martes, 20 de agosto de 2019

10 santos coinciden que esta es la mejor herramienta para vencer al demonio

Y cómo podemos usarla para combatirlo cada día

Humildad

Repasando los pensamientos de varios santos de la iglesia católica, se puede observar que muchos coinciden en que hay una virtud que es particularmente efectiva a la hora de enfrentarse a las tentaciones que el demonio nos presenta:
1. “Fue el orgullo el que convirtió a los ángeles en demonios, es la humildad la que convierte a los hombres en ángeles”. San Agustín de Hipona.
2. “El arma más poderosa para vencer al diablo es la humildad”. San Francisco de Sales.
3. “El cimiento de la oración va fundado en la humildad, y mientras más se abaja un alma en la oración, más la sube Dios”. Santa Teresa de Ávila.
4. “Si hay en la tierra un alma verdaderamente feliz, ésta es solamente un alma verdaderamente humilde”. Santa Faustina.

PRAY
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5. “La humildad, por profunda que sea, ni inquieta ni perturba el alma; va acompañado de paz, alegría y tranquilidad”. Santa Teresa de Ávila.
6. “La primera virtud que necesita un religioso (después de la caridad) es la humildad”.
San Benito de Nursia.
7. “El propio conocimiento nos lleva como de la mano a la humildad”. San Josemaría Escrivá de Balaguer.
8. “[Jesús] me enseñó que la única gloria que importa es la gloria que dura para siempre, y que uno no tiene que realizar actos brillantes para ganar eso, sino esconder los actos de virtud de los demás, e incluso de uno mismo, de modo que ‘la mano izquierda no sepa lo que está haciendo la mano derecha’”. Santa Teresita de Lisieux.
9. “La humildad es la llave de la sabiduría”. San Beda.
10. “La humildad y la caridad van juntas. Una glorifica, la otra santifica”. San Pío de Pietrelcina.
Sí, se trata de la humildad, una palabra que se repite mucho (¿cuántas veces uno no escucha que alguien se define como “humilde”?), pero pocas veces se ejecuta o se confunde con otras acciones, como la justicia o la honradez. La humildad se puede practicar a diario, sin embargo, es de las cosas más difíciles y quizá por eso es tan eficiente.
Hay quienes confunden la humildad con sumisión o pasividad, pero es todo lo contrario, así que estas son algunas acciones que todos podemos hacer cada día:

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– Estar atento al entorno. Hoy en día muchos lo llaman “inteligencia emocional”, pero se confunde. Se trata de estar atento de ti, pero también de quienes te rodean y lo que sucede, y ver cómo tú puedes ayudar en caso de que sea necesario.
– Escuchar. Antes que buscar dominar siempre una conversación o darle demasiada importancia a expresar constantemente tu punto de vista, es importante oír las necesidades de los demás. De lo contrario, es como si lo que tú tuvieras que decir es más importante que escuchar al otro. Las personas humildes escuchan porque saben que, aunque tengan conocimientos, siempre pueden aprender algo del otro y no tienen todas las respuestas. No obstante, esto no quiere decir que debas quedarte callado, la persona humilde también es activa y está dispuesta a tomar acciones… incluso, ya el hecho de disponerte a oír es una iniciativa.

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– Aceptar la crítica. Siempre y cuando sea constructiva, venga de quien venga, te ayudará a convertirte en una mejor persona y/o profesional. Es un acto que contrarresta la prepotencia y te ayuda, incluso, en el camino a ser mejor.
– Aprender a decir “gracias” y “te felicito”. Palabras muy sencillas pero que hablan de un gran reconocimiento de las buenas acciones de otro. Una persona humilde es la que admite el talento de los demás y sabe que eso no quiere decir que él no lo tenga.
– Asumir responsabilidad. Es muy fácil culpar a los demás, las políticas de la empresa, etc., así que es importante reconocer cuando uno ha actuado de forma incorrecta y aprender a disculparse cuando sea necesario. Es mejor pedir perdón que tratar de disfrazarlo con una mentira.
– Pedir ayuda. Reconocer cuando una carga es demasiado para ti es parte de la humildad. Esto no te hace débil, al contrario, no hay nada más valiente que reconocer cuando uno no sabe hacer algo o una pena es muy grande y pedir apoyo. Si se analiza, a veces es una cuestión de puro orgullo y tú y los que te rodean (aunque creas que disimulas muy bien, algunos sí se dan cuentan) podrían estar pasando un mal momento sin necesidad.

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Adriana Bello, Aleteia

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