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sábado, 7 de septiembre de 2024

El Papa llega a Papúa: así le recibieron las autoridades y una «fecunda» y «valiente» Iglesia local

 

"Los misioneros llegaron a este país a mediados del siglo XIX y
los primeros pasos de su labor no fueron fáciles; de hecho,
algunos intentos fracasaron. A pesar de eso no se rindieron", dijo el Papa.




Francisco celebró en la tarde de este sábado siete de septiembre un encuentro en Papúa Nueva Guinea con los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y catequistas del país, en el Santuario María Auxiliadora, en Port Moresby.

Hablando sobre el santuario, Francisco recordó que en cuando 1844, la Virgen inspiró a don Bosco la construcción de una iglesia en su honor, en Turín, le hizo esta promesa: "Aquí está mi casa, desde aquí saldrá mi gloria". "La Virgen le prometió que, si tenía el arrojo de empezar a construir aquel santuario, le sobrevendrían gracias abundantes. Y así sucedió: la iglesia se construyó —y es estupenda— y se ha convertido en un centro de irradiación del Evangelio, de formación de los jóvenes y de caridad; un punto de referencia para muchas personas".

La historia del santuario, dijo, puede ser un símbolo si se habla de tres aspectos del camino cristiano y misionero, siguiendo la línea de los testimonios escuchados: la valentía de empezar, la belleza de existir y la esperanza de crecer.  

"Los constructores de esta iglesia comenzaron la obra haciendo un gran acto de fe, que dio sus frutos, pero que sólo fue posible gracias a otros muchos inicios valientes de sus predecesores. Los misioneros llegaron a este país a mediados del siglo XIX y los primeros pasos de su labor no fueron fáciles; de hecho, algunos intentos fracasaron. A pesar de eso no se rindieron, sino que con gran fe y celo apostólico continuaron predicando el Evangelio y sirviendo a sus hermanos y hermanas, recomenzando muchas veces a partir de los fracasos y pasando por muchos sacrificios", comentó sobre el origen del cristianismo en Papúa.

Gracias a cada uno de estos santos: Pedro Chanel; Juan Mazzucconi y Pedro To Rot, mártires de Nueva Guinea; y luego Teresa de Calcuta, Juan Pablo II, María de la Cruz MacKillop, María Goretti, Laura Vicuña, Ceferino Namuncurá, Francisco de Sales, Juan Bosco y María Dominga Mazzarello, gracias a ellos, afirmó, es que "estamos aquí y, aun a pesar de los desafíos que no faltan hoy en día, seguimos adelante, sin miedo, sabiendo que no estamos solos, porque es el Señor quien actúa en nosotros y con nosotros, haciéndonos —como a ellos— instrumentos de su gracia".

El Papa se reúne con la Iglesia local.

Francisco también tuvo unas palabras para los que más sufren. "Pienso también en las personas marginadas y heridas, tanto moral como físicamente, a causa de los prejuicios y las supersticiones, en ocasiones, hasta el punto de arriesgar la propia vida, como nos lo recordaban James y sor Lorena. La Iglesia quiere estar particularmente cercana a estos hermanos y hermanas, porque en ellos, Jesús está presente de un modo especial", dijo.

Y, sobre la misión de los cristianos, el Papa animó a perseverar. "Confiar en la fecundidad de nuestro apostolado, a seguir sembrando pequeñas semillas de bien en los surcos del mundo (...). Parecen acciones minúsculas, como un granito de mostaza, pero si tenemos confianza y no nos cansamos de esparcirlas, brotarán por la gracia de Dios, darán una cosecha abundante", expresó.

Encuentro con las autoridades

A primera hora de la mañana, hora local, y tras la visita de cortesía al Gobernador general y firma del Libro de honor en la Casa de Gobierno, el Papa se dirigió a la Casa APEC, el principal centro de conferencias de la ciudad. Allí, ante más de 300 personas, entre autoridades, representantes de la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático, agradeció la acogida recibida.

El Papa destacó la riqueza cultural de las centenares de islas papuanas, más de 800 lenguas, tantas como las etnias que componen el archipiélago. Pero, también, habló de la plaga de la violencia tribal, el estatus de la isla de Bougainville y la explotación desaforada de los recursos naturales.

En este sentido, el Papa dijo que "estos bienes están destinados por Dios a toda la colectividad" y, por lo tanto, aunque su explotación exija la participación de grandes empresas multinacionales, "es justo que se tengan debidamente en cuenta, en la distribución de los ingresos y la utilización de la mano de obra, las necesidades de las poblaciones locales" y la mejora de sus condiciones de vida.  

Sobre la violencia tribal, el Papa apeló a la responsabilidad. "Hago votos, en particular, por el cese de las agresiones tribales, que desgraciadamente causan muchas víctimas, no permiten vivir en paz y obstaculizan el desarrollo (...). Por ello, apelo al sentido de responsabilidad de todos para que se detenga la espiral de violencia y se emprenda decididamente el camino que conduce a una cooperación fructífera, en beneficio de todos los habitantes del país", dijo Francisco.

En este contexto, el Santo Padre invitó también a crear un clima de concordia que logre encaminar "la cuestión del status de la isla de Bougainville" con una "solución definitiva, evitando el resurgimiento de antiguas tensiones". Bougainville es la mayor de las islas del archipiélago de las islas Salomón, pero administrativamente pertenece a Papúa Nueva Guinea, junto con la isla de Buka y las islas Carteret. La voluntad independentista de esta isla sigue siendo motivo de graves conflictos.

A los cristianos, que son la mayoría en Papúa Nueva Guinea, el Papa los exhortó a no reducir la fe a una observancia de ritos y preceptos, sino a que ésta consista en amar y seguir a Jesucristo, inspirando las mentes y las acciones, porque "la fe podrá ayudar a la sociedad entera a crecer y encontrar soluciones, buenas y eficaces, a sus grandes desafíos".  

Aquí puedes ver el recibimiento al Papa de las autoridades locales. 

Por último, el Papa recordó el "luminoso testimonio del beato Pedro To Rot", beatificado por san Juan Pablo II. "Que san Miguel Arcángel, patrono de Papúa Nueva Guinea, vele siempre por ustedes y los defienda de todo peligro, proteja a las autoridades y a todos los ciudadanos de este país", concluyó Francisco, agradeciendo la acogida de ese "hermoso país, tan lejos de Roma y, sin embargo, tan cerca del corazón de la Iglesia católica".

ReL

























viernes, 1 de diciembre de 2023

Francisco: «Nadie tiene poder para cambiar la naturaleza del sacerdocio y nadie lo tendrá nunca»


A través de Pietro Parolin, Francisco dirigió a cientos de seminaristas y formadores consejos para enfrentar con éxito la "grave crisis" de la Iglesia en Francia y de las sociedades secularizadas.

 

El Papa Francisco se ha dirigido hoy a través del cardenal Pietro Parolin a más de 700 seminaristas y formadores de Francia con motivo de su primer encuentro en casi una década que ha tenido lugar del 1 al 3 de diciembre en París. Les dirigió unas palabras de ánimo, cercanía y, especialmente, de refuerzo de la elección que implica el celibato sacerdotal.

El mensaje de Francisco comenzaba valorando como "motivo de acción de gracias, esperanza y alegría" los muchos casos de fieles que "se atreven, con la generosidad y la audacia de la fe, a seguir al Señor en su servicio y en el de sus hermanos”, máxime ante los "tiempos difíciles" que atraviesan "nuestras iglesias y sociedades occidentales secularizadas".

"Gracias por dar alegría y esperanza a la Iglesia de Francia que os espera y que os necesita. Y os necesita para que seáis lo que el sacerdote debe ser, lo que siempre ha sido y lo que siempre será por voluntad divina", leyó Parolin.

Acto seguido, Francisco les invitaba a "arraigar" en sus almas "las verdades fundamentales que serán la base" de su vida e identidad espiritual.

Una "exigencia" que "nadie tiene el poder de cambiar"

Una identidad en cuyo centro "está el celibato", a su vez una "exigencia" que  "no es principalmente teológica, sino mística", de modo que "los sacerdotes son célibes -y quieren serlo- sencillamente porque Jesús fue célibe".

"Hoy en día oímos hablar mucho de los sacerdotes, y la figura del sacerdote a menudo se distorsiona en ciertos círculos, se relativiza y a veces se considera subordinada. Que esto no los asuste demasiado: nadie tiene poder para cambiar la naturaleza del sacerdocio y nadie lo tendrá nunca", sentenció.

También se refirió a una "grave crisis" que, en el caso de Francia, se materializa en que "la institución eclesial y con ella la figura del sacerdote, ya no es reconocida, ha perdido todo prestigio, toda autoridad natural, a los ojos de la mayoría de la gente".

Por ello, continuó Parolin, el "único modo posible" de proceder en la Nueva Evangelización "para que todos puedan tener un encuentro personal con Cristo", es "adoptar un estilo pastoral de cercanía, compasión, humildad, gratuidad, paciencia, mansedumbre, entrega radical a los demás, sencillez y pobreza".

También les alentó en su próxima búsqueda "exigente y a veces dura" de perfección sacerdotal, con no pocos "desafíos y tentaciones" que encuentran "solo una solución", "alimentar una relación personal, fuerte, viva y auténtica con Jesús".

Otro de los mensajes que leyó Parolin llamaba a los seminaristas y sacerdotes a amar a Jesús "más que a nada", lo que les permitirá salir "victoriosos de cada crisis y dificultad".

"Si Jesús me basta, no tengo necesidad de grandes consuelos, de grandes éxitos pastorales, de sentirme el centro, de afectos desordenados, de notoriedad, de tener grandes responsabilidades, ni de hacer carrera, ni de brillar a los ojos del mundo, ni de ser mejor que los demás. Si Jesús me basta, no tengo necesidad de grandes posesiones materiales, ni de disfrutar de las seducciones del mundo, ni de seguridad para mi futuro", alentó.

Concluyó el mensaje recomendando como "maestra de vida espiritual" a Santa Teresa del Niño Jesús en el 150 aniversario de su nacimiento .

J.M.C., ReL

Vea también     Vocación sacerdotal sirviendo a Dios
y a los hermanos

























sábado, 7 de mayo de 2022

6 significados de la vocación, unidad en armonía: mensaje del Papa en la Jornada por las Vocaciones


Superioras de distintas congregaciones reunidas...
el reto de la Iglesia, la unidad en la diversidad de dones

 

El Papa Francisco ha difundido su mensaje para la 59ª Jornada Mundial para la Oración por las Vocaciones, que se celebra este domingo 8 de mayo. Se trata de un texto titulado Llamados a edificar la familia humana en el que busca reflexionar sobre "el amplio significado de la vocación", sin olvidar el trasfondo de esta época, en que, recuerda, "mientras los vientos gélidos de la guerra y de la opresión aún siguen soplando, y presenciamos a menudo fenómenos de polarización, como Iglesia hemos comenzado un proceso sinodal".

Destacamos 6 ideas clave del mensaje del Papa sobre la vocación.

1. Cada bautizado debe ser evangelizador y discípulo misionero

«En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador», recuerda el Papa, citando Evangelii gaudium, 120.

Evangelización callejera católica en EEUU

Católicos -laicos y clérigos- en una evangelización callejera en EEUU: todos los bautizados han de ser evangelizadores y discípulos misioneros. 

2. Todos debemos cuidar unos de otros y de la casa común, la Creación

"Estamos llamados a ser custodios unos de otros, a construir lazos de concordia e intercambio, a curar las heridas de la creación para que su belleza no sea destruida. En definitiva, a ser una única familia en la maravillosa casa común de la creación".

3. La vocación, como la santidad, es para todos

"La vocación, como la santidad, no es una experiencia extraordinaria reservada a unos pocos. Así como existe la “santidad de la puerta de al lado” (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 6-9), también la vocación es para todos, porque Dios nos mira y nos llama a todos".

4. Escuchar la Palabra para dejarnos modelar por Dios, divino escultor

"Nace la vocación gracias al arte del divino Escultor que con sus “manos” nos hace salir de nosotros mismos, para que se proyecte en nosotros esa obra maestra que estamos llamados a ser. En particular, la Palabra de Dios, que nos libera del egocentrismo, es capaz de purificarnos, iluminarnos y recrearnos. Pongámonos entonces a la escucha de la Palabra", afirma el Papa.

5. Como el Dr. Gregorio Hernández: mirar al otro al discernir la vocación

"En general, toda vocación y ministerio en la Iglesia nos llama a mirar a los demás y al mundo con los ojos de Dios, para servir al bien y difundir el amor, con las obras y con las palabras. A este respecto, quisiera mencionar aquí la experiencia del doctor Gregorio Hernández Cisneros. Mientras trabajaba como médico en Caracas, Venezuela, quiso ser terciario franciscano. Más tarde pensó en ser monje y sacerdote, pero la salud no se lo permitió. Comprendió entonces que su llamada era precisamente su profesión como médico, a la que se entregó, particularmente por los pobres", comenta el Papa.

6. Con diversidad de dones en armonía, "que todos sean uno", como pidió Jesús

"Cuando hablamos de “vocación” no se trata sólo de elegir una u otra forma de vida, de dedicar la propia existencia a un ministerio determinado o de sentirnos atraídos por el carisma de una familia religiosa, de un movimiento o de una comunidad eclesial; se trata de realizar el sueño de Dios, el gran proyecto de la fraternidad que Jesús tenía en el corazón cuando suplicó al Padre: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Toda vocación en la Iglesia, y en sentido amplio también en la sociedad, contribuye a un objetivo común: hacer que la armonía de los numerosos y diferentes dones que sólo el Espíritu Santo sabe realizar resuene entre los hombres y mujeres", añade el Pontífice.

Puede leerse el texto completo "Llamados a edificar la familia humana"  más abajo.

P.J.G., ReL

Vea también       Vocación espiritual: Estar con Cristo y ser enviado

Llamados a edificar la familia humana

Queridos hermanos y hermanas:

En este tiempo, mientras los vientos gélidos de la guerra y de la opresión aún siguen soplando, y presenciamos a menudo fenómenos de polarización, como Iglesia hemos comenzado un proceso sinodal. Sentimos la urgencia de caminar juntos cultivando las dimensiones de la escucha, de la participación y del compartir. Junto con todos los hombres y mujeres de buena voluntad queremos contribuir a edificar la familia humana, a curar sus heridas y a proyectarla hacia un futuro mejor. En esta perspectiva, para la 59ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, deseo reflexionar con ustedes sobre el amplio significado de la “vocación”, en el contexto de una Iglesia sinodal que se pone a la escucha de Dios y del mundo.

Llamados a ser todos protagonistas de la misión

La sinodalidad, el caminar juntos es una vocación fundamental para la Iglesia, y sólo en este horizonte es posible descubrir y valorar las diversas vocaciones, los carismas y los ministerios. Al mismo tiempo, sabemos que la Iglesia existe para evangelizar, saliendo de sí misma y esparciendo la semilla del Evangelio en la historia. Por lo tanto, dicha misión es posible precisamente haciendo que cooperen todos los ámbitos pastorales y, antes aun, involucrando a todos los discípulos del Señor. Efectivamente, «en virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 120). Es necesario cuidarse de la mentalidad que separa a los sacerdotes de los laicos, considerando protagonistas a los primeros y ejecutores a los segundos, y llevar adelante la misión cristiana como único Pueblo de Dios, laicos y pastores juntos. Toda la Iglesia es comunidad evangelizadora.

Llamados a ser custodios unos de otros, y de la creación

La palabra “vocación” no tiene que entenderse en sentido restrictivo, refiriéndola sólo a aquellos que siguen al Señor en el camino de una consagración particular. Todos estamos llamados a participar en la misión de Cristo de reunir a la humanidad dispersa y reconciliarla con Dios. Más en general, toda persona humana, incluso antes de vivir el encuentro con Cristo y de abrazar la fe cristiana, recibe con el don de la vida una llamada fundamental. Cada uno de nosotros es una criatura querida y amada por Dios, para la que Él ha tenido un pensamiento único y especial; y esa chispa divina, que habita en el corazón de todo hombre y de toda mujer, estamos llamados a desarrollarla en el curso de nuestra vida, contribuyendo al crecimiento de una humanidad animada por el amor y la acogida recíproca. Estamos llamados a ser custodios unos de otros, a construir lazos de concordia e intercambio, a curar las heridas de la creación para que su belleza no sea destruida. En definitiva, a ser una única familia en la maravillosa casa común de la creación, en la armónica variedad de sus elementos. En este sentido amplio, no sólo los individuos, sino también los pueblos, las comunidades y las agrupaciones de distintas clases tienen una “vocación”.

Llamados a acoger la mirada de Dios

A esa gran vocación común se añade la llamada más particular que Dios nos dirige a cada uno, alcanzando nuestra existencia con su Amor y orientándola a su meta última, a una plenitud que supera incluso el umbral de la muerte. Así Dios ha querido mirar y mira nuestra vida.

A Miguel Ángel Buonarroti se le atribuyen estas palabras: «Todo bloque de piedra tiene en su interior una estatua y la tarea del escultor es descubrirla». Si la mirada del artista puede ser así, cuánto más lo será la mirada de Dios, que en aquella joven de Nazaret vio a la Madre de Dios; en el pescador Simón, hijo de Jonás, vio a Pedro, la roca sobre la que edificaría su Iglesia; en el publicano Leví reconoció al apóstol y evangelista Mateo; y en Saulo, duro perseguidor de los cristianos, vio a Pablo, el apóstol de los gentiles. Su mirada de amor siempre nos alcanza, nos conmueve, nos libera y nos transforma, haciéndonos personas nuevas.

Esta es la dinámica de toda vocación: somos alcanzados por la mirada de Dios, que nos llama. La vocación, como la santidad, no es una experiencia extraordinaria reservada a unos pocos. Así como existe la “santidad de la puerta de al lado” (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 6-9), también la vocación es para todos, porque Dios nos mira y nos llama a todos.

Dice un proverbio del Lejano Oriente: «Un sabio, mirando un huevo, es capaz de ver un águila; mirando una semilla percibe un gran árbol; mirando a un pecador vislumbra a un santo». Así nos mira Dios, en cada uno de nosotros ve potencialidades, que incluso nosotros mismos desconocemos, y actúa incansablemente durante toda nuestra vida para que podamos ponerlas al servicio del bien común.

De este modo nace la vocación, gracias al arte del divino Escultor que con sus “manos” nos hace salir de nosotros mismos, para que se proyecte en nosotros esa obra maestra que estamos llamados a ser. En particular, la Palabra de Dios, que nos libera del egocentrismo, es capaz de purificarnos, iluminarnos y recrearnos. Pongámonos entonces a la escucha de la Palabra, para abrirnos a la vocación que Dios nos confía. Y aprendamos a escuchar también a los hermanos y a las hermanas en la fe, porque en sus consejos y en su ejemplo puede esconderse la iniciativa de Dios, que nos indica caminos siempre nuevos para recorrer.

Llamados a responder a la mirada de Dios

La mirada amorosa y creativa de Dios nos ha alcanzado de una manera totalmente única en Jesús. Hablando del joven rico, el evangelista Marcos dice: «Jesús lo miró con amor» (10,21). Esa mirada llena de amor de Jesús se posa sobre cada una y cada uno de nosotros. Hermanos y hermanas, dejémonos interpelar por esa mirada y dejémonos llevar por Él más allá de nosotros mismos. Y aprendamos también a mirarnos unos a otros para que las personas con las que vivimos y que encontramos —cualesquiera que sean— puedan sentirse acogidas y descubrir que hay Alguien que las mira con amor y las invita a desarrollar todas sus potencialidades.

Cuando acogemos esta mirada nuestra vida cambia. Todo se vuelve un diálogo vocacional, entre nosotros y el Señor, pero también entre nosotros y los demás. Un diálogo que, vivido en profundidad, nos hace ser cada vez más aquello que somos: en la vocación al sacerdocio ordenado, ser instrumento de la gracia y de la misericordia de Cristo; en la vocación a la vida consagrada, ser alabanza de Dios y profecía de una humanidad nueva; en la vocación al matrimonio, ser don recíproco, y procreadores y educadores de la vida. En general, toda vocación y ministerio en la Iglesia nos llama a mirar a los demás y al mundo con los ojos de Dios, para servir al bien y difundir el amor, con las obras y con las palabras.

A este respecto, quisiera mencionar aquí la experiencia del doctor Gregorio Hernández Cisneros. Mientras trabajaba como médico en Caracas, Venezuela, quiso ser terciario franciscano. Más tarde pensó en ser monje y sacerdote, pero la salud no se lo permitió. Comprendió entonces que su llamada era precisamente su profesión como médico, a la que se entregó, particularmente por los pobres. De manera que se dedicó sin reservas a los enfermos afectados por la epidemia de gripe llamada “española”, que en esa época se propagaba por el mundo. Murió atropellado por un automóvil, mientras salía de una farmacia donde había conseguido medicamentos para una de sus pacientes que era anciana. Este testigo ejemplar de lo que significa acoger la llamada del Señor y adherirse a ella en plenitud, fue beatificado hace un año.

Convocados para edificar un mundo fraterno

Como cristianos, no sólo somos llamados, es decir, interpelados personalmente por una vocación, sino también con-vocados. Somos como las teselas de un mosaico, lindas incluso si se las toma una por una, pero que sólo juntas componen una imagen. Brillamos, cada uno y cada una, como una estrella en el corazón de Dios y en el firmamento del universo, pero estamos llamados a formar constelaciones que orienten y aclaren el camino de la humanidad, comenzando por el ambiente en el que vivimos. Este es el misterio de la Iglesia que, en la coexistencia armónica de las diferencias, es signo e instrumento de aquello a lo que está llamada toda la humanidad. Por eso la Iglesia debe ser cada vez más sinodal, es decir, capaz de caminar unida en la armonía de las diversidades, en la que todos tienen algo que aportar y pueden participar activamente.

Por tanto, cuando hablamos de “vocación” no se trata sólo de elegir una u otra forma de vida, de dedicar la propia existencia a un ministerio determinado o de sentirnos atraídos por el carisma de una familia religiosa, de un movimiento o de una comunidad eclesial; se trata de realizar el sueño de Dios, el gran proyecto de la fraternidad que Jesús tenía en el corazón cuando suplicó al Padre: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Toda vocación en la Iglesia, y en sentido amplio también en la sociedad, contribuye a un objetivo común: hacer que la armonía de los numerosos y diferentes dones que sólo el Espíritu Santo sabe realizar resuene entre los hombres y mujeres. Sacerdotes, consagradas, consagrados y fieles laicos caminamos y trabajamos juntos para testimoniar que una gran familia unida en el amor no es una utopía, sino el propósito para el que Dios nos ha creado.

Recemos, hermanos y hermanas, para que el Pueblo de Dios, en medio de las dramáticas vicisitudes de la historia, responda cada vez más a esta llamada. Invoquemos la luz del Espíritu Santo para que cada una y cada uno de nosotros pueda encontrar su propio lugar y dar lo mejor de sí mismo en este gran designio divino.

Roma, San Juan de Letrán, 8 de mayo de 2022, IV Domingo de Pascua.









































miércoles, 4 de agosto de 2021

3 pasos para la felicidad eterna: Francisco los explica a los jóvenes reunidos en Medjugorje

 


En Bosnia-Hercegovina, oficialmente, no hay casi casos de contagios por coronavirus desde finales de mayo (aunque en oleadas anteriores la enfermedad causó 200.000 contagios y 9.600 muertos). Eso ha permitido que ante la parroquia de Medjugorje se hayan concentrado miles de jóvenes para el Festival de la Juventud de cada verano, para cantar, adorar y rezar el rosario.

El Papa Francisco les ha dedicado un mensaje animándoles en esta "semana intensa de oración y encuentro con Jesucristo, especialmente en su Palabra viva, en la Eucaristía, en la adoración y en el Sacramento de la Reconciliación”.

Vídeo con la inauguración del Mladifest o Festival de la Juventud en Medjugorje

Este año el Festival plantea la pregunta que el joven rico hizo a Cristo: "¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna? “Es una palabra que nos pone ante el Señor; y él fija su mirada en nosotros, nos ama y nos invita: "¡Ven! Sígueme” dice el Papa.

Ante la pregunta del joven rico, explica el Papa en su mensaje, Jesús responde indicando 3 pasos:

1º) Aprende a hacer el bien con el prójimo

En primer lugar, Jesús pidió al joven "observar los mandamientos" si quieren entrar en la vida. Jesús, explica el Papa, devuelve al joven a la vida terrenal y le muestra el camino para heredar la vida eterna, es decir, el amor concreto al prójimo. El joven responde que siempre lo ha hecho y que se ha dado cuenta de que no basta con seguir los preceptos para ser feliz.

2º) Pasa de la lógica del "mérito" a la del don

“Jesús también comprende cuál es la debilidad de su interlocutor: está demasiado apegado a los muchos bienes materiales que posee” dice el Papa, por eso, el Señor le propone un segundo paso a dar, “el de pasar de la lógica del "mérito" a la del don: "Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo"”.

El Papa explica que se trata de una llamada “a una mayor madurez, a pasar de los preceptos observados para obtener recompensas al amor libre y total”. “Lo que Jesús propone – dice – no es tanto un hombre despojado de todo como un hombre libre y rico en relaciones”. De hecho, dice, “si el corazón está atestado de posesiones, el Señor y el prójimo se convierten en una cosa entre otras”, pues el tener demasiado y el querer demasiado – insiste el Papa – “asfixian nuestro corazón y nos hacen infelices e incapaces de amar”.

3º) Imita a Jesús, yendo con Él: "Ven y sígueme"

El tercer paso que el Papa propone a los jóvenes es “seguir a Cristo”. “No es una pérdida – dice el Papa – sino una ganancia incalculable, mientras que la renuncia se refiere al obstáculo que impide el camino”.

El joven rico tiene su corazón dividido entre dos amos: Dios y el dinero. El miedo a arriesgarse y a perder sus posesiones le hizo volver a casa triste. No había dudado en plantear la pregunta decisiva, pero no encontró el valor de aceptar la respuesta, que es la propuesta de "desatarse" de sí mismo y de sus riquezas para "atarse" a Cristo, para caminar con él y descubrir la verdadera felicidad.

“Hoy, Jesús también os dice a cada uno de vosotros al igual que al joven rico: "¡Venid! Sígueme", asegura el Papa. De ahí su invitación a “tener el valor de vivir vuestra juventud confiando en el Señor y poniéndoos en camino con Él, dejarse conquistar por su mirada de amor que nos libera de la seducción de los ídolos, de las falsas riquezas que prometen la vida, pero traen la muerte y a no tener miedo de acoger la Palabra de Cristo y aceptar su llamada”.

“No os desaniméis como el joven rico del Evangelio” puntualiza Francisco, “en cambio, fijad vuestra mirada en María, el gran modelo de la imitación de Cristo, y encomendaos a ella que, con su "aquí estoy", respondió sin reservas a la llamada del Señor”.

Así fue el inicio de la tarde del Festival Mundial de la Juventud en Medjugorje este agosto de 2021

ReL

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