
La adolescencia se caracteriza por el deseo natural del adolescente de separarse de sus padres para construir su propia identidad. Esta necesaria distancia se manifiesta, en particular, a través de cierta oposición. La comunicación con un adolescente puede convertirse entonces en un reto para muchos padres. Sin embargo, este periodo crucial también puede convertirse en una oportunidad para construir una relación más madura y respetuosa.
Anne-Claire de Pracomtal, terapeuta familiar, coach y cofundadora de la plataforma "IAMSTRONG" para acompañar a adolescentes y padres en dificultades, lo subraya con fuerza: "Hay que reorganizar un poco la forma de comunicarse con los hijos".
Junto con la experta Erika Seydoux, propone los cinco pilares de la comunicación positiva que hay que establecer con un adolescente. Se trata de pautas concretas que favorecen un diálogo más tranquilo, refuerzan la confianza y mantienen un vínculo sólido a pesar de las turbulencias de la adolescencia.
1El "tú" mata, yo digo "yo"

La comunicación con un adolescente puede convertirse rápidamente en un conflicto cuando se basa en acusaciones, especialmente a través del "tú" ("siempre haces...", "nunca respetas..."). Una forma de comunicación que a menudo resulta contraproducente.
"Incluso cuando los padres mantienen la calma, o simplemente quieren ser directos, este tipo de formulación puede ser percibida como agresiva por el adolescente, que entonces corre el riesgo de ponerse a la defensiva", precisa Anne-Claire de Pracomtal, invitando a los padres a utilizar afirmaciones en "yo" que permiten expresar sus emociones sin poner al otro a la defensiva. "Me siento frustrado", "necesito"... Son frases que fomentan una comunicación sin culpas ni discusiones y permiten que se escuche al otro.
"Cuando surge un problema y el enfado es legítimo, es importante expresar lo que se siente sin ser demasiado agresivo ni acusador. Decir lo que se siente, en lugar de lo que el otro 'hace mal', abre más el diálogo", insiste la especialista.
2El copilotaje
Del mismo modo, una postura demasiado autoritaria, sin espacio para el debate, complica el diálogo. "Imponer las normas de forma unilateral, sin explicarlas ni elaborarlas juntos, limita la aceptación por parte del adolescente. Las normas de convivencia son necesarias, pero la forma de presentarlas y aplicarlas marca la diferencia", continúa Anne-Claire de Pracomtal, quien señala que los padres no deben ser los pilotos de la vida de sus hijos, sino colaborar para encontrar soluciones en lugar de imponerlas.
Por ejemplo, al comienzo del año escolar, en lugar de imponer un horario, establecerlo juntos (horarios, comidas, deberes, tiempo libre). "Esto permite involucrar al adolescente, le da opciones y evita que sienta que todo se decide sin él. Esta colaboración fomenta la responsabilidad y reduce los conflictos".

3El tiempo muerto
"Nada se resuelve con gritos o bajo el influjo de la ira", advierte Anne-Claire de Pracomtal. La especialista en adolescencia recomienda una estrategia de comunicación sencilla pero eficaz para evitar que los conflictos se agraven: cuando la discusión se vuelve demasiado emotiva y el diálogo pierde toda eficacia, es aconsejable tomarse un respiro y, si es necesario, establecer una distancia física temporal. "Este momento permite a cada uno recuperar la calma, bajar la tensión y volver a la discusión en mejores condiciones".
4Dejar ir
Atención, dejar ir no significa abandonar. Se trata más bien de elegir las batallas. "Querer controlarlo todo —la ropa que lleva tu hijo, sus notas, sus amistades o sus hábitos— no solo es poco realista, sino también contraproducente. Al querer controlarlo todo, los padres corren el riesgo de que sus hijos dejen de escucharles", explica Anne-Claire de Pracomtal.
Quien aconseja identificar lo que es realmente importante, lo que forma parte de los valores y las responsabilidades educativas que se desean transmitir. "En estos aspectos, el marco debe ser claro y asumido. En cambio, para el resto, es beneficioso confiar en el adolescente". Esta postura favorece la autonomía, refuerza la relación de confianza y hace que la comunicación sea más tranquila y eficaz.
5El tiempo juntos

El tiempo juntos, o el hecho de pasar tiempo juntos, es esencial para mantener el vínculo con su hijo adolescente. Aunque esta edad suele caracterizarse por un distanciamiento, sigue siendo importante interesarse por su mundo y por lo que forma parte de su día a día. El reto consiste en localizar puntos de encuentro, momentos compartidos que permitan alimentar la relación sin forzarla.
"Esto puede hacerse mediante actividades elegidas juntos: ir al cine, practicar una actividad deportiva o creativa elegida conjuntamente", enumera Anne-Claire de Pracomtal. Y señala que, hoy en día, muchos adolescentes y padres viven en mundos paralelos, sobre todo debido a las nuevas tecnologías. "Los padres pueden encontrarse desconectados de lo que ven, hacen o viven sus hijos adolescentes. Es como si un muro invisible los separara". Tomarse el tiempo para entrar en su mundo permite reducir esta distancia y reforzar una relación basada en la comprensión y la presencia".
Estas claves de comunicación nos recuerdan que la relación con nuestros hijos adolescentes no se construye a base de enfrentamientos, sino de escucha, respeto y confianza. Se trata de principios sencillos, aplicables a todas las relaciones (de pareja, laborales, de amistad), que permiten fomentar intercambios más serenos y reforzar de forma duradera los vínculos cotidianos.
Anna Ashkova, Aleteia
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