Mostrando entradas con la etiqueta Transmisión de la Fe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Transmisión de la Fe. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de septiembre de 2020

10 formas de transmitir la fe a tus hijos y de hacerla más fuerte: como siempre, implica coherencia

Unos consejos de la web para padres AllProDad

La transmisión de la fe en familia ya no es automática... se necesita mucho más
La transmisión de la fe en familia ya no es automática... se necesita mucho más

En muchos países, los padres cristianos no consiguen pasar a sus hijos una fe firme. Pasar la fe de padres a hijos sucedía con naturalidad estadística en generaciones anteriores, pero ya no en la nuestra. En Occidente muchas causas concurren para que los padres pierdan autoridad ante los hijos y para suscitar un individualismo extremo. No sucede solo entre cristianos: familias de otras tradiciones religiosas también lo experimentan. 

En la web AllProDad, dedicada a padres varones (no necesariamente católicos), señalan 10 factores que ayudan a que un padre pueda transmitir su fe a sus hijos. Como siempre cuando se trata de valores reales, requiere constancia y coherencia. 

1. Celebra las festividades y cuenta su historia
Las festividades religiosas llaman la atención de los niños: son días especiales. En Estados Unidos hay una frase entre los católicos: "no es que los católicos guarden la Cuaresma; es que la Cuaresma te mantiene católico". Lo mismo podría decirse de la Navidad cristiana y de otras fiestas. No basta con celebrar la fiesta: hay que contar la gran historia que hay detrás de cada fiesta. Decía el estudioso de las religiones Mircea Elíade: "el primer rito es la recitación del mito". La Navidad tiene sentido cuando se proclaman las lecturas de Navidad. Las festividades sin historias detrás (pensemos en Halloween) a menudo suenan a huecas.

2. Responde las preguntas de los chicos
Los niños hacen preguntas sobre Dios, sobre la fe, sobre la religión. Hay que estar preparado para responderlas. Hay preguntas sobre el comportamiento que también llevan a hablar de la fe. "¿Por qué debo perdonar a esos chicos malos?", "¿por qué me pides ayudar a esos?", nos lleva a las enseñanzas y el ejemplo de Jesús. (Si no sabemos la respuesta a una pregunta podemos honradamente decir: "pues no lo sé exactamente, pero lo buscaré y te lo diré". En el Catecismo hay muchas respuestas, que hay que traducir al lenguaje infantil. También hay gente que trabaja con niños que pueden ayudar: maestros, catequistas...). No es beneficioso responder "no hagas preguntas", "es así y punto", "hacer preguntas está mal"...

3. Id con regularidad al culto o los sacramentos
Si la fe es solo un añadido para los ratos libres, no se contagiará a los hijos. Los niños han de ver que es una prioridad, y la más clara es el tiempo. Si la familia solo va a misa "a veces", el niño pensará que es una cosa poco importante o algo "útil en casos convenientes" (alguna enfermedad, un gesto social...). Los niños han de ver que el culto es una prioridad en la familia, en la organización semanal o diaria. 

4. Involúcrate en el servicio a los demás... y que te vean
"Servir a los demás es la fe con pies", explican en AllProDad. Los niños aprenden de lo que ven hacer a sus padres. Si te ven ser voluntario en Cáritas, Manos Unidas o la parroquia, ellos aprenderán a hacer ese tipo de servicios. También es bueno involucrar a toda la familia: recogidas de material, actividades, etc...

5. Enseña a confiar en Dios
En el cristianismo, todo está basado en la confianza en Dios. Una clave es enseñar al niño a confiar toda su vida en el Dios que lo creó, que lo ama y quiere lo mejor para Él. 




6. El juicio definitivo sobre cada persona está reservado para Dios
A las personas agnósticas, o alejadas en la fe, o tibias, y a mucha otra gente, les molestan los juicios rápidos. La realidad es que una persona religiosa y prudente sabe que para realizar juicios definitivos en necesario ser Dios mismo: sólo Él tiene todos los datos y perspectivas sobre los hechos y las motivaciones. A los niños les enseñamos a distinguir los actos buenos de los actos malos, y está bien, pero a la hora de clasificar a la gente es mejor recordar lo de "no juzguéis y no seréis juzgados" (y explicar lo que significa). "Enséñales a tener un corazón humilde que busque entender al otro", explica AllProDad. 

7. Sé suave con los niños y ciertas enseñanzas complicadas
Hay cosas en la religión que a los adultos les molestan pero a los niños les aprecen normales. Y, al revés, hay cosas en las que los adultos ni se fijan y a muchos niños les pueden asustar o repeler. En la cultura católica pueden ser muchas: imágenes de mártires con sangre en la parroquia, o ciertas expresiones sobre el infierno o el demonio, algunos detalles prácticos de los sacramentos... Las cosas complicadas hay que explicarlas con suavidad, y no de forma abrupta o con prisas y aspavientos. 

8. No mantengas a los niños en una burbuja
Incluso en los países de mayoría católica, hay personas de otras denominaciones y religiones y, de hecho, las personas con poca o ninguna religiosidad son mayoría. No tiene sentido intentar hacer creer a tus hijos que "todos hacen como nosotros". No es así, y enseguida se darán cuenta. Y llegará el momento, al crecer, en que tomará sus propias decisiones sobre religión. Es bueno que desde niño pueda dialogar, en un entorno moderado, con personas de otras creencias. También es bueno que vea que hay otras parroquias donde las cosas se hacen de otras maneras.

9. Dile que comparta la fe con sinceridad y humildad
Nuestra sociedad pretende hacernos creer que ya casi no hay tabúes, excepto hablar de la propia fe con otras personas. Hemos de enseñar a nuestros hijos a que puedan hablar de su fe sin complejos ni vergüenzas: creemos que es buena, bella y verdadera y la queremos compartir. Hemos de ayudar al niño a poder expresar por qué cree y en qué cree. Y ha de poder hacerlo con sinceridad y también con humildad. La fe da alegría y un terreno firme: no debe dar soberbia.

10. Se necesita una aldea para educar... dásela
"Se necesita una aldea para educar un niño", dice un refrán africano que se cita mucho. En lo religioso es especialmente cierto: la fe se transmite en comunidad. En ella vemos que personas distintas (varias edades, procedencias, estilos) creen todas las mismas verdades, cada una con sus acentos. Ese testimonio colectivo fortalecerá la fe de tus hijos. Hay que buscar esa comunidad. 

Por supuesto, se podrían añadir muchas más cosas eficaces, pero ¿no son estas 10 un comienzo importante?

P.J.G./ReL

Vea también  La espiritualidad en familia - tiene como para escoger



martes, 4 de junio de 2019

Consejos para ser un gran padrino

¡Padrinos y madrinas, vuestros ahijados cuentan con vosotros! Tenéis un papel importante que desempeñar para con ellos, una función distinta de la de los padres y madres. Aquí tenéis algunas ideas para intentar tejer una relación de afecto y confianza, condición previa a la transmisión de la fe, el gran desafío de esta paternidad espiritual que os une

Homme et garçon jouent ensemble

“A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestros hijos, iluminados por Cristo, caminen siempre como hijos de la luz. Y perseverando en la fe, puedan salir con todos los Santos al encuentro del Señor”, dice el sacerdote en el momento de entrega del cirio encendido al final de la ceremonia del bautismo. Dicho de otra forma, el padre, la madre, el padrino y la madrina se comprometen a acompañar al niño o niña a lo largo de su vida cristiana, humanamente y espiritualmente. Pero, ¿cómo cumplen en concreto su misión los padrinos?

Rezar por vuestro ahijado

Respondisteis afirmativamente a los padres cuando os pidieron ser padrinos, dijisteis sí al sacerdote cuando os preguntó si estabais dispuestos a ayudar a los padres a criar al hijo en la fe cristiana, con mucha dignidad habéis encendido y llevado el cirio durante la ceremonia de bautismo, pero ¡vuestro trabajo no termina ahí! Más bien al contrario, acaba de comenzar. Y puede empezar con una acción concreta muy sencilla: rezar por vuestro ahijado. Es probable que vuestras jornadas estén a desbordar, quizás ni siquiera conseguís encontrar un ratito para rezar por vosotros mismos, así que aquí tenéis una mini oración recomendada por la web Hozana y que podéis recitar en cualquier momento pensando en vuestro ahijado o ahijada:
Señor, que tu mano proteja siempre a este niño para que nadie pueda causarle mal. Te doy gracias por tener la suerte de ser su padrino. Te pido que me ayudes a cumplir bien mi papel y a establecer con este niño un vínculo de confianza y afecto. Estaré ahí, junto a sus padres, cerca del niño, para levantarle cada vez que caiga. Amén.
Ya habéis hecho mucho con esto. Habéis confiado a vuestro ahijado o ahijada a la misericordia del Señor y pedido al Espíritu Santo que os ayude en vuestra misión de padrinos. Sin duda, Dios os insuflará la fuerza para repetir regularmente vuestra oración.

Encontrar ocasiones de expresar vuestro afecto (más allá de la Navidad y el cumpleaños)

Un regalo por Navidad, otro por su cumpleaños, y ya tenéis la conciencia tranquila del deber cumplido. Con un mínimo de dedicación, ya encarnáis al padrino o madrina perfectos. Pero vuestra aportación tendría mucho más valor si estuvierais presentes en los momentos en que vuestro ahijado no os espera necesariamente. Por ejemplo, celebrar su aniversario de bautismo es una bonita manera de subrayar la importancia del sacramento, el nuevo nacimiento en Cristo.  El papa Francisco invitó a ello en muchas ocasiones “para dar gracias a Dios por este don”. 
También generará una inmensa alegría en el ahijado que manifestéis vuestra cercanía e interés en los pequeños acontecimientos de la vida, como un campamento de scouts, una excursión escolar, exámenes, lesiones pequeñas o grandes… Pasar tiempo con el ahijado, invitarle a merendar o a pasar un fin de semana en vuestra casa, interesarse por sus motivaciones y sus problemas, hacerle preguntas en las reuniones familiares, son gestos que contribuirán a crear vínculos de afecto y confianza. Y estos lazos son importantes para cumplir otra misión: guiar al ahijado en su vida de cristiano.

El centro de la cuestión: guiar al ahijado en su vida de cristiano

La principal misión de los padrinos consiste en ayudar a los padres a que el niño llegue un día a profesar la fe cristiana y expresarla en su vida, dice el Ritual de Bautismo. Sin embargo, no siempre es fácil guiar a un niño, luego adolescente, en el camino de Cristo. A veces el niño está muy alejado del camino o, por el contrario, ya está bien acompañado por los padres. Entonces, ¿cómo encontrar el lugar como padrino o madrina?  Porque los padrinos tienen un papel específico que desempeñar, distinto del de los padres. De otro modo, el derecho canónico no precisaría que el padrino o madrina ha de ser alguien que “no sea el padre o la madre de quien se ha de bautizar”. Además, la Iglesia no exige que los padres estén bautizados y confirmados, mientras que sí lo exige para los padrinos.  Por tanto, aquí reside toda la responsabilidad de los padrinos y en este aspecto es donde vuestro ahijado cuenta con vosotros: en esta paternidad espiritual que exhorta a los padrinos a transmitir y luego mantener la fe de su ahijado.
De niños, esto se puede hacer a través de pequeños libros u otras herramientas educativas sobre la fe cristiana, oraciones recitadas juntos, velas encendidas en las iglesias, etc. A medida que el niño crezca, se pueden debatir cuestiones de fe, especialmente durante la adolescencia. Sin embargo, lo más importante es el modelo que ofrecéis a vuestro ahijado, un modelo de vida cristiana donde hay coherencia entre vuestra vida y vuestra fe, un modelo del que vuestro ahijado será un atento testigo. 
Ya lo habéis entendido; ahora solo os queda haceros discípulos de Cristo para transmitir a vuestro ahijado las ganas de seguiros en la dicha de la fe compartida. Hay una ocasión única de concretizar este impulso misionero: la Comunidad de Emmanuel organiza fines de semana para padrinos, madrinas, ahijados y ahijadas. Son un tiempo específico de formación, para compartir y rezar por el apoyo a vuestro ahijado (15 años mínimo) en su vida cristiana y reforzar vuestros lazos.


Mathilde De Robien, Aleteia