
Courtesy of Karla and Moisés
Hace un año no formaban parte de la Iglesia. Hoy, su vida gira en torno a la fe y los sacramentos, con los cuales cultivan una relación viva con Dios.
La Pascua de 2026 promete, nuevamente, ser histórica dentro de la Iglesia. En Francia, 21 mil adolescentes y adultos serán bautizados. En Londres, la diócesis de de Westminster y la Arquidiócesis de Southwark también presentas cifras sin precedentes. El año pasado, Aleteia entrevistó, durante la Cuaresma, a 40 adultos que estaban esperando a ser bautizados durante la Vigilia pascual. Pero, ¿qué viene después de esos bautismos?
Aleteia entrevistó nuevamente a dos catecúmenos que se bautizaron el año pasado. El resultado ha sido un encuentro lleno de luz, en el que compartieron cómo Dios ha influido profundamente en su vida espiritual y personal.
Cuaresma 2025

El año anterior, durante el tiempo de Cuaresma, ambos comenzaron un camino que los llevaría de regreso al Cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia católica.
Moisés Granados, de 24 años, y Karla Hernández, de 30 años, recibieron el sacramento del bautismo y vivieron su primera Semana Santa como católicos. Desde entonces, su día a día han consolidado su vida de fe.
“He progresado mucho en mi vida espiritual y tuve la gracia de recibir la confirmación. Todo esto me hace sentir profundamente bendecido”, mencionó Moisés, quien continuó su formación después de recibir sus sacramentos. Por su parte, Karla también dio un paso importante al recibir el sacramento del matrimonio: “Tanto mi bautismo como mi boda fueron momentos muy importantes para mí, porque significaron culminar mis sacramentos, acompañada de la mano de Dios”.
El bautismo: un nuevo comienzo
El día de su bautismo, Moisés vivió una experiencia profundamente emotiva: “Fui un mar de lágrimas: no podía dejar de dar gracias, porque sentía que realmente estaba renaciendo. La primera vez que comulgué sentí una paz que no había experimentado antes, algo muy profundo”.

Durante todo su proceso estuvo acompañado por sus seres queridos: amigos, padrinos y familia. Incluso pudo vivir el Triduo Pascual de una manera especial: “Participé incluso en el lavatorio de pies, y aunque aún no formaba parte completa de la Iglesia, me sentí incluido. Fue un privilegio enorme”.
Karla, por su parte, recordó ese momento como un parteaguas en su vida. Anteriormente no tenía cercanía con la fe: “Pasé 30 años sin acercarme a ella, hasta que conocí a mi ahora esposo, quien me la mostró y me enseñó la palabra de Dios, los principios de la Iglesia y sus valores. Así fue como me interesé profundamente en la fe”.
Un año caminando en la fe
Con alegría, ambos coinciden en que este año ha sido un tiempo de crecimiento, marcado por la vivencia de la fe en cada etapa y en los distintos tiempos litúrgicos.
Karla destaca especialmente el crecimiento en virtudes:
“He notado que mi fe y mi bondad han crecido; siento que me he convertido en un mejor ser humano. También mi fe ha aumentado mucho: cada vez siento que conozco más a Dios, y eso me llena de alegría. Me gusta saber que Él existe y que está aquí para mí y para todos”.
Este crecimiento se ha traducido en acciones: cada lunes realiza un apostolado en un hospital de su ciudad; los jueves participa en adoración al Santísimo y, en su día a día, mantiene el hábito de escuchar el Evangelio camino al trabajo.

Por su parte, Moisés ha experimentado cambios en su entorno y en su vida cotidiana: asiste a Misa con frecuencia, participa en adoraciones y forma parte de un grupo católico. Además, servir en un retiro le permitió devolver un poco de lo recibido. En ese contexto, compartió que su hermano ha decidido iniciar su camino en la fe. "Espero que pueda bautizarse y descubrir su llamado. Ver cómo Dios me ha usado para influir en alguien tan importante para mí ha sido maravilloso”, menciona.
El amor de Dios impulsa naturalmente al encuentro y a compartir la fe; es una experiencia que termina tocando también la vida de los demás. Karla también lo vivió de manera concreta cuando su hermana mayor le dijo que fuera la madrina de bautizo de sus hijas. “Eso fue muy especial para mí”, confiesa.
Una Iglesia que acoge
Ambos coinciden en algo esencial: se han sentido acogidos dentro de la Iglesia. No solo han encontrado un lugar, sino una verdadera familia. Karla lo expresa así: “Siento más su amor y su presencia. Día a día se presentan situaciones, especialmente buenas, que sé que son obra y acción de Dios”.
Moisés, por su parte, añade: “En cada lugar al que voy, me ha hecho sentir abrazado y acompañado. No es solo que te inviten a acercarte, sino que realmente te acompañan en el proceso. En cada templo, en cada momento de oración, siento la presencia de Dios incluso en lo más pequeño”.

Sin embargo, el camino no ha estado exento de desafíos. Karla recuerda que, al inicio, no fue fácil: “Mi familia cercana, con la que crecí, se ‘reía’ o le parecía curioso que yo hablara de Dios en mis conversaciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, al ver que me he mantenido firme en este camino, su percepción ha cambiado”.
Moisés también lo reconoce con claridad: “La vida cristiana no siempre es fácil. Si Jesús fue tentado, ¿por qué nosotros no lo seríamos? Aun así, Dios siempre abre caminos”.
Vivir la Semana Santa
Esta Semana Santa representa para ellos una nueva manera de vivir la fe, con mayor conciencia del misterio que celebran.
Moisés desea “vivirla con la misma emoción e intensidad que el año pasado. Es una de las fechas más importantes para los cristianos”, y deja una invitación clara: “Vivir bien esta Semana Santa es clave para experimentar la paz que tanto buscamos”.

Karla, en cambio, quiere concretar el bautismo de sus sobrinas o “invitar a alguien nuevo a las oraciones de los jueves, alguien que realmente honre estos días santos”.
Un mensaje de esperanza
Finalmente, después de todo un año viviendo una hermosa relación con Dios, Moisés comparte un mensaje para quienes están considerando acercarse a la Iglesia:
“Le diría que no lo piense tanto, pero también que todo es a su tiempo. Lo que Dios hace en la vida de cada persona es algo digno de admirar y compartir”.
Yohana Rodríguez, Aleteia
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