jueves, 5 de noviembre de 2026

El futbolista Óscar de Marcos y la impactante escena de la niña «bruja» que le marcó como misionero

El exfutbolista del Athletic Club y del Alavés fue el encargado de pronunciar el pregón del DOMUND de este 2026.

La experiencia que más profundamente le marcó tuvo como protagonista al misionero salesiano José Luis de la Fuente.

La experiencia que más profundamente le marcó tuvo como protagonista al misionero salesiano José Luis de la Fuente.


    La Catedral Vieja de Vitoria acogió este miércoles el tradicional pregón del Domund, enmarcado en las celebraciones del centenario de esta jornada misionera. 

    El encargado de pronunciarlo fue el exfutbolista del Athletic Club y del Alavés Óscar de Marcos, quien ofreció un emotivo testimonio sobre las experiencias que vivió junto a los misioneros salesianos en África y que, según confesó, cambiaron para siempre su manera de entender la vida, el éxito y la verdadera importancia de las personas.

    El significado de ser importante

    Ante un auditorio compuesto por fieles, misioneros y voluntarios, De Marcos comenzó reconociendo que durante días se había preguntado por qué debía ser él quien pronunciara el pregón.

    “¿Qué hago yo dando un pregón del DOMUND delante de personas que han dedicado años y, en muchos casos, su vida entera a ayudar a los demás?”, planteó al inicio de su intervención.

    El exfutbolista explicó que, al recordar sus experiencias de voluntariado en África, Perú y con refugiados en las islas griegas, comprendió que podía aportar algo valioso: contar lo que había visto en personas que han entregado su vida a los demás.

    Una leyenda del Athletic

    Óscar de Marcos Arana (Laguardia, Álava, 1989) desarrolló la práctica totalidad de su carrera profesional en el Athletic Club de Bilbao, equipo con el que disputó más de 500 partidos oficiales y se convirtió en uno de los jugadores más emblemáticos de la historia reciente de la entidad. Internacional con la selección española, conquistó una Copa del Rey y varias Supercopas de España, además de disputar una final de la Europa League.

    “Yo soy una cara conocida”, admitió. Sin embargo, quiso subrayar una lección que aprendió con los años: “A veces confundimos ser conocido con ser importante. Ser importante en esta vida tiene mucho más que ver con ayudar a los demás que con querer ser importante. Ser conocido y la fama es efímero. Pero la gente importante perdura en la memoria y en el corazón”.

    A lo largo de su intervención, De Marcos fue recorriendo algunos episodios que marcaron su vida. Recordó una sencilla actividad realizada durante su infancia, cuando acudió con otros compañeros a una residencia de ancianos para cantar y compartir tiempo con los residentes.

    “No hicimos nada extraordinario, simplemente estuvimos allí compartiendo nuestro tiempo con aquellas personas. Pero recuerdo perfectamente la sensación de que había recibido más de lo que había dado”, relató.

    Aquella experiencia sería el preludio de una convicción que después se reforzaría en sus viajes solidarios. “Ayudar no siempre consiste en hacer grandes cosas ni en viajar a la otra punta del mundo. A veces consiste simplemente en estar al lado de alguien, en dedicarle tiempo, escucharle o acompañarle”, afirmó.

    Uno de los momentos más destacados del pregón fue cuando recuperó una enseñanza familiar transmitida por su bisabuelo y repetida durante décadas por su padre. Una frase sencilla, profundamente ligada a la cultura vasca, que se convirtió en el hilo conductor de toda su reflexión.

    “Creo que aquí, en el País Vasco, se va a entender muy bien: ‘El amor es como un frontón: cuanto más fuerte le das a la pelota, con más fuerza te vuelve’”.

    Según explicó, pocas expresiones describen mejor lo que experimentó durante sus voluntariados. Porque, lejos de sentirse benefactor, regresó de cada experiencia con la certeza de haber recibido mucho más de lo que él podía ofrecer.

    Precisamente esa convicción nació gracias a una pregunta inesperada. Siendo jugador del Athletic Club, participó en una charla en un colegio salesiano de Deusto. Allí, un alumno le interpeló directamente: “Tú, que eres una persona socialmente conocida, ¿cómo utilizas ese poder que tienes para ayudar a los demás?”.

    “No supe qué contestar”, reconoció.

    Sin embargo, aquella pregunta no cayó en saco roto. “Al terminar la charla, fui directamente a hablar con el director del colegio. ‘Quiero irme a África’, es lo que le dije”.

    Pocos meses después cumplió aquel propósito y viajó a Togo para colaborar con los salesianos. Allí descubrió una realidad muy distinta a la que conocía como deportista profesional.

    “Unos meses después, ahí estaba con 20 años en África, intentando poner los pies en el suelo después de haberme creído una persona importante simplemente por ser conocida. Y allí la realidad era bien distinta. Los importantes eran ellos y a mí no me conocía nadie”.

    La experiencia que más profundamente le marcó tuvo como protagonista al misionero salesiano José Luis de la Fuente, que trabajaba desde hacía décadas en Kara acogiendo a niños de la calle y acompañando a las personas más vulnerables.

    De Marcos relató con detalle un episodio que todavía hoy le conmueve.

    “Hubo una situación en uno de aquellos viajes que me marcó especialmente, una situación que creo que explica perfectamente lo que significa ser misionero”.

    Todo comenzó durante una comida. José Luis recibió una llamada y abandonó precipitadamente el lugar acompañado por otra voluntaria. “Solo nos dijeron: ‘Luego os contamos’”, recordó.

    Horas más tarde regresaron con la noticia de que una niña había sido acusada de brujería y corría grave peligro. Los misioneros habían conseguido localizarla y trasladarla a un lugar seguro.

    Al día siguiente, el grupo se desplazó hasta la persona que había promovido la acusación.

    “Fue allí donde fui consciente de la gravedad de lo ocurrido. Aquella niña corría el riesgo de que la mataran”.

    Pero lo que más le impresionó fue la actitud del sacerdote.

    “Vi en primera persona cómo José Luis se enfrentaba a aquella situación por una persona que el día anterior ni siquiera conocía. Estuvo dispuesto a poner en riesgo su vida para salvar otra”.

    Esa escena, confesó, transformó su manera de mirar el mundo y de entender el compromiso cristiano.

    “Hay actos de otras personas que te cambian, que te hacen pensar en que de alguna manera también cambian tu forma de actuar”.

    Puedes escuchar aquí íntegro el pregón de Oscar de Marcos.

    Por eso, tras darle muchas vueltas a la razón de estar pronunciando aquel pregón, aseguró haber encontrado la respuesta.

    “Porque tuve la suerte de estar allí y verlo, y hoy tengo la suerte y la oportunidad de estar aquí y contarlo”.

    En la parte final de su intervención, De Marcos quiso agradecer explícitamente a José Luis de la Fuente su ejemplo de entrega, pero también recordó a Antonio Mijangos, sacerdote de Laguardia y una figura muy querida en su tierra.

    “Si José Luis representa para mí todo lo que aprendí ayudando lejos de casa, Antonio representa para mí exactamente lo mismo de lo que es dedicar una vida a ayudar a quienes estamos cerca”.

    Finalmente, utilizó los nombres de ambos para rendir homenaje a tantos hombres y mujeres que han consagrado su vida al servicio de los demás.

    “Hoy quiero aprovechar sus nombres para dar las gracias, a través de ellos, a todos los misioneros y misioneras, voluntarios y voluntarias que dedicaron su vida a mejorar la vida de los demás”.

    ReL

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