Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
En una vida cotidiana ajetreada y cargada de emociones, la pareja puede verse rápidamente abrumada por el cansancio, los hijos y la gestión del día a día. Por ello, reconectar se vuelve esencial
"Por la noche estoy agotada, sé que me espera un segundo día de trabajo, el de cuidar a mis hijos. Es estupendo, pero tengo la sensación de que acaparan tanto mi atención que ya no tengo tiempo para mi marido. Una vez que los niños se acuestan, repasamos las tareas administrativas en pareja y luego nos dedicamos a nuestras actividades personales (leer, ver series, cocinar...) para intentar desconectar del día", explica Verónica.
Esta rutina diaria ilustra bien el reto al que se enfrentan muchas parejas: tras un día ajetreado, cada uno vuelve a casa con sus experiencias, sus emociones y, a veces, sus dificultades. Si bien es natural tomarse un tiempo para descansar, volver a conectar con la pareja es igualmente importante. "A menudo vivimos la vida del otro por poder cuando no estamos juntos. Compartir nuestras experiencias nos permite comprender mejor el punto de vista del otro.
Trabajar la relación es esencial: de lo contrario, la vida se reduce a una lista de tareas o a la resolución de problemas, sin nada que realmente cree confianza o espíritu de equipo", explica Bérengère de Charentenay, consejera matrimonial y familiar en Morbihan, y añade que "al igual que un músculo, la relación necesita mantenerse". Y para lograrlo, invita a plantearse la siguiente pregunta: ¿Cómo me gusta reconectar?
Rituales que nutren la pareja
Al igual que la oración de los cinco dedos —hola, perdón, por favor, gracias, te quiero—, la especialista propone algunas formas sencillas pero poderosas de reconectar y nutrir la relación de pareja. "Se pueden distinguir varios tipos de comunicación. El cara a cara permite compartir información, opiniones, conocimientos, lo que se vive a diario o los proyectos. El corazón a corazón sirve para expresar las emociones con palabras.
El cuerpo a cuerpo pasa por el tacto, los besos, las caricias. Y, por último, la comunicación alma a alma permite compartir la intimidad más profunda, los ideales y la espiritualidad", detalla la experta, precisando la importancia de ritualizar estos pequeños reencuentros en pareja. "Pero hay que tener cuidado de no "institucionalizar" demasiado estos momentos, para que no se conviertan en una obligación ni en una fuente de cansancio", advierte.
Un tiempo en pareja
En casa de Sofía y Pierre, esto se traduce en aperitivos los viernes por la noche en el restaurante que hay debajo de su casa. "Es nuestro momento. Podemos repasar la semana, hablar de lo más destacado y de ideas para el fin de semana. Rara vez podemos sentarnos juntos durante la semana, así que aprecio aún más estos momentos", afirma ella. En casa de Mariana y Samuel, son las confidencias en la cama, una vez apagadas las luces y acostados los niños, las que transforman a la pareja. "Es curioso lo bien que sienta charlar en el silencio de la noche", sonríe la joven.
Por su parte, Elena cuenta: "En mi familia, la cocina siempre ha ocupado un lugar importante. Todavía recuerdo que podíamos charlar con mi hermana o mi madre durante horas mientras tomábamos una infusión. Con Jacques, reproducimos naturalmente esta costumbre, lo que nos permite hablar no solo de nuestro día, sino también de otras cosas que nos preocupan o nos alegran".
Oración y unión
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Maylis y Paul, por su parte, se conectan durante su tiempo de oración con su comunidad. "Nos reunimos todos los miércoles para rezar, pero también para hablar de diferentes temas de la vida cotidiana. Es reconfortante", explica Maylis, confiada en que, durante la semana, se comunican con pequeñas notas cariñosas que dejan aquí y allá en el apartamento. "Incluso un simple "gracias por vaciar el lavavajillas". "Me alegra el corazón", confiesa la joven.
Reconectarse a diario no solo consiste en contarse cómo ha ido el día, sino también en crear espacios de ternura: invitaciones a la intimidad, pero también simples muestras de amor y cariño. "Es importante decirse que estamos contentos de estar juntos, compartir nuestras emociones y lo que nos apetece hacer por la noche. Es fundamental expresar con palabras lo que sentimos, porque la otra persona no está dentro de nuestra cabeza", concluye Bérengère de Charentenay.
Javier Alonso publica «Más allá del laberinto», con su testimonio y sus investigaciones sobre la pornografía, psicología, química y fe.
Un hombre en un laberinto oscuro busca la luz en las vidrieras, símbolo del deseo de libertad
Javier Alonso, (javieralonso.org) formador en comunicación y liderazgo empresarial, ha escrito un libro directo, intenso, sincero y poderoso de apenas 180 páginas. Se titula Más allá del laberinto: cómo me liberé de la pornografía (Albada). Es un libro testimonial, pero también muy analítico y documentado. Está, además, muy bien escrito. Engancha, no agobia.
A muchos les recordará el clásico Dios existe, yo me lo encontré, de André Frossard, por su prosa cuidada y porque también él deja su experiencia fuerte de Dios, en este caso de sanación, para el final, aunque en otros capítulos cuenta su camino hacia Dios, y también el de su esposa. La pornografía es sólo un aspecto del libro, aunque muy esclavizador. De fondo, un viaje al reconocimiento de las heridas de las que partía, nada infrecuentes, comunes a muchos: heridas de niño, inseguridades de joven, algunos fracasos en la vida adulta...
Javier aprendió a entender su historia con ayuda de una coach y supo crecer en su relación matrimonial, en su relación con Dios, consigo mismo. Todo eso ayudó. Estudió lo que la ciencia ha descubierto en años recientes sobre el porno. Pero, al final, fue una oración sincera, y una intervención sanadora de Dios, lo que le liberó.
- Tú leíste un testimonio de Raúl Eguía, quien hizo una oración sincera y sintió que Cristo le liberaba de la adicción. Y le imitaste...
- Sí, le conocí en persona unos dos años después. Primero hablé con su mujer. Le dije: "he mencionado a tu marido en una oración mía con Jesús". Le llamó la atención, claro, y ya nos encontramos y hablamos. Raúl Eguía es una persona fantástica e inspiradora, un hombre cercano a Dios.
- El libro habla mucho de ciencia y psicología, pero luego cuentas una historia de liberación por acción de Dios. ¿Qué puede hacer la Iglesia en el tema de la pornografía?
- El libro empieza con un itinerario humano. Luego explica la parte de fe. La Iglesia puede ayudar a que cada uno se conozca a sí mismo. El autoconocimiento ya es parte de la terapia. La Iglesia puede acompañar en una oración que tenga una parte de psicología. Puedes rezar: "Señor, ayúdame a entender de dónde viene esto que me pasa". Creo que Dios quiere que nos conozcamos a nosotros mismos y eso nos ayudará a sanar.
Javier Alonso explica su testimonio con la pornografía, cómo le dañaba, como la dejó y cómo intervino Dioscedida
- Pero en tu caso hiciste una oración pidiendo ser sanado, liberado...
- Sí, la guinda es pedir la sanación y liberación. Hay que pedirla y la Iglesia debería favorecer que los fieles pidan en esos signos extraordinarios y los pidan. Muchos cristianos han dejado de creer que el Espíritu Santo puede ser fuente de sanación. Las iglesias protestantes trabajan más esa confianza en el Espíritu. A través de la Renovación Carismática Católica, y con otros movimientos que rezan por sanación, hay más gente que crece en esta dimensión. A veces hemos reducido a Dios a los sacramentos, a veces lo consideramos como un "funcionario de absoluciones". En el libro digo que Dios perdona, sí, pero también libera.
Más Allá del Laberinto, de Javier Alonso, es un libro testimonio con fe, pero también un estudio sobre los mecanismos químicos y psicológicos de la pornografíaalbada
- Alejandra, tu esposa, que es psicóloga, escribe unas páginas. Ella pide al lector fijarse en sus reacciones, enumerando algunas posibles heridas...
- Habla ahí como psicóloga, busca que el lector conecte emocionalmente, que no se despegue. El libro puede servir para dar un paso más. A quien lo lea sufriendo de desesperanza o fragilidades le puede ayudar.
- ¿Qué te convenció para escribir con valentía de este tema tan íntimo?
- Durante un tiempo hice charlas en colegios, con la fundación Aprender a Mirar, que previene contra la hipersexualización en la tecnología. También hablaba en retiros. Vi que mi testimonio suscitaba interés, empatía y reconocimiento. Vi el fruto enseguida. Era un tema tabú que nadie abordaba. Recibí un gran regalo y sentí que tenía que compartirlo. Hace 2 años hice una charla que no me salió muy bien, empecé a ponerla por escrito y así salió la idea del libro. Pensé que llegaría a más gente.
- ¿No te dio miedo?
- En oración, el Señor me dijo: "¿Estas dispuesto a pasar vergüenza?" Y pensé: "Si estoy dispuesto, estoy priorizando a Dios sobre mi ego". Y me lancé.
- Cuando hablas de estos temas en persona, en conferencias, ¿los argumentos del publico se parecen a los de los comentaristas de Internet?
- En Internet se da lo que los psicólogos llaman el efecto burbuja. Pasa en los foros online y en tu coche: te desinhibes, gritas, insultas... Haces cosas que no harías en tu día a día normal. Eso no es la vida real. En cambio, en las conferencias la gente viene en privado a contarme sus experiencias al final. Algunos se engancharon al porno muy jóvenes, y les afectó más al cerebro. Otros me dicen: "ahora entiendo por qué me separé de mi mujer", no habían llegado a relacionarlo.
- Hay quien quita importancia a la pornografía. Alguno dice: "lo malo es el exceso, una vez al mes no es malo"...
- La distancia entre cero y uno es infinita. Sí, hay adicciones donde el veneno está en la dosis. Pero con la pornografía no es así. Por ejemplo, ¿hay un consumo sano de cocaína o heroína? Una dosis ya es algo malo. Pues el porno funciona igual que la cocaína: genera en el cuerpo picos enormes de dopamina. No hay un consumo sano de eso, igual que no hay un consumo sano de adulterio. Es pernicioso, no solo desde la moral, sino desde la salud y la psicología.
- Algunos dicen que lo malo es el uso desmedido, como con la afición al fútbol o la política...
- El cerebro quiere agua, comida, sexo, relaciones interpersonales y novedades. Te recompensa esas cinco cosas. Pues bien, hay versiones exageradas, hiperestimulantes, de cada una de esas cosas. Las bebidas como la Coca Cola, la comida basura, el Instagram para las relaciones y el porno para el sexo. Esos picos enormes de dopamina son como un malware que afecta a tu comportamiento. Dejas de preocuparte por lo bueno y vas a la dopamina. No acudes al sexo real, que cada vez empeorará, sino que acudes al porno. ¡Eso no pasa en el fútbol y la política! Es que el cerebro queda atrapado en ese sistema de recompensas químicas.
- Hay quien dice que el porno es "lo de siempre" y compara con vídeos o revistas de hace 50 años...
- No, no, las cosas han cambiado mucho. Hasta 2005, el hombre, con su mentalidad paleolítica, tenía un acceso complicado a la pornografía. Tenía que ir al quiosco o al videoclip, la dosis era baja, era difícil descargar algo de Internet. Pero en 2005 llegó YouTube y el Internet de alta velocidad, con el reenvío fácil de links a videos. El carvernícola se saltó millones de años y pasó de la escasez a comilonas inacabables en buffet libre. Hay gente que cuando le hablan de porno piensa en su consumo de hace décadas. Ahora es muy distinto a eso: es una oferta instantánea, infinita, con 7 pestañas abiertas a la vez, y está en tu bolsillo, en el móvil, a cualquier hora, en cualquier lugar.
- Otros dicen que las imágenes malas son las que explotan actores, pero que con dibujos animados porno (japoneses, por ejemplo) o generados por IA, imágenes ficticias, no es malo...
- Es verdad que no explotarás actores, pero afectará igual al cerebro del consumidor. Y afectará a tus relaciones. Dicen que la mitad de divorcios en EEUU tienen que ver con la pornografía. Si tu pareja prefiere dibujos animados a su cónyuge, si está enganchada a esas fantasías... afectará a la pareja.
- ¿Qué piensas de la actitud "yo quiero reducir el consumo, pero no renunciar a ello por completo"?
- Le diría: ¿por qué quieres reducir el consumo? ¿Reconoces que te afecta mal en la vida? Yo recomendaría que lo deje de manera radical, no hay consumo sano. Sigo a Alejandro Villena, psicólogo que insiste en que no hay dosis buena. Además, ¡te va a enganchar y arrastrar! Cada vez habrá más oferta: IA, OnlyFans (que roza la prostitución), gafas de realidad virtual, etc... Hay avances, algoritmos y tecnologías que sólo quieren engancharte.
- Hay especialistas que hablan de un efecto química del porno que recablea el cerebro...
- Es así. Esos picos de dopamina generan una hipermemoria. Hacen que recuerdes como una foto del momento, la emoción, el lugar... tu cerebro lo almacena como algo valioso. A ese nivel, se genera una proteína que sí, recablea físicamente tu cerebro. Pide que ese hábito se repita. Te desinhibe más aún. Incluso se ha medido físicamente con tomografías cerebrales, el cerebro cambia. Es terrible: ¡un software tan malo que te recablea físicamente el cerebro!
- ¿Las mujeres consumen pornografía? ¿Cómo les afecta?
- Las estadísticas dicen que ellas, que tradicionalmente casi no consumían porno, ahora lo hacen más. Si han consumido un 80 o 90 por ciento de hombres, hoy sería un 40% de mujeres. Algunas llegan a la adicción también. Hay contenidos específicamente para ellas. Hoy las jóvenes empiezan a ver porno ¡para saber lo que excita a los hombres, por gustarles! La nueva cultura porno genera una serie de reglas que se supone que tenemos que seguir. Por ejemplo, el porno fomenta la idea de que el hombre ha de ser agresivo y la mujer sumisa, y unos y otras reciben ese mensaje.
- En cierto momento hablas de distinguir entre vergüenza y sana culpabilidad...
- Fíjate que no es un tema solo de creyentes. Imaginemos que eres ateo, preparas una maratón y te fumas dos cigarros. ¡Bajará tu rendimiento! Te marcaste un objetivo y lo saboteaste. La culpa te señala, aunque seas ateo, que hay algo que no va bien, y lo reconoces. Si lo sabes gestionar bien, esa culpa te ayudará a mejorar. Cambiarás hábitos, entrenarás, etc... Lo mismo si quieres un matrimonio sano, una buena relación... La culpa sana es la que te hace consciente de tus objetivos y te anima a mejorar. La vergüenza, en cambio, sería solo esconder y cuidar tu reputación, un tema de ego, de preocuparte solo por tu imagen pública.
- ¿Qué piensas de los programas de 12 pasos?
- Conozco gente que los usa para otras adicciones. Funciona bien porque tienes una comunidad que apoya, donde puedes hablar. Seas o no creyente eso ayuda. Esos programas hablan de acudir a un Poder Superior, porque si todo depende de ti, generas más ansiedad. El primer paso de los 12 es "reconozco que tengo un problema". Pero con el porno, al ser una droga invisible, muchos tardan en dar ese primer paso. Muchos consumen sistemáticamente sin saber que tienen un problema.
- ¿Hay webs o programas que recomiendes especialmente?
- En España, Dale una Vuelta es de lo mejor. En inglés, y también en español, está FighttheNewDrug, que da muchos estudios científicos. Son aconfesionales, los fundadores creo que son ateos. Recopilan datos sobre el impacto del porno en el cerebro y en las relaciones. Recomiendo para padres que traten el tema con sus hijos apoyándose en DefendYoungMinds, que tiene artículos y guías. Un buen libro es Imágenes buenas, imágenes malas, para hablar a niños a partir de 7 años. Los padres deben hablar de esto con los hijos antes que lo hagan sus amigos.