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sábado, 1 de agosto de 2026

A los 73 años, José comienza el proyecto más hermoso

Crédito: José Agustín González Contreras

Ordonné prêtre à 72 ans, José Agustín prouve qu'il n'est jamais trop tard pour répondre à Dieu

José Agustín González Contreras, de 73 años, fue ordenado sacerdote en España tras una vida dedicada a la arquitectura. En una entrevista con Aleteia, cuenta esta trayectoria inesperada que nos recuerda que nunca es demasiado tarde para responder al llamado de Dios

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Durante décadas construyó casas; ahora construye almas. Ordenado sacerdote el 27 de noviembre de 2025 en Córdoba, España, el chileno José Agustín González Contreras esperó más de 70 años antes de responder plenamente al llamado del Padre. Una vocación que maduró pacientemente a lo largo de una vida marcada por el trabajo, el duelo, el servicio y una profunda fidelidad a Dios.

"Para Dios, nunca es demasiado tarde"

"Para Dios, nunca es demasiado tarde. Él llama en cualquier momento de la vida. No existe una vocación tardía; simplemente, Dios tiene su momento para cada uno". Estas son las palabras de José Agustín, cuya historia es un hermoso ejemplo de ello. De hecho, para el padre José Agustín, ordenado a los 73 años, estas palabras no son una mera fórmula, sino el resumen de toda una vida.

Nacido en Chile en una familia católica, José Agustín creció al ritmo de la vida parroquial. Desde muy temprana edad se involucró en el movimiento scout y participó activamente en las actividades de su Iglesia. Sin embargo, al llegar a la edad adulta, eligió un camino completamente diferente: el de la arquitectura. Una profesión que lo apasionaba y en la que se realizó rápidamente.

Así, tras varios años de trabajo en Venezuela, fundó su propia empresa de construcción, sin imaginar que Dios lo llamaría, algún día, a construir de otra manera. "Diseñaba los edificios y los construía yo mismo. Todo iba a una velocidad increíble. Dios me bendecía constantemente y nunca me faltó trabajo", recuerda el religioso con emoción.

"Ya no construía para los hombres, sino para Dios"

El verdadero punto de inflexión se produjo en 2004, cuando a José Agustín se le encomendó la restauración del seminario de la diócesis de San Bernardo, en Chile. Al finalizar la obra, el obispo le propuso convertirse en arquitecto diocesano. Sin saberlo, esta nueva responsabilidad transformaría su vida. "Me di cuenta de que ya no construía la casa de tal o cual persona… Construía la casa de Dios. Sentía que algo estaba pasando dentro de mí, que Dios me pedía algo más", cuenta este hombre de setenta años.

Poco a poco, esa intuición fue creciendo. Al ingresar al Instituto del Verbo Encarnado, José Agustín aceptó seguir los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola. Una experiencia decisiva que le sirvió como una verdadera revelación en 2008. "Fue un impacto. A medida que avanzaban los ejercicios, comprendí que Dios tenía un plan para mí, un plan que había estado oculto durante mucho tiempo. Simplemente me decía: 'Abre los ojos´". Quien a los 65 años creía que su vida estaba ya trazada, comprende que el Señor lo llama ahora a una misión completamente diferente.

"El día más hermoso de mi vida"

José Agustín fue ordenado sacerdote el 27 de noviembre de 2025 en Córdoba, España.   José Agustín González Contreras

Sin embargo, a pesar de esta nueva certeza, el arquitecto no ingresa de inmediato a la vida religiosa. Si bien la llamada de Dios ya es clara, José Agustín considera que primero le espera otra misión. Su padre, gravemente enfermo, lo necesita. Por lo tanto, el futuro sacerdote decide posponer su compromiso para permanecer a su lado.

Una decisión que vive como una respuesta tanto al Evangelio como a su vocación. "Había comprendido el plan de Dios, pero pensaba que, ante todo, debía cuidar de mi papá por caridad. Lo acompañé durante ocho años, hasta su último aliento".

Al día siguiente del funeral de su papá, José Agustín llama a su director espiritual. "Simplemente le dije: Estoy listo". Esta vez, ya nada detenía al futuro sacerdote. Unos meses más tarde, en 2015, se fue de Chile a Italia y comenzó su formación. Rodeado de jóvenes seminaristas procedentes de unos veinte países, descubrió una vida cotidiana exigente para la que muchos pensaban que no estaba lo suficientemente preparado debido a su edad.

Aunque algunos se preguntan si podrá seguir el ritmo de sus compañeros, José Agustín está lejos de quedarse atrás. "¡Al final, eran ellos los que tenían dificultades para seguir mi ritmo! Dios me ha dado una energía increíble", cuenta el chileno con una sonrisa.

"Como arquitecto, construía con piedras. Ahora, Dios me llama a construir su Reino con almas".

Después de tantos años de discernimiento, espera y preparación, el día de su ordenación marca la culminación de un largo camino. El nuevo sacerdote habla de una alegría difícil de describir, impulsada por la certeza de haber respondido por fin al llamado de Dios.

"Fue el día más hermoso de mi vida. Me sentí totalmente entregado a las manos de Dios. Hoy tengo 73 años y me siento lleno de energía para cumplir la misión que Él me confía", confiesa el sacerdote antes de agregar: "Como arquitecto, construía con piedras. Ahora, Dios me llama a construir su Reino con almas".

Laura Marchais, Aleteia

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