miércoles, 2 de abril de 2025

¿Sin fuerza de voluntad? Este es el consejo de san Antonio

10 conseils pour prendre soin de son âme

¿Qué nos dicen los Padres del Desierto para orientar nuestra vida espiritual y voluntad? El consejo del gran san Antonio, es radical, pero muy suave

La hermosa historia que se nos cuenta sobre Abba Antoun, el gran san Antonio, el patriarca de los monjes que viven en los desiertos de Egipto, pone el dedo en la llaga del principal problema de cualquier esfuerzo hacia la santidad: a veces queremos el fin y no estamos dispuestos a asumir los medios. A veces la voluntad se resiste al esfuerzo. Pero entonces, ¿cómo podemos "querer querer"?

Poder y no querer

san Antonio Abad Aleteia

"Unos hermanos se acercaron al abad Antonio y le pidieron una palabra de salvación. Él les dijo: '¿Conocéis las Escrituras? Ya sabéis bastante'. Pero ellos insistieron en que también él se dignara decirles algo. Así que les dijo: 'El Evangelio dice: Si alguien te golpea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra'. Le dijeron que no podían hacerlo. Él les contestó: 'Si no podéis volver la otra, al menos soportad que vuelvan a golpear al mismo'".

Pero cuando declararon que no podían hacer eso, les dijo: "Si ni siquiera eso podéis, no devolváis el agravio que se os ha hecho". Ellos repitieron lo que ya habían dicho. Entonces Antonio dijo a su discípulo: "Ve y prepárales algo de comer, pues ya ves lo débiles que están". Luego a los hermanos: "Si no podéis hacer una cosa y no queréis hacer la otra, ¿qué queréis de mí? Necesitáis oración para curar vuestra enfermedad".

He aquí a unos hermanos, llenos de buenas intenciones -sin duda habían recorrido ya un largo camino para llegar a la celda de Antonio-, pidiendo "una palabra de salvación", es decir, querían ser iluminados sobre los medios que les permitirían progresar hacia la santidad.

Se trata de una petición clásica, que permite al anciano que recibe a los novicios desarrollar para ellos un punto del programa ascético que se juzga particularmente importante y susceptible de poner en marcha una dinámica espiritual.

San Antonio reduce las necesidades

El Evangelio les dará la palabra de Jesús, que contiene toda la sabiduría, pero ellos quieren la palabra de Antonio, que les tocará más. Así que Antonio propone el mandamiento de Cristo del Sermón de la Montaña: "Si alguien te golpea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra" (Mt 5,39). Por supuesto, no elige la opción más fácil, pero estos jóvenes están llenos de buenas intenciones, hay que darles algo serio.

Y ahora se rinden y dicen que es demasiado para ellos. Antonio rebaja un poco las exigencias: "Tengan paciencia, que se está volviendo a lo mismo". La misma retirada cautelosa: "¡No podemos!". Antonio no se desanima, baja un poco el cursor: "No paguéis el daño que os han hecho". La misma respuesta.

Antonio no es rigorista, está dispuesto a comprender la debilidad humana, lo ha demostrado. Pero, ¿qué hacer? Le pide a su discípulo que les sirva algo de comer, porque sin duda han recorrido un largo camino para llegar hasta aquí y están cansados, lo que podría explicar su falta de entusiasmo para abrazar el ideal evangélico.

Un consejo suave

Este último consejo está lleno de dulzura: "Necesitáis la oración para curar vuestra enfermedad". Son débiles, pero Antonio sugiere que la oración es la manera de ofrecer a Dios ese "a-bulismo" (ausencia de voluntad) del que sin duda son los primeros en arrepentirse, pero del que no saben cómo salir. Lo esencial es no dejarlo así, y no entristecerse por el fracaso de su planteamiento. Pidiendo ser curados, reconociendo su pobreza, crecerán en humildad. Y tal vez Dios les conceda la gracia de una mayor libertad.

Sophie Baron, Aleteia

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9, dia: Consgración de la Voluntad






























Jose y Leo, “padres de día” de más de 100 niños

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Un matrimonio acoge en su barrio de Madrid a hijos de decenas de familias los ratos que no pueden estar atendidos en sus casas

Leo Gutiérrez y Jose Pau tienen un hijo único. Bueno, un hijo biológico único, porque niños tienen 110 (de momento). ¿Que cómo es posible que hayan formado una familia tan extensa en 13 años? 

Todo empezó un día en que Leo llevó a su hijo al colegio y se le acercó una madre con una petición: ¿podrías ser mi amiga y ayudarme con mi hijo? 

Con un imperfecto español, la mujer le explicó que regentaba un bazar chino y necesitaba que alguien cuidara a su hijo por las tardes. 

Leo pocas veces tiene un no, y así empezó a recoger al niño cada día y a tenerle en su casa como un hijo más hasta que lo venían a buscar al anochecer. 

“Pasábamos las tardes jugando, les leíamos cuentos,…”, explica a Aleteia el matrimonio. 

Otras madres se fijaron. ¿Vosotros cuidáis niños? ¿Podrías ocuparte de los míos también? 

Y poco a poco se fueron añadiendo pequeños hasta llegar a 32. Su piso de 60 metros cuadrados se quedaba pequeño, así que alquilaron un local cercano, en el barrio madrileño de la Concepción.

También surgieron nuevas necesidades, a las que iban dando respuesta: empezaron a ofrecer comidas, desayunos, meriendas, y después extraescolares, excursiones, vacaciones,… Eran como unos padres de día.

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Las familias que podían, colaboraban económicamente. Sin embargo, la mayoría eran madres solteras con muy pocos recursos. 

Poco a poco se fueron añadiendo voluntarios y donantes que les permitieron sacar adelante este servicio. 

Pero en octubre de 2024, la asociación sufrió una grave crisis. Leo la recuerda con lágrimas en los ojos.

“Una mañana llegamos al local y le dije a mi marido: no abras la puerta. Había un montón de niños esperando para desayunar y solo teníamos un litro y medio de leche”, relata.

“Pero pensamos que a esos niños ya se les habían cerrado muchas puertas y por eso ese día abrimos la persiana”, continúa.

“Le expliqué a una de las madres que no teníamos para desayunar -prosigue-. Y ella me dijo que en su casa lo que hacían era echar agua y quedaba como leche semidesnatada. Seguimos su consejo. Y por la tarde llegó una donación de leche”.

Leo le confesó a una voluntaria adolescente que no sabía si podrían continuar por falta de dinero. 

La chica impulsó un mercadillo solidario y recaudaron tres mil euros. “Con eso salimos adelante, y a partir de ahí llegaron otras donaciones”, recuerda agradecida.

Sobre el futuro, Leo confiesa: “Vamos al día, pero también soñamos: ahora estamos pensando en incluir un piso para que los niños puedan dormir los días que las familias lo necesiten”.

El matrimonio espera también aumentar sus voluntarios y recursos. La asociación se va haciendo más conocida poco a poco. 

Su historia aparece en la película Máscinco, que se estrenó este viernes 28 de marzo de 2025 en los cines de España.

Normas

Para llevar adelante el servicio, hace cuatro años crearon una asociación, “Los chicos de Jose y Leo”. Su norma principal es el respeto. 

“Está totalmente prohibido insultarse -destacan-. Aquí somos todos uno y ni la religión ni el color ni la procedencia tienen importancia”. 

“Somos muy pequeñitos pero estamos ayudando a muchas personas a que no acaben en caminos perjudiciales”, afirman.

Su hijo, subraya con orgullo, no ha tenido un juguete propio desde los cinco años. “Los niños estaban en casa y no había distinción”, aseguran.

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La fuerza de Jose y Leo está simplemente en el amor. “Lo que nos da fuerzas es ver cómo mejoran los niños cuando vienen aquí”.

“En el colegio nos dicen: ¿por qué no os habéis puesto “asociación los milagritos”? -comentan entre risas. 

“Al final, aquí lo que damos es mucho amor y cariño -explican-, y ponemos normas; simplemente con un poco de disciplina muchas veces la cosa va mejor”.

Patricia Navas, Aleteia

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