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jueves, 12 de marzo de 2026

Carrie Gress, la filósofa que impulsa el antifeminismo radical entre los jóvenes: «Es peor que el comunismo»

Tras años estudiando la raíz del feminismo, la escritora sostiene que su versión actual no es una desviación, sino una consecuencia directa incompatible con el cristianismo

Conforme aparecen nuevos estudios sobre las raíces del feminismo, el apoyo a sus postulados entre chicas jóvenes disminuye.

Conforme aparecen nuevos estudios sobre las raíces del feminismo, el apoyo a sus postulados entre chicas jóvenes disminuye.Camylla Battani / Unsplash


    Si hace siete años Rosalía era considerada “el icono feminista que surgió de la música”, en las últimas semanas ha desatado la polémica al incluirse en el creciente sector de jóvenes y famosos que se desmarcan del feminismo.

    La tendencia, aunque no es nueva, se amplifica con el paso de los meses, según todos los barómetros.

    Las cifras de un fenómeno en declive

    Según el informe Juventud en España 2024, publicado por el ministerio de Juventud e Infancia, el apoyo al feminismo pasó del 54% en 2029 al 41% en 2023, mientras que las mujeres que se consideraban feministas pasaron del 81 al 67%. 

    También lo constata el barómetro Juventud y Género. Publicado con motivo del 8 de marzo de 2024, Día Internacional de la Mujer, reflejaba un abrupto descenso entre las jóvenes que se identificaban con el movimiento feminista: algo más del 57% de las chicas de entre 15 y 29 años se definían feministas, mientras que dos años antes, el 67,1% se declaraba perteneciente al movimiento.

    En julio de 2025, el Instituto de Ciencias Políticas y Sociales (ICPS) presentaba en Barcelona un informe que no hacía sino corroborar la tendencia en el largo plazo: si en 1993, algo más del 69% de los jóvenes de entre 18 y 24 años estaba de acuerdo con el feminismo, treinta años después lo secundaban solo el 40%

    ¿Feminismo radical o feminismo a secas?

    De entre las muchas causas que pueden explicar dicha corriente de desafección al feminismo, una de ellas es la aparición de mujeres que deciden abordar la historia, concepto y postulados feministas al margen de prejuicios o complejos. Y las conclusiones parecen ser definitivas, dejando de lado incluso los intentos de blanquear un feminismo moderado del que el actual sería una desviación extrema, afirmando que se trata, en su conjunto, de algo nocivo en sí mismo. Y por supuesto, muy lejos de ser un proyecto cristiano.

    Una de las representantes de esta corriente es Carrie Gress, filósofa de especial relevancia en Estados Unidos, que decidió dedicar su divulgación y carrera al estudio del feminismo después de pasar a la fama con la publicación de Teología del hogar -Theology of home-.

    En su afán por comprender los orígenes, esencia y auténticos postulados del feminismo y sus doctrinas adyacentes, Gress ha publicado un extenso catálogo de obras entre los que destacan The End of Woman: How Smashing the Patriarchy Has Destroyed Us -El fin de la mujer: como aplastar el patriarcado nos ha destruido, The anti-Mary exposed, Anti-María al descubierto: Rescatando la cultura de la feminidad tóxica.

    Con motivo de la publicación de la última de ellas, Something Wicked: Why Feminism Can't Be Bused With Christianity (Algo perverso: Por qué el feminismo no puede fusionarse con el cristianismo), Gress ha abordado en National Catholic Register la conclusión de su trayectoria intelectual en torno al feminismo: el actual feminismo no se ha radicalizado o ido más allá de sus raíces, sino que este sería su consecuencia lógica, definiéndolo, según se lee en el título de su último libro, como una doctrina “intrínsecamente perversa”.

    "Más dañino que el comunismo"

    En “Something wicked”, Gress no aboga por una reforma del feminismo hacia una visión más moderada, sino por un análisis que juzgue el feminismo según sus frutos y consecuencias, siguiendo la misma metodología que con otras ideologías. Tras hacerlo, su conclusión es tajante: el feminismo, dice, “ha sido más dañino que el comunismo”. Especialmente porque la gente no se protege, sino que lo asume.

    La filósofa Carrie Gress.

    La filósofa Carrie Gress.Theology of home.

    Es algo especialmente evidente en el plano religioso: como el marxismo, el feminismo se apropia de un vocabulario moral de igualdad y justicia, pero lo reorganiza en torno al conflicto. Ahora, en lugar de la lucha de clases se trata de la lucha de géneros. Una lógica que habría estado presente según Gress desde el feminismo temprano, que se habría configurado en oposición declarada al propio cristianismo. Como se detalla en Something wicked, desde sus mismos orígenes, el feminismo no busco siquiera reformar el cristianismo, sino remplazarlo por un igualitarismo no cristiano.

    El ídolo de la independencia

    En su afán por alertar del feminismo, Gress sostiene que esta ha sido la doctrina responsable “de gran parte de la decadencia del Occidente cristiano durante los dos últimos siglos”.

    Entre otros motivos, no solo habría “decapitado” a la familia, sino también la propia sociedad. “Así como la Revolución decapitó al rey, también separó la autoridad de la Iglesia de la sociedad y del padre como cabeza de familia”, explica la filósofa. Hoy, siguiendo esa lógica, el feminismo no solo coexiste con el aborto, la desintegración familiar o la atomización sexual, sino que los requiere para lograr una autonomía radical.

    “La pregunta clave [para comprender su compatibilidad con el cristianismo] es si la independencia se ha convertido en un ídolo centrado en el yo, o si es una sana autonomía femenina vivida en relación con Dios y al servicio de los demás”.

    La envidia como combustible

    Gress observa igualmente que el feminismo, que prometía liberación emocional, cultiva la ira, el resentimiento y el desprecio. Habla continuamente de sentimientos, pero rara vez del amor como sacrificio. “Por eso tantas mujeres están perdiendo la capacidad de empatía”, argumentó Gress, que advierte de un culto a la autonomía feminista que “en última instancia aísla y agota a las mujeres” y coexiste con un trastorno moral específico: la envidia. Un pecado que, según ella, la cultura moderna —y el discurso feminista en particular— en gran medida no menciona.

    “Eso es lo que realmente impulsa al feminismo. Es la envidia que las mujeres tienen hacia los hombres, hacia la vida que creen que tienen. Esto es lo que nos han vendido”, expresa. Así como la lujuria se ha reconocido desde hace mucho tiempo como un pecado recurrente para los hombres, agregó, la envidia se ha convertido en el combustible emocional del feminismo. En su opinión, el feminismo se alimenta de una comparación constante que convence a las mujeres de que la plenitud reside en adquirir lo que se percibe que los hombres tienen: autoridad, libertad, estatus y menos restricciones.

    Isabel la Católica y las mujeres santas como contrapunto

    Aunque Gress desvincula de raíz cristianismo y feminismo, observa que el feminismo solo podría surgir de una cultura cristiana, apropiándose de conceptos previamente existentes como la igual dignidad de la mujer, la preocupación por la víctima o la compasión por el sufrimiento.

    Aspectos, dice, que bajo el feminismo “se separan de su fuente cristiana y se vuelven contra ella”. Y si esto sucede, es por lo que Gress llama “una amnesia histórica”.

    Mientras el feminismo se presenta a sí mismo como una respuesta necesaria a siglos de invisibilidad femenina, la historia cristiana cuenta una historia muy distinta. "No se levantan ejércitos como lo hizo la muy católica reina Isabel de España si se está esclavizada por la propia fe", observó Gress, al tiempo que enumeraba los logros de las mujeres católicas, como las mujeres medievales que fundaron abadías, educaron a naciones, aconsejaron a reyes, financiaron la cultura y, en algunos casos, incluso encabezaron ejércitos.

    Una advertencia contra el efecto péndulo y la reacción

    Si el feminismo es una falsa solución, afirmó Gress, su reflejo reaccionario también lo es. Critica ciertos contramovimientos contemporáneos, en particular dentro de la llamada "manosfera" estadounidense, que respondieron al feminismo oscilando hacia el extremo opuesto. “Es el efecto péndulo”, dice sobre los hombres que responden al desprecio con desprecio. “En estos círculos, la feminidad a menudo se reduce a un rol estrecho e idealizado que no es más cristiano que la ideología a la que dice resistir”.

    Para Gress, este impasse revela que tanto el feminismo como sus reacciones siguen atrapados en las mismas lógicas de poder, autonomía radical y resentimiento.

    El cristianismo, concluyó, ofrece un horizonte diferente: uno centrado en la vocación, no en la ideología. Guiados por un enfoque cristiano de la vocación, las parejas disciernen juntas, con el tiempo y según las circunstancias, cómo Dios los llama a vivir y servir.

    J.M.C., ReL

    Vea también   Mujer, feliz de ser mujer




    viernes, 2 de junio de 2023

    4 ideas madre para apostar por la feminidad sin ideología de género

    shutterstock_2309056221.jpg        

    La mujer dispone de unas capacidades que la hacen esencial
    para la construcción de la sociedad.


    La terapeuta Orfa Astorga expone los puntos sobre los que toda mujer puede apoyar un feminismo bien entendido

    La joven señora que consultaba sobre sus problemas de autoridad con su hija adolescente a la que habían reportado de la escuela por vestir con cierto desparpajo y poca feminidad, en la primera entrevista hizo una convencida disertación acerca de la ideología de género como avance del pensamiento moderno.

    La escuché con atención y respeto, y sin confrontar sus argumentos, me decidí por hablar acerca del valor de la feminidad, en términos que ella pudiera identificar desde el plano de su propia vida, con la intención de sustraerla del claro egocentrismo de su posicionamiento.

    La premisa a partir fue que el sexo no es solo cuestión de biología, sino una dimensión que abarca a todo el ser personal, en lo corpóreo, psíquico y espiritual.

    Estas verdades fueron:

    1LA MUJER TIENE ANTE TODO EL DON DE AMAR Y DARSE A LOS DEMÁS

    La mujer conserva la profunda intuición de que lo mejor de su vida está hecho de actividades orientadas al despertar de otro, a su crecimiento y protección.

    Para ello, la naturaleza la dotó de un conocimiento intuitivo que brota de su profunda intimidad, que es superior al conocimiento racional.

    Es por eso que su inteligencia y voluntad se ponen al servicio de su espíritu para, a diferencia del varón, ser más sensible, servicial, compasiva, generosa y abnegada al momento de las obras del amor.

    Eso explica que, aun cuando se desempeñe con capacidad en todos los campos de las actividades humanas, suele destacar en profesiones como psicóloga, pedagoga, enfermera, coordinadora de actividades de grupos, orientadora familiar, acompañamiento en el dolor y pérdida, etc., etc.

    Es así porque su capacidad de dar y acoger al prójimo es siempre un bálsamo al servir con delicadeza.

    2LA BELLEZA EN LA MUJER.

    Su verdadera belleza es la de conservar un espíritu que crece siempre en el amor a los demás, al personalizar los más nobles sentimientos. Solo ella con una sonrisa comprensiva es capaz de reunir y convocar al trato íntimo y confiado para descansar en su fortaleza interior.

    El pudor, la modestia y el vestir con propiedad son su verdadera elegancia y perfume natural.

    3LA MADUREZ EN LA MUJER.

    Su capacidad de dar vida estructura profundamente su personalidad, madurando más pronto que el varón. Muy jovencita adquiere el sentido de la gravedad de la vida y se responsabiliza de ella a través de una visión concreta de las realidades, sustrayéndose a ensoñaciones inútiles y hasta peligrosas.

    Por ello, puede ser roca firme en las situaciones más desesperadas, promoviendo la vida en medio de las adversidades, sin perder nunca un tenaz sentido del futuro. Lo hace conservando la sensibilidad de las lágrimas y el recuerdo del precio de cada vida humana.

    Su mayor felicidad es que a quienes ama, se dejen amar por ella.

    4LA PRESENCIA DE LA MUJER EN LA FAMILIA Y LA SOCIEDAD.

    Las mujeres están presentes con firmeza en la familia y desde ahí plasman las enseñanzas fundamentales que se trasmiten a la sociedad. Enseñanzas que promueven la verdadera confianza entre las personas, un sentimiento que cohesiona más que las leyes y normas de un marco jurídico.

    La mujer da un rostro humano a la sociedad.

    Por eso, la sociedad que corrompe a la mujer atenta contra su mayor tesoro, pues se constituye entonces en una sociedad que sufre de múltiples violencias.

    Y la corrompe, sobre todo, desnaturalizando su ser.

    En cuanto a mi paciente, acudió a algunas sesiones en las que, finalmente, sintiéndose personalmente implicada en cuanto mujer, reconsideró sus convicciones acerca de la sexualidad humana, lo que seguramente influirá en su vida y le hará mucho bien.


    Vea también     Carta de San Juan Pablo II a las mujeres


















    miércoles, 13 de julio de 2022

    Una doctorada en género desmonta el feminismo en cuatro pasos: «Hay que cortar estas imposiciones»


    La profesora de la universidad Abat Oliba CEU, Teresa Pueyo, refuta algunos mitos fundacionales del feminismo y alerta de sus próximas perspectivas.

     

    Sexo por doquier, compromiso militante; excesos; siglos de lucha; todos, todas y todes; miembros y miembras… son solo algunas de las imágenes que invaden los pensamientos del que evoca una ideología: el feminismo. Sin embargo, hay un planteamiento que gran parte del mundo comparte, y es que esta doctrina surgió para defender a la mujer y que, en todo caso, su deriva actual es un exceso que no representa al auténtico feminismo. Pero, ¿y si todo fuese mentira?

    Es, al menos en parte, una de las tesis principales de la doctora María Teresa Pueyo. Ella es madre de familia y profesora de la Universidad Abat Oliba CEU de Antropología,  Sociología y Doctrina Social de la Iglesia. En relación a su tesis El contractualismo en la génesis de la teoría de género: El poder como constructor de la realidad, Pueyo ha impartido una conferencia en el canal de la Milicia San Luis IX, donde ha repasado la trayectoria del feminismo desde sus orígenes hasta la actualidad.

    En su intervención, Pueyo no solo refutó algunos de los grandes mitos del feminismo, sino que también alertó a la sociedad de cómo las premisas de cambio y "revolución" surgidas de esta doctrina podrían llevar, en última instancia, a la desaparición de lo propiamente humano, siendo el claro antecedente de lo que ella llama posthumanismo.

    Destacamos cuatro de los aspectos más relevantes mencionados por la doctora Pueyo para "combatir el feminismo":

    1º La mujer, "producto intermedio entre el macho y el castrado"  

    Uno de los aspectos más llamativos de la ponencia fue la afirmación de que el feminismo no solo no defiende a la mujer, sino que de hecho la infravalora. Al menos, según grandes exponentes feministas. Es el caso de Simone de Beauvoir, a quien cita para argumentar como, según el feminismo, "la mujer no ha aportado nada en la historia".

    En este sentido -expone- Beauvoir "no pide que se reconozca el valor del trabajo de la mujer, sino que cree que este no tiene valor. Beauvoir dice -en El Segundo Sexo- que la mujer es un `producto intermedio entre el macho y el castrado´, que no es verdaderamente humana".

    Y podría pensarse: ¿por qué dice esto sobre la mujer una de las mayores exponentes feministas? Pueyo encuentra el motivo en que, "como materialista, para Beauvoir solo tiene valor aquello que es material que participa del mercado. Una de las cosas propias del varón ha sido el trabajo fuera del hogar a cambio de un salario y para ella es lo que tiene verdaderamente valor. Mientras que cuando juzga la labor de las mujeres en la historia, -principalmente el cuidado del hogar y la familia sin recibir un salario-, lo mira y dice que [las mujeres] no han aportado nada".

    Lo llamativo, añade Pueyo, es que Beauvoir no pide "que se reconozca el valor" de ese trabajo -pues en sí no lo tendría- sino "sacar a la mujer del hogar para que pueda trabajar, generar un beneficio y ser verdaderamente humana como los varones".

    Teresa Pueyo.

    Teresa Pueyo, durante su ponencia en torno a la ideología de género, llamó a tener esperanza en la naturaleza creada por Dios ante el feminismo y alentó a combatir esta ideología "por nosotros y por nuestros hijos". 

    2º El sufragismo no es feminismo

    Suffragette, dirigida por Sarah Gavron en 2015, es una de las producciones que más ha contribuido a extender el mito de que el feminismo, tal y como es presentado en nuestros días, encuentra sus orígenes en el movimiento sufragista -para la obtención del derecho al voto femenino- de principios del siglo XX.

    Un mito que, para Pueyo, es del todo falso.

    "El sufragismo empieza con una reunión de 12 mujeres en Seneca Falls (Nueva York), donde se reúnen y hacen un manifiesto, la Declaración de Sentimientos [que dice]: "La mujer está siendo obligada a vivir en una posición que es contraria a la que Dios creo en la naturaleza", dice el manifiesto.

    "Ellas reclaman que se restaure la dignidad de la mujer por la naturaleza que Dios le ha dado. Esto no tiene nada que ver con el feminismo existencialista que dice que es todo construido y que Dios no existe. Si esta la idea de restaurar algo que es bueno objetivamente. Cuando uno ve la vida de las sufragistas, eran mujeres de familia en cuyas cabezas no habría cabido el aborto", menciona Pueyo.

    Recurre a las palabras de una referente sufragista para probarlo, Alice Paul, la fundadora del Partido Nacional de las Mujeres, que negoció en el congreso de Estados Unidos la aprobación de la decimonovena enmienda que dio el voto a las mujeres: `El aborto es la mayor violencia contra la mujer, es violarte en las entrañas´".

    "Ambas corrientes tienen en común que hablan de la mujer y de derechos, pero el fundamento antropológico es completamente diferente. Además, las mujeres no votaban pero los hombres tampoco. Es el caso de los negros o los pobres. El sufragismo es una cuestión de sufragio universal, no de feminismo. El feminismo se apropia de este movimiento porque le aporta una enorme legitimidad", explica.

    3º La gran paradoja: el feminismo ha matado a la mujer

    La doctora Pueyo se detiene especialmente en lo que considera "la gran paradoja" del feminismo y a raíz de una de las mayores representantes vivas del feminismo, Judith Butler (1956).

    Butler, explica, "es tan lista que lleva a sus últimas consecuencias lo que han hecho feministas anteriores" y cae en que "si ser mujer es la imposición de la voluntad del patriarcado, la expresión de su deseo, es lo mismo que decir que nadie lo es, que ser mujer es solo una idea, una construcción, pero que no existe".

    "La gran paradoja del movimiento feminista, de la que se da cuenta Butler, es que el movimiento que nominalmente se refiere a la defensa de lo femenino tiene un profundo resentimiento de la mujer y, al decir que la feminidad es una construcción, el feminismo ha acabado negando que exista la mujer. Ha acabado matando a la mujer como concepto", expone.

    De hecho, añade Pueyo, "si la mujer es una construcción del patriarcado", Butler llegaría a considerar que "defendiendo a la mujer estaríamos consolidando el patriarcado. Si el feminismo es verdadero entonces no hay mujer" y, en este caso, "el feminismo no tiene razón de ser", sentencia.

    4º "El feminismo será de clase o no será"… ¿o sí?

    Al contemplar el feminismo en España, el de carácter "liberal" brilla por su ausencia y casi en su totalidad se adscribe al espectro de la izquierda política, siendo el paradigma la consigna de que "el feminismo será de clase o no será".

    Sin embargo, la doctora Pueyo considera que lejos de esta apariencia de un feminismo revolucionario, este vive y necesita del sistema capitalista para sobrevivir. De hecho, "participar del mercado" es lo que, según Pueyo, necesita y desea el feminismo para lograr la plenitud.

    Lo argumenta explicando como en la mujer, por ejemplo, "la crianza" de los hijos ha sido "externalizada" a través de guarderías para que esta pueda trabajar como un hombre. Algo que le da que pensar a la doctora que "por el mismo motivo se externaliza la gestación", lo que se puede ver con los vientres de alquiler -apoyado por muchas feministas- y que "sucederá con los artificiales".

    "Es el negocio perfecto porque así la madre de origen sigue trabajando como un hombre y la madre gestante cobra por ello, con lo cual todo el mundo trabaja y participa del mercado, que es lo que Simone de Beauvoir decía que era `la plenitud de la humanidad´".

    Hacia el fin de lo humano

    A lo largo de su ponencia, que puedes ver aquí, Pueyo menciona otros interesantes aspectos y lo que a su juicio es la preocupante consecuencia última del feminismo, como es la destrucción de lo propiamente humano: "Quiere construir una nueva humanidad mediante la técnica sin más compás ético que la voluntad. Y como el deseo no tiene límite, a donde lleva el [feminismo de] género es a un mundo posthumano, en el que el cuerpo será transformado hasta el infinito a conveniencia del deseo", denuncia. 

    Es por ello que considera la teoría de género como el tablero en el que "está en juego todo lo humano", y las perspectivas no son alentadoras.

    El caos sexual, ¿muestra de esperanza?: una llamada al combate

    ¿Hay esperanza? Para Pueyo, dos rasgos muestran que sí.

    Uno parte de la propia sociedad, pero debe ser movilizada.  "Al principio estas libertades son algo marginal que se reclaman para uno mismo, para un colectivo, pero que luego adquieren un gran poder cultural, se conquista el poder y se convierten en imposiciones. Esto es lo preocupante", explica.

    Por eso, el feminismo "es un tema fundamental que tenemos que combatir, por nosotros y por nuestros hijos". "Hay que cortar desde ya en estas imposiciones del poder, hay que combatirlas ya, porque solo irán a más y a peor", afirma.

    Y concluye: "La naturaleza humana existe. Consiste en ser amado y no se puede renunciar a ello. Dios nos ha hecho por amor y para amar. Cuando el individuo se absolutiza, aunque se le niegue, Dios sigue existiendo, por eso el hombre aunque no crea, nunca dejara de buscar el amor ni de ser amado. Esta hipersexualización, al negar la naturaleza, la esta afirmando. No es más que la búsqueda desesperada de sentido".  

    Puedes ver aquí la conferencia completa de la doctora Teresa Pueyo Torquero.

    José María Carrera,ReL

    Vea también     Acerca de la ideología postfeminista de género 






















    viernes, 26 de febrero de 2021

    Frente al feminismo eclesial, la «vocación de lo femenino»: contundente respuesta de unas católicas

     Su manifiesto denuncia la «crisis antropológica» de la complementariedad hombre-mujer


    El feminismo es una ideología que goza en estos momentos de un poder enorme en el ámbito político, social y cultural. Como un rodillo, todo aquel que no se pliega al pensamiento feminista corre el riesgo de ser aplastado en el ámbito público. Sus tentáculos también se extiendan al catolicismo, que sufre los envites desde fuera, y también en su interior, de una ideología que pretende destruir los cimientos en los que se sustenta la Iglesia Católica.

    En Alemania justamente estos días un grupo feminista que se denomina católico y se llama Maria 2.0 ha imitado a Lutero y ha clavado siete tesis en las puertas de catedrales y templos alemanes.

    Aunque Lutero nunca clavó sus tesis estas feministas reclaman una iglesia con justicia de género en la que todos tengan accesos a todos los cargos y donde además se existe una actitud que acoja la sexualidad autodeterminada y la abolición del celibato obligatorio.

    Las feministas

    Las feministas "católicas" alemanas han 'clavado' sus tesis radicales en iglesias y catedrales

    Esta actitud tan acorde a la ideología que se va imponiendo contrasta, sin embargo, con un grupo de católicas francesas que han creado un manifiesto sobre “la vocación de lo femenino” y que hace una defensa completamente opuesta de la mujer que la realizada por feministas tanto eclesiales como extraeclesiales.

    Más de 500 mujeres se han adherido ya a este manifiesto. Amas de casa, ingenieras, profesoras, estudiantes… Mujeres de todo tipo y condición que creen que “la obstinación por el matrimonio de los sacerdotes o el sacerdocio de la mujer son, para nosotras, síntomas de una grave crisis litúrgica enraizada en una crisis antropológica aún más profunda sobre la complementariedad de hombre y mujer”.

    De este modo, estas mujeres católicas recuerdan que en “un momento en el que nos damos cuenta del peligro del clericalismo, paradójicamente olvidamos que las mujeres están excluidas de manera divina de la jerarquía eclesial por el bien de toda la Iglesia”.

    Una "caricatura empobrecida"

    En su opinión, “nunca hasta hoy la vocación de la mujer se había representado como una caricatura tan empobrecida”.

    Además citan el Antiguo Testamento, como Dios utiliza para liberar a su pueblo a mujeres como Judit o Ester. Pero sobre recuerdan la Encarnación, donde “Dios nos da a su propio Hijo a través de la Virgen María” y en “ella el Amor de Dios encuentra su morada irrevocable”.

    Por ello, en el manifiesto recalcan que ya sea uno “hombre o mujer tenemos una deuda con este sí femenino. Como resultado de esta respuesta, las mujeres en el cristianismo tienen su propia libertad de expresión y acción. Es justo recordar algunas figuras ilustres como Catalina de Siena o Juana de Arco, pero también reconocer las discretas intervenciones de las mujeres incluso en nuestra vida personal”.

    Santa Catalina de Siena ha desempeñado un papel fundamental en la historia de la Iglesia

    Santa Catalina de Siena ha desempeñado un papel fundamental en la historia de la Iglesia

    Por otro lado, señalan que la mujer es también educadora. “Queremos que nuestros hijos encuentren hitos claros en sus vocaciones como hombres y mujeres. No se debe alentar a las niñas a participar en un clima de lucha y demandas. Se les debe animar a desarrollar y dar cuenta de sus propios talentos y carismas. Deben recibir el hecho de ser mujer, por lo que significa: ¡una gracia notable!”, aseguran.

    La complementariedad entre el hombre y la mujer

    Pero además “en cuanto a los niños, -agrega el manifiesto- deben ser educados en el temor de Dios, en la entrega desinteresada de sí mismos, en el respeto y la admiración del cuerpo humano femenino y masculino. Hoy, para el desarrollo de la personalidad, estamos redescubriendo la necesidad de espacios de expresión propios de cada uno. Los niños y niñas también deben percibir el valor incondicional de la feminidad y la maternidad, encomendada a la paternidad y la masculinidad”.

    El espíritu de este manifiesto es que las firmantes tienen claro que como “mujeres católicas, conscientes de nuestro privilegio mariano, elegimos poner nuestras energías y talentos al servicio de la complementariedad efectiva del hombre y la mujer”.

    Y esto es así porque están convencidas de que su “vocación específica no es un espejo de la del hombre y no necesita ser ennoblecida por el servicio del altar”. En este sentido, creen que “así como un hombre tiene una deuda con la maternidad espiritual, expresamos nuestra gratitud por el servicio masculino al altar”.

    “Somos conscientes de que nuestros pastores, para ser fieles a la llamada evangélica ya la tradición bíblica y eclesial, tienen que sufrir presiones y que aún tendrán mucho que sufrir. Les aseguramos nuestra oración y nuestro cariño fraterno para que su celibato ofrecido y unido al Único Sacrificio sea siempre fecundo”, concluye el manifiesto de estas mujeres católicas.

    Javier Lozano / ReL


    Vea también     La mujer cristiana, constructora de un "nuevo feminismo"



    sábado, 7 de marzo de 2020

    Cinco mujeres contrastan 5 dogmas feministas con 5 principios que son verdad y hacen más feliz


    En su radicalización y creciente agresividad, el feminismo ha asumido como lema una acusación generalizada a todos los hombres por el hecho de serlo: «El violador eres tú». Prácticamente nadie dentro del movimiento se ha atrevido a discrepar.
    En su radicalización y creciente agresividad, el feminismo ha asumido como lema
    una acusación generalizada a todos los hombres por el hecho de serlo:
    «El violador eres tú». Prácticamente nadie dentro del movimiento se ha atrevido a discrepar.

    l mensual católico italiano de apologética Il Timone consagra un cuadernillo especial de su número de marzo a contrarrestar la ideología feminista dominante. Para ello da voz a mujeres relevantes del ámbito periodístico, cultural y político que no la comparten.
    En particular, cinco colaboradoras habituales de sus páginas abordan sendos apriorismos que definen la mentalidad ambiente y los contraponen a ideas que, inspiradas en la naturaleza humana y en la realidad del amor humano y divino, consideran liberadoras y más apropiadas para alcanzar una existencia racionalmente feliz que el agresivo radicalismo feminista.
    "Somos iguales a los hombres" vs "Somos complementarios"
    Caterina Giojelli.
    El axioma "la revolución devora a sus hijos" es ya un clásico. Dos ejemplos paradigmáticos son la Revolución Francesa con el ajusticiamiento de Robespierre en la guillotina y la Revolución Bolchevique con el apiolamiento de Trotsky (o incluso, como sostenía Ángel Maestro, experto en la historia y el pensamiento comunistas, con el asesinato de Lenin a manos de Stalin).
    Caterina Giojelli trae a colación dicho axioma tras leer en The New York Times un artículo de Stephanie Coontz publicado la víspera de San Valentín que explica "cómo hacer tu matrimonio más gay". La base es la supuesta mayor felicidad de las parejas del mismo sexo sobre el matrimonio, porque aquéllas reparten mejor las tareas del hogar y porque 'sus' hijos son "verdaderamente queridos" porque no hay "embarazos no deseados". A eso ha conducido el feminismo: al machismo extremo de tomar como modelo para las mujeres una relación entre hombres, y además entre hombres que no se sienten atraídos por ellas.
    Las "liturgias de la emancipación", señala Giojelli, han llevado a la mayor parte de las feministas -no a todas- a pasar del "mi útero es mío" a ser cómplices de los hombres que se los alquilan para obtener, mediante maternidad subrogada, lo que la naturaleza no puede darles.
    Porque "a eso llega la trampa", subraya, "a la homologación, a la uniformización, a la asimilación de las diferencias, para que colapse el corazón de la sociedad, que es la necesaria complementariedad entre esos dos elementos tan distintos llamados hombre y mujer. Los únicos que, unidos, pueden engendrar".
    "Hombre y mujer los creó Dios", añade Caterina, "definidos, limitados": "Y precisamente por ser limitados se ven constantemente impulsados hacia fuera de sí mismos, obligados a pensar más allá de sí mismos, a reconocer como tal a otro ser inaccesible, esencialmente similar, deseable y sin embargo nunca comprensible del todo".
    Frente a "la impostura feminista de la igualdad" se alza la "evidencia de la complementariedad" capaz de concebir "desde la exterioridad" un nuevo ser para ser recibido "en el espacio de la interioridad", la familia. Un lugar "lleno de platos y de problemas conyugales, y sin embargo un lugar concreto para la ética y el destino del mundo".
    "Quiero ser independiente" vs "El límite es liberador"
    Benedetta Frigerio.
    "Cuando era soltera podía hacer todo lo que quería", se ha dicho alguna vez toda mujer con marido e hijos, confiesa Benedetta Frigerio. Tan comprensible expansión en momentos de agobio doméstico, elevada a dogma por "los predicadores de la independencia femenina" y por "los paladines de su emancipación", priva a la mujer de la conciencia liberadora de sus propias limitaciones.
    ¿Liberador, reconocer límites? Sí, porque, por un lado, valora justamente lo que supone "contar para el resto de tu vida con alguien que ha elegido estar para siempre a tu lado", incluso cuando la edad te pase factura. Además, "desde el punto de vista económico, de la salud, de las decisiones cotidianas, contar con alguien es liberador", como lo es también "compartir las angustias".
    Pero además, Benedetta añade una reflexión interesante. "Contrariamente al dogma feminista, el matrimonio salva a la mujer" de considerarse "la gran cruzada del universo, con una perpetua (y orgullosa) mala conciencia por no haber conseguido resolver ella sola todos los problemas": "Puede parecer paradójico, pero la mujer solo empieza a descansar realmente (al menos mentalmente) cuando se delimita el territorio en el que está llamada a actuar", cuando el hogar la libera, "circunscribiendo su campo de acción", del "pesado lastre de la heroína que quiere ser". 
    Se pasa así de la "gratificación de sentirse perfecta" y de las angustias de intentar serlo o parecerlo, a la "capacidad de dejarse amar en el detalle". Y también con ese sentido del límite, "las mujeres se ven conducidas a recordar su necesidad de Dios, dejando entrar a lo infinito en lo finito y dando así un respiro vital a su matrimonio, a sus hijos y a sus relaciones".
    "Puedo tener un hijo cuando y como quiera" vs "Los hijos son un don"
    Giulia Tanel.
     Fue en los años 70, recuerda Giulia Tanel, cuando se popularizaron lemas como Queremos decidir cuándo ser madres o La maternidad es una decisión libre, no una imposición. Pero la "autodeterminación" no era "sobre el propio cuerpo", sino sobre aquello que "la neolengua" (ese concepto acuñado por George Orwell en su novela 1984 para definir la expresión suma del totalitarismo, que es la imposición del pensamiento a través del lenguaje) empezó a denominar "producto de la concepción" como excusa para eliminarlo sin remordimientos.
    El tiempo ha pasado y lo primero que se hizo "patrimonio común" fue la idea de que "traer un hijo al mundo es o debe ser una decisión que responde a una serie precisa de parámetros", so pena de aborto. Tanto ha calado esta "mentalidad de tipo 'anticonceptivo'" según la cual "un hijo debe ser planificado, programado", sostiene Giulia, que ahora, a quien decide introducirse en el camino de ser padre, no se le puede poner cortapisa alguna. En consecuencia, "los hijos se convierten en 'un derecho' y son concebidos como 'objetos' que se pueden fabricar a voluntad y con las características deseadas", ya sea mediante fecundación artificial, comprando esperma u óvulos o alquilando un vientre ajeno.
    Pero "no todas las mujeres comparten estas ideas", recuerda Tanel a quienes, en estas fechas, pretenden hablar en nombre de todas. Para ellas (y para quienes tienen hijos con ellas), "un hijo, en su unicidad y especificidad, es un don", no un derecho, y por tanto consideran que "acoger una nueva vida implica morir a sí mismo y a los propios proyectos, asumiendo la capacidad de hacerse don, esto es, de aceptar lo imprevisible que surge de la relación", ya sea "verticalmente" (en cuanto recibido de Dios), ya sea "horizontalmente".
    "La libertad de la mujer", concluye, "no puede disociarse de su personal y concreto fiat", su propio "hágase Tu voluntad" que tiene su modelo en la Virgen María.
    "Queremos hacer carrera" vs "Queremos tiempo para la familia"
    Costanza Signorelli.
    Basta asomarse a una guardería a las cuatro de la tarde "para darse cuenta de que pasar la tarde con sus hijos es un privilegio del que disfrutan hoy poquísimas mujeres". No se trata de buscar 'culpables', dice Costanza Signorelli, ya se acuse al sistema económico o al deseo de promoción profesional, porque en cualquier caso ese debate "le hace el juego" al "prejuicio feminista que ha dividido a las mujeres entre casa (e iglesia) por una parte y trabajo (y éxito) por otro".
    La "ideología sesentayochista", añade, "ha dividido a la mujer en sí misma, hasta su raíz más profunda, empobreciéndola en el plano humano aún más que en el social" al contraponer ambos ámbitos de su desarrollo personal. Por eso Costanza considera que "defender a las mujeres que eligen ocuparse de su familia... es la cosa más feminista que puede hacerse", y aboga por "reencontrar una profunda unidad de vida, hacia dentro y hacia fuera".
    Para ello propone una maestra "que consiguió ser madre siendo monja..., misionera viviendo en clausura... y maestra de modernidad profundizando en la tradición": Santa Teresita del Niño Jesús, quien murió con 24 años y ha sido proclamada doctora de la Iglesia. Porque, "¡cuánto bien haría hoy a todas las mujeres descubrir que la principal y auténtica maternidad es la espiritual!". 
    De ahí que -concluye Signorelli- la cuestión no sea "estar en la cima o en las calles más humildes, trabajar o quedarse en casa, ni siquiera tener más o menos hijos", porque nada de eso "llena plenamente el corazón de la mujer". La cuestión es que, "dentro de cada circunstancia particular que le haya tocado vivir, la mujer diga 'sí' al Amor que la reclama".
    "La Iglesia es machista" vs "El cristianismo valoró de verdad a la mujer"
    Luisella Scrosati.
    La propaganda feminista, lamenta Luisella Scrosati, ha conseguido convencer a sus seguidoras de que la Iglesia "impide a las mujeres realizarse" y las considera "una máquina productora de hijos sustancialmente inferior al varón".
    Pero la doctora Scrosati, profesora de propedéutica e historia de la Filosofía, recuerda cuál era la situación de la mujer en el mundo romano o helénico en el momento en el que nació Jesucristo: "No se pedía el consentimiento de una joven antes de darla en matrimonio... En ocasiones el matrimonio se consumaba en su edad preadolescente... El repudio solo podía hacerlo el marido, mientras que para que lo hiciese la esposa tenía que intervenir su padre o un pariente varón, que también podían imponérselo a ella sin su consentimiento... El marido tenía derecho a obligar a la mujer a abortar... o incluso matar a un recién nacido no deseado (con mayor frecuencia si era niña)... El adulterio femenino estaba castigado seriamente, el masculino era algo normal. El marido podía mantener relaciones sexuales con las esclavas o esclavos de su casa, porque la esposa era para garantizar la descendencia y los demás para el placer. No entraba en el horizonte de una mujer la decisión de permanecer virgen".
    Y entonces nació, vivió y murió Jesucristo, y dejó un mensaje para que su Iglesia custodiase y pusiese en práctica. Luisella recoge sus palabras contra el repudio y el divorcio, la simetría en el matrimonio establecida por San Pablo o el rechazo de San Justino Mártir a discriminar en la vida de un neonato.
    "El problema hoy", lamenta, "es que el adulterio, el divorcio y el aborto se entienden como derechos, se practica el infanticidio con los niños no considerados normales, avanzan la pedofilia y la efebofilia mediante la sexualización precoz de los niños...". Y ante todo ello, "las feministas, ¿dónde están?"
    Scrosati no responde la pregunta con la que cierra el artículo, pero la respuesta será fácil de encontrar escudriñando los objetivos de las manifestaciones del 8-M.
    Carmelo López-Arias / ReL

    Vea también La mujer cristiana constructora del "nuevo feminismo"