la experiencia humana personal y colectiva.
Por eso, en esta Cuaresma 2020 quisiera dirigir a todos y cada uno de los cristianos lo que ya escribí a los jóvenes en la Exhortación apostólica Christus vivit: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123). La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren.
  1. Urgencia de conversión
Es saludable contemplar más a fondo el Misterio pascual, por el que hemos recibido la misericordia de Dios. La experiencia de la misericordia, efectivamente, es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene. De hecho, el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo. La oración puede asumir formas distintas, pero lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es que penetre dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad.
Así pues, en este tiempo favorable, dejémonos guiar como Israel en el desierto (cf. Os 2,16), a fin de poder escuchar finalmente la voz de nuestro Esposo, para que resuene en nosotros con mayor profundidad y disponibilidad. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros. No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia, con la ilusión presuntuosa de que somos nosotros los que decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión a Él.
  1. La apasionada voluntad de Dios de dialogar con sus hijos
El hecho de que el Señor nos ofrezca una vez más un tiempo favorable para nuestra conversión nunca debemos darlo por supuesto. Esta nueva oportunidad debería suscitar en nosotros un sentido de reconocimiento y sacudir nuestra modorra. A pesar de la presencia —a veces dramática— del mal en nuestra vida, al igual que en la vida de la Iglesia y del mundo, este espacio que se nos ofrece para un cambio de rumbo manifiesta la voluntad tenaz de Dios de no interrumpir el diálogo de salvación con nosotros. En Jesús crucificado, a quien «Dios hizo pecado en favor nuestro» (2 Co 5,21), ha llegado esta voluntad hasta el punto de hacer recaer sobre su Hijo todos nuestros pecados, hasta “poner a Dios contra Dios”, como dijo el papa Benedicto XVI (cf. Enc. Deus caritas est, 12). En efecto, Dios ama también a sus enemigos (cf. Mt 5,43-48).
El diálogo que Dios quiere entablar con todo hombre, mediante el Misterio pascual de su Hijo, no es como el que se atribuye a los atenienses, los cuales «no se ocupaban en otra cosa que en decir o en oír la última novedad» (Hch 17,21). Este tipo de charlatanería, dictado por una curiosidad vacía y superficial, caracteriza la mundanidad de todos los tiempos, y en nuestros días puede insinuarse también en un uso engañoso de los medios de comunicación.
  1. Una riqueza para compartir, no para acumular sólo para sí mismo
Poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría.
Hoy sigue siendo importante recordar a los hombres y mujeres de buena voluntad que deben compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna, como forma de participación personal en la construcción de un mundo más justo. Compartir con caridad hace al hombre más humano, mientras que acumular conlleva el riesgo de que se embrutezca, ya que se cierra en su propio egoísmo. Podemos y debemos ir incluso más allá, considerando las dimensiones estructurales de la economía. Por este motivo, en la Cuaresma de 2020, del 26 al 28 de marzo, he convocado en Asís a los jóvenes economistas, empresarios y change-makers, con el objetivo de contribuir a diseñar una economía más justa e inclusiva que la actual. Como ha repetido muchas veces el magisterio de la Iglesia, la política es una forma eminente de caridad (cf. Pío XI, Discurso a la FUCI, 18 diciembre 1927). También lo será el ocuparse de la economía con este mismo espíritu evangélico, que es el espíritu de las Bienaventuranzas.
Invoco la intercesión de la Bienaventurada Virgen María sobre la próxima Cuaresma, para que escuchemos el llamado a dejarnos reconciliar con Dios, fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y nos convirtamos a un diálogo abierto y sincero con el Señor. De este modo podremos ser lo que Cristo dice de sus discípulos: sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-14).
FRANCISCO
Roma, junto a San Juan de Letrán, 7 de octubre de 2019
Memoria de Nuestra Señora, la Virgen del Rosario

© Librería Editorial Vaticana

Larissa I. López, zenit



jueves, 17 de mayo de 2018

Vigilia Internacional de la Juventud Mariana: “¡No os dejéis reducir al silencio!”

El Papa envió un mensaje de video a los participantes de la vigilia internacional de la Juventud Mariana que tuvo lugar este sábado, 12 de mayo del 2018, a las 17 horas en el nuevo Santuario de San Gabriel de la Virgen de los Dolores (Teramo, Italia).  La vigilia es un hito en el camino de preparación para la próxima asamblea del sínodo de obispos para la juventud. Fue organizada conjuntamente en unión video con las diócesis de Panamá (Panamá), sede de la JMJ 2019 Mundial, Novosibirsk (Rusia), Waterford (Irlanda), Tainan City (Taiwán).




Mensaje del Papa Francisco
Queridos amigos,
Me complace participar en la vigilia internacional de la Juventud Mariana en preparación para la próxima asamblea del sínodo de los obispos, organizada en el nuevo Santuario de San Gabriel de la Virgen de los Dolores. Es verdad que estoy físicamente lejos de vosotros, pero gracias a las modernas tecnologías de comunicación, tenemos la posibilidad de cancelar distancias. De hecho, nosotros los cristianos siempre hemos sabido que la única fe y la oración, en armonía, unen a los creyentes de todo el mundo: ¡podemos decir que incluso sin saberlo, fuimos los precursores de la revolución digital!
Saludo a vuestro pastor, el obispo Lorenzo Leuzzi, que desde el comienzo de su ministerio entre vosotros, está implicado en la ruta sinodal, y el cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, que celebró la misa para vosotros.
Ahora me gustaría confiaros algunos pensamientos que son particularmente queridos para mi corazón.
El primer pensamiento es para María, Es hermoso que los jóvenes recen el rosario, mostrando así su afecto por la Virgen. Además, su mensaje es hoy más actual que nunca. Y es porque es una joven entre los jóvenes, una “mujer de nuestros días”, como le gustaba decir a Don Tonino Bello.
Ella era joven, tal vez solo una adolescente, cuando el Ángel le habló, alterando sus pequeños proyectos para hacerle participar en el gran proyecto de Dios en Jesucristo. Ella permaneció joven incluso después, cuando, a pesar del paso de los años, se convirtió en discípula de su Hijo con el entusiasmo de los jóvenes, y lo siguió hasta la cruz con el coraje que solo los jóvenes poseen. Ella permanece joven para siempre, incluso ahora cuando la contemplamos en su Asunción al Cielo, porque la santidad es eternamente joven, y es el verdadero “elixir de la juventud” que tanto necesitamos. Es la juventud renovada que la Resurrección del Señor nos ha traído.
San Gabriel de la Virgen de los Dolores, patrón de los estudiantes, lo había entendido bien, un joven santo, enamorado de María. Él, que había perdido a su madre cuando era niño, sabía que tenía dos madres que lo cuidaban en el cielo. Y así, entendemos su gran amor por la oración del rosario y su tierna devoción a la Virgen, a quien quiso asociar para siempre con su nombre cuando, con solo dieciocho años, se consagró a Dios en el familia religiosa de los Pasionistas, convirtiéndose en Gabriel de la Virgen de los  Dolores [Gabriele dell’Addolorata].

Como recientemente reiteré en la Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate, “la santidad es el rostro más bello de la Iglesia” (n. 9) y la transforma en una comunidad “amistosa” (véase el n. ° 93). Si San Ambrosio estaba convencido de que “todas las edades están maduras para la santidad” (De virginitate, 40), sin duda lo está también la edad juvenil. ¡No tengáis entonces  miedo de ser santos, mirando a María, a San Gabriel y a todos los santos que os han precedido y os  muestran el camino!
El primer pensamiento es para María. El segundo pensamiento es para los jóvenes conectados con vosotros  en diferentes partes del mundo para participar en esta vigilia. Saludo con afecto a los jóvenes de Panamá, reunidos en el Santuario Internacional del Corazón de María con el obispo Mons. Domingo Ulloa Mendieta, con quienes me encontraré el próximo año con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud,  a los jóvenes de la Federación Rusa, reunidos en la catedral de la Transfiguración en Novosibirsk, con su obispo Mons. Joseph Werth y el Delegado de la Juventud de toda Rusia, Mons. Clemens Pickel, a los jóvenes de Irlanda, conectados desde la Glencomeragh House, casa de oración y formación para los jóvenes, junto con el obispo Monseñor Alphonsus Cullinan, y finalmente a los jóvenes de Taiwán, reunidos en Taiwán en la iglesia dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. En estos días, los obispos de Taiwán están en Roma para la visita ad limina. ¡Estarán contentos  de saber que sus jóvenes están rezando y que hoy también ellos están juntos con el Sucesor de Pedro!
Queridos jóvenes, unidos en oración desde lugares tan lejanos, vosotros sois una profecía de paz y reconciliación para toda la humanidad. Nunca me cansaré de repetirlo: ¡No levantéis muros, construid puentes! ¡No levantéis muros, construid puentes! Unid las orillas de los océanos que os separan con el entusiasmo, la determinación y el amor de los que sois capaces. Enseñad a los adultos, cuyos corazones a menudo se han endurecido, a elegir el camino del diálogo y la concordia, para dar a sus hijos y nietos un mundo más hermoso y más digno del hombre.
El tercer y último pensamiento es para el Sínodo cercano. Ya sabéis que la próxima Asamblea del Sínodo de los Obispos estará dedicada a “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, y que toda la Iglesia está desde hace tiempo intensamente comprometida en el camino sinodal.
Cuando encontré a tantos  jóvenes como vosotros con motivo de la reunión pre-sinodal en marzo pasado, advertí contra el peligro de hablar de los jóvenes sin dejar que los jóvenes hablasen,  dejándolos  “a distancia de seguridad”. Los jóvenes no muerden, pueden acercarse y tienen entusiasmo, y vosotros, además del entusiasmo, tenéis la llave del futuro.
Queridos jóvenes, cuando regreséis a  vuestras familias y a vuestras parroquias –a Teramo, a Panamá, a Rusia, a Irlanda, a Taiwán- no dejéis que os callen. Por supuesto, el que habla puede equivocarse y también  los jóvenes a veces se equivocan, son humanos, pecando de imprudencia, por ejemplo. Pero no tengas miedo de equivocaros  y de aprender de vuestros errores, así se va adelante. Si alguien, incluidos vuestros padres, vuestros sacerdotes, vuestros  maestros, intentase cerraros la boca, recordadles  que la Iglesia y el mundo también necesitan a los jóvenes para rejuvenecerse. Y no olvidéis que tenéis a vuestro lado aliados imbatibles: Cristo, el eternamente joven, María  una mujer joven, san Gabriel y todos los santos, que son el secreto de la juventud perenne de la Iglesia.
¡Gracias!
© Traduction de ZENIT, Raquel Anillo