martes, 19 de septiembre de 2017

Nueve mujeres de rostro alegre: arriesgaron su vida en el embarazo por salvar la de sus hijos


Nueve mujeres de rostro alegre: arriesgaron su vida en el embarazo por salvar la de sus hijos
Phil y Kim Vaillancourt con el pequeño Wyatt Eli. Kim ha logrado sobrevivir al
cáncer tras dar a luz al niño. Foto: Buffalo News.

El aborto directamente procurado jamás es una alternativa lícita para una
 madre, ni siquiera en riesgo para su vida. Caso distinto es recibir un tratamiento necesario para salvar a la madre, que tenga como resultado indirecto, previsto 
pero no deseado ni buscado, la muerte del feto, como sucede en el caso de 
mujeres a las que se diagnostica un cáncer: pueden legítimamente someterse 
a quimioterapia o radioterapia potencialmente mortales para su hijo.

Muchas, sin embargo, no lo hacen, y lanzan un mensaje al mundo que 
Benedetta Frigerioha querido recoger en La Nuova Bussola Quotidiana
 recordando nueve de esos casos que han saltado a la opinión pública en los
 últimos años, enmarcados entre una santa, Gianna Beretta Molla, y quien 
tal vez lo sea pronto: Chiara Corbella Petrillo.



Gianna Beretta Molla (1922-1962), beatificada en 1994 y canonizada en 2004.

Chinas, europeas, cristianas. No son santas como Gianna Beretta Molla, pero son decenas las mujeres normales que han aparecido en los periódicos en los últimos años por haber elegido sacrificar su salud, con el riesgo de perder la vida, con el fin de proteger y alumbrar a sus hijos. En su mayoría son enfermas de cáncer que han rechazado la quimioterapia. Algunas han fallecido tras el nacimiento de sus hijos; otras han sobrevivido gracias al tratamiento recibido después del parto. En cualquier caso, todas han demostrado, consciente o inconscientemente, que el amor materno está llamado a amar hasta sacrificarse por el bien del hijo. Aquí no tiene nada que ver la fe cristiana (que, en todo caso, ilumina y sostiene al hombre en lo que es verdad), porque estas mujeres demuestran que ésta es la verdadera naturaleza de la mujer y la sublimidad de cada ser humano, que lleva escrito dentro de sí la verdad. 
 
"Impensable hacer nada que pueda dañar a mi hijo"
La última que ha sacrificado su vida es Tasha Trafford, madre inglesa diagnosticada en 2012 de un cáncer de huesos poco común, del que se había curado. Sin embargo, el tumor volvió en 2015, cuando Tasha estaba embarazada. Los médicos le dijeron que abortara de inmediato cuando estaba en la decimosexta semana de embarazo, pero la mujer, de 33 años, se negó y once meses después del parto falleció.


Tasha Trafford sobrevivió once meses a su hijo: jamás el pequeño recibirá tanto amor como en ese tiempo. Foto: WalesOnLine.

La familia de Tasha ha declarado que el pequeño está muy bien gracias al sacrificio de su madre, que explicó que "vivir una vida sin saber lo que significa la alegría de ser madre hace que el aborto no sea una opción". Que es como decir que la vida está hecha para ser dada y que para alcanzar este fin vale la pena incluso morir. "Y aunque sé que rechazar la quimioterapia hasta el momento del parto es un riesgo grave, es impensable para mí hacer nada que pueda dañar a mi hijo", añadió. Pero, ¿cómo no ocuparse del drama de un niño que crecerá sin madre? "Sé que no podrá ser más amado que así". Efectivamente. El pequeño crecerá sabiendo que tuvo una madre que con tal de que viviera y creciera estuvo dispuesta a morir. A morir por él. Así, dijo Tasha, "aunque yo no esté, una parte de Jon [el marido] y de mí vivirá en nuestro hijo".
 
"Imposible sacrificar su vida para salvar la mía" 
Antes de Tasha, otra mujer inglesa, Jo Powel, descubrió en 2010, estando embarazada, que tenía un cáncer. Dos años después contaba así su primera reacción: "Cuando oí la palabra cáncer mi primer pensamiento fue: perderé a mi hijo".


Jo arriesgó... y consiguió vencer al cáncer una vez nació el pequeño Jake. Foto: Caters News Agency. MailOnline.

Jo, que deseaba tener un hijo desde hacía tiempo, ha explicado que "era imposible para mí sacrificar su vida para salvar la mía. Y sabía que aunque el riesgo era que yo muriera, lo habría hecho para generar otra vida". Afortunadamente, el tratamiento que recibió después del parto la salvó. (ReL contó la historia de Jo en 2012, pincha aquí para leerla.)

"Nos volveremos a ver en el paraíso"
Carrie DeKleyn, en cambio, nunca tuvo miedo de morir, pero sí de perder a su hijo. Por esto, en 2011, rechazó el tratamiento contra un tumor, el glioblastoma, muy agresivo y que afecta al cerebro. La mujer, residente en Michigan y madre de cinco hijos, tras haber alumbrado acabó en "estado de conciencia mínima" (erróneamente llamado "estado vegetativo"). Obviamente, en cuanto descubrieron el tumor los médicos, en lugar de ayudarla, le propusieron el homicidio de su hijo, que ella rechazó.


Hace semanas que Carrie no ha recuperado la conciencia, en un lento camino hacia la muerte. La salud de su hijo es "excelente", dice Nick. Foto: People.

No solo: también rechazó someterse a quimioterapia. El marido, Nick DeKlyen, ha contado que los médicos le dijeron: "Si no abortas, Carrie, morirás". Pero ella dijo: "Sigamos adelante". El marido, creyente, ha dicho que se sintió triste pero lleno de esperanza porque "ella sabe que esta vida es muy breve y que nos volveremos a ver en el paraíso". Carrie, madre afectuosa, recibe ahora los cuidados de su familia: "Siempre le digo que estoy a su lado y que no la abandonaré nunca", ha explicado el marido, añadiendo que estaba "orgulloso de ella" y demostrando qué significa amar de verdad. (ReL contó la historia de Jo en 2012, pincha aquí para leerla.)

Una estrella de la televisión sin narcisismo alguno 
En 2014, Qiu Yuanyan, estrella del espectáculo en China, tras haber descubierto que tenía un tumor, rechazó el tratamiento para no arriesgar y comprometer la vida, e incluso la salud, del hijo que llevaba en su vientre. Tras el parto empezó el tratamiento, pero no consiguió salvarse. Cien días después Yuanyan fallecía.


Qiu fue una presentadora de televisión de éxito, pero encontró algo más importante que eso: el  hijo que llevaba dentro. Foto: MailOnline.

Sus fans hablaron de un ejemplo "contrario al narcisismo" moderno y de "verdadero espíritu de sacrificio".
 
Ella fue "el paraíso en la tierra" para los suyos 
Los médicos le dijeron a Kathy Taylor que tenía un cáncer después de quedarse embarazada de su sexto hijo. También ella rechazó el tratamiento antes del parto, a pesar de que el tumor ponía en peligro también la vida del pequeño, que murió dos semanas después de nacer prematuro.


Kathy se reunió pronto con el hijo al que quiso ver nacer. Foto: MailOnline.

La mujer había intentando llevar el embarazado hasta el final, a pesar de que los riesgos aumentaban a medida que avanzaba el tiempo; pero cuando el hígado empezó a fallar tuvo que someterse obligatoriamente a una cesárea. Tras el parto, en 2015, el pequeño murió a causa de una infección.

Conmueven las imágenes de la madre, una bellísima mujer de 34 años, con el hijo en el regazo, y las palabras en el blog de su marido (Kathy's Miracle) que explican que ha muerto como ha vivido "entregándose a sí misma" y "amando sin egoísmo: su extrema devoción hacia mí y su alegría infinita por sus hijos eran, para mí, el paraíso en la tierra".

"Mi instinto materno ya estaba allí"
En 2015, Holley Tierney, profesora de danza de 25 años, estaba embarazada de gemelos desde hacía casi seis meses cuando descubrió que tenía un tumor. También en este caso los médicos le propusieron el aborto. Pero también en este caso la mujer decidió correr el riesgo de morir con tal de proteger a sus hijos: "Era imposible para mí abortar... mi instinto materno ya estaba allí, presente".


Holley Tierney ha sobrevivido y han sobrevivido sus hijos porque ella no quiso ni abortarlos ni precipitar su nacimiento. Foto: Caters News Agency. MailOnline.

A pesar de todo, cuando los médicos comprendieron que Holley no quería abortar, intentaron convencerla de que había que provocar el parto mucho antes de salir de cuentas. Pero Holley se opuso también a esto, y pidió llegar por lo menos a la trigésima semana de embarazo. Y mientras su salud empeoraba, los pequeños crecían fuertes. En el parto, Holley era pura alegría: "Ha sido el día más feliz de mi vida... ha sido un riesgo que ha valido la pena sobre todas las cosas, porque lo único que me interesa es su salud". A pesar del espantoso cuadro que le pintaron los médicos, que querían convencerla a un parto prematuro, Holley, cuando vio a sus hijos, pensó que a pesar de que había sido "duro, sabía que tenía que ser fuerte por mis hijos". Los cinco ciclos de quimioterapia fueron físicamente agotadores.

"Él me dio una oportunidad y tengo que devolvérsela" 
En abril de 2016, una mujer de Nueva York, Kim Vaillancourt, dio a luz a un niño tras haberse negado a que le administraran la quimioterapia durante el embarazo. Diagnosticada de glioblastoma, Kim empezó el tratamiento después del parto. Todo ello a pesar de tener ya dos hijos naturales y tres adoptados.


Kim y su marido, rodeados de tres hermanas de ella y otros familiares. Foto: MailOnline.

Según la mujer, el niño estaba allí para ayudarla: "El pequeño me ha dado una posibilidad y yo tengo que dársela a él", a pesar de que los médicos definieron su decisión "una carrera contra el tiempo". Un año después Kim sigue en tratamiento, pero sus condiciones son estables.
 
"Es mi hija y quiero salvarle la vida"
Veintisiete años y un cáncer de ovarios descubierto cuando estaba en la decimosexta semana de embarazo. Pero la alemana Gemma Nuttall no tuvo dudas: empezaría el tratamiento después del parto. Dos años y nueve meses después el tumor volvió a aparecer en 2016, pero Gemma dijo: "No quería abortar. Ésta es mi hija y quería salvarle la vida". Además, "ella ha salvado la mía porque, si no fuera así, no me hubiera hecho una ecografía".


Gemma Nuttall ha padecido hasta cuatro cánceres distintos, pero antepuso su embarazo. Foto: MEN Syndication. MailOnline.

Gemma y su prometido estaban pensando en casarse antes de descubrir la enfermedad y empezar el tratamiento. Hace un año, aunque su vida aún corría peligro, dijo que "no me arrepiento de mi decisión. Mi hija lo es todo para mí. Y lo ha sido desde el momento en que me quedé embarazada".
 
"Jamás hubiera eliminado a mis adorables hijos" 
"Ha sido un alivio enorme saber que el tumor no se había extendido, pero en cuanto he digerido la noticia, mi preocupación han sido enseguida mis gemelos". Así contó en mayo de este año Becky Anderson, de Portsmouth, su historia de madre embarazada y enferma de cáncer. Los médicos le dieron un ultimátum: abortar y empezar la quimioterapia, pero ella ha explicado: "El aborto no era una opción, nunca he pensado hacerlo: jamás hubiera eliminado a mis adorables hijos".


Para Becky sus hijos son "una alegría absoluta". Foto: News Group Newspapers Limited. The Sun.

Tras el parto Becky estaba agotada y agonizante pero "cuando me los pusieron en el pecho... lloraba por una mezcla de amor y asombro, por fin podía acunarlos". Los niños tienen ya seis meses y Becky sigue en tratamiento, pero "no cambiaría mi decisión por nada en el mundo. Son una alegría absoluta y los amo muchísimo". 

Es la ley del corazón materno
Estas son sólo algunas entre muchas historias similares. Y, sin embargo, la mayoría de los médicos y del mundo se obstina en proponer la eliminación del otro como única posibilidad a la propia supervivencia y al propio bienestar, poniendo la vida del más fuerte por encima de la del niño y, sobre todo, violando la ley grabada en el corazón de cada madre. Una ley que dice lo opuesto: que la mujer está naturalmente hecha para dar la vida, para dar espacio a otro, para cuidarlo y pensar en sus hijos más que en ella misma. En esto está su verdadera satisfacción. Y, de hecho, se siente realmente realizada cuando sabe que ha contribuido a la salvación de su hijo. El mundo empuja individual y narcisistamente a hacer lo contrario, desnaturalizando a la mujer, que vive pensando que es libre pero que, en realidad, se siente eternamente insatisfecha. A pesar de todo, la verdad continúa y emerge con claridad gracias a innumerables ejemplos.


El 13 de junio de este año, cinco después de su muerte, se abrió el proceso de beatificacion de Chiara Corbella Petrillo.

Porque como dijo la Sierva de Dios Chiara Corbella (muerta a causa de un tumor que no trató durante su tercer embarazo) tras haber rechazado el aborto de su primogénita enferma, después nacida en el cielo a las pocas horas del parto, "el Señor introduce la verdad dentro de cada uno de nosotros y no hay posibilidad de tergiversación".
ReL

lunes, 18 de septiembre de 2017

10 alimentos que no deberías guardar en la nevera

Es cierto que muchos alimentos requieren refrigeración para que se conserven mejor y por más tiempo, pero debemos saber que hay algunos que pueden estropearse y perder sus propiedades organolépticas por someterlos a bajas temperaturas

María Eugenia Brun, aleteia
Muchas veces pensamos que guardar la mayoría de los alimentos en el refrigerador es lo mejor para evitar que no aparezcan microorganismos que dañen el alimento y no se puedan consumir, pero no siempre es así.
Lo que sucede es que el frío puede acelerar el proceso de descomposición de alguno de ellos y provocar que pierdan su sabor original.
Los principales factores que afectan el tiempo de conservación son la sal y el azúcar que contiene cada alimento, así como la cantidad de agua en su interior, la acidez, el empaquetado y los tratamientos especiales realizados, como puede ser por ejemplo un proceso de ahumado.

Alimentos que no es conveniente refrigerar

United Soybean Board | Flickr CC
1. Papa y boniato o batata
Lo que le sucede a la papa y al boniato es que el frío del frigorífico convierte el almidón en azúcar por lo que se modifica su sabor y textura quedando estos productos harinosos y más dulces. A su vez, puede producir el aumento de un químico llamado acrilamida que no es bueno si la papa se fríe u hornea a altas temperaturas. Por lo tanto, lo ideal es conservarlos en bolsas de papel o rejilla en un lugar seco y oscuro como puede ser la despensa. Es importante también guardarlos separados de las cebollas.
©Mythja/Shutterstock
2. Tomate
El aire frío disminuye su sabor y consistencia porque hace que se frene el proceso de maduración del tomate que es lo que les da el sabor. A su vez, el frío hace que se rompan las membranas en el interior de las paredes dándole una textura harinosa. Entonces, lo recomendable es conservarlos en un bol o cesta o carrito y si llegan a estar maduros cocinarlos o hacer una salsa de tomate.
Shutterstock-Es75
Cítricos
3. Frutas
Principalmente las frutas subtropicales, como la banana o el plátano, el mango, la piña y la papaya, son muy susceptibles al frío. Las bajas temperaturas debilitan sus tejidos y además anulan las enzimas que le permiten madurar ocasionándoles daños en su superficie, oscurecimiento, aparición de agua y pérdida de sabor. Lo mejor para evitarlo es conservarlas en un lugar templado de la cocina.
Luis F-CC
4. Aguacate o palta
Al conservarlo en el refrigerador se retrasa su maduración. Si necesitas que maduren lo recomendable es mantenerlo a temperatura ambiente. Una vez esté maduro, y si todavía no se desea comer, conviene guardarlo en la nevera. 
Shutterstock
5. Aceite de oliva
Conviene mantener el aceite en un lugar fresco y sin luz para evitar principalmente que se altere el sabor, ya que el frío lo condensa y endurece tomando una consistencia de mantequilla.
CC Rainer Zenz (based on copyright claims).
6. Aderezos
Aunque el frío no daña los aderezos, éstos pueden almacenarse fuera del refrigerador cuando son a base de vinagre y aceite como, el vinagre, la mostaza, salsas picantes y kétchup.
Shutterstock-Es75
7. Miel
Es muy importante que este alimento se conserve bien tapado y a una temperatura ambiente, ya que en la nevera se cristaliza y espesa más fácilmente.
Shutterstock/Wollertz
8. Ajo y cebolla
Ambos, al natural, son alimentos secos por lo que si los guarda en el refrigerador propicia la generación de humedad acelerando su proceso de oxidación. Solamente en el caso de que estén ya cortados se pueden guardar en un recipiente hermético en la frigorífico.
© Shutterstock
9. Albahaca y hierbas aromáticas
Si se compran frescas lo ideal para su mejor conservación es colocarlas en un vaso de vidrio con agua sobre la mesada de la cocina. Refrigeradas se marchitan rápidamente y adquieren el olor de otros alimentos. Si son secas conviene guardarlas en la despensa.
© Marie-Laure Tombini / Ôdelices
10. Pan
Es muy común guardar el pan en el refrigerador para su mejor conservación pero provoca todo lo contrario. Las bajas temperaturas aceleran el proceso de deshidratación del pan, ya que las moléculas que lo componen como la fécula y el gluten se modifican, el agua se separa de la fécula haciendo que vuelva a su forma original y se endurezca. Así que lo mejor es guardarlo tapado a temperatura ambiente.
Es muy importante aprender a conservar bien nuestros alimentos ya que es una manera de hacer un uso responsable y de evitar su derroche.  Ahora solo queda poner orden en el refrigerador y en la depensa para disfrutar en familia con el sabor, aroma, textura y nutrientes característicos de cada producto.

domingo, 17 de septiembre de 2017

¿Son compatibles el karma y la fe católica? Este Obispo ofrece una clara explicación


Imagen referencial / Foto: Pixabay (Dominio Público)

 El Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Los Ángeles en Estados Unidos, Mons. Robert Barron, explicó las razones por las cuales el “karma” no es compatible con la fe católica ya que niega algunas verdades esenciales de la fe cristiana.

En su blog, Word on Fire, Mons. Barron explicó que el “karma” es un elemento de las religiones orientales, como el hinduismo y el budismo, que considera que “por una ley espiritual cósmica, somos castigados o recompensados según nuestras actividades morales”.

“Si hacemos cosas malas, vamos a sufrir, en esta vida o en la que vendrá. Y si hacemos cosas buenas, seremos recompensados aquí o en el más allá. El karma no necesariamente es inmediato, a diferencia de la ley de gravedad”, pero “a la larga la gente es recompensada o castigada según sus méritos. Y esto satisface nuestro sentido de  equidad y justicia”, indicó.

En cambio, prosiguió el Prelado, la Iglesia Católica enseña que “todas las personas son pecadoras y por lo tanto merecen un castigo, pero Dios, en una muestra de generosidad, les da lo que no merecen”.

Para explicar en qué consiste esta “gracia” otorgada por Dios, Mons. Barron puso como ejemplo la parábola del Hijo Pródigo. Esta cuenta la historia de un hijo que malgastó su herencia en una vida libertina y cuando regresa arrepentido a la casa de su padre, este lo perdona, lo recibe con alegría y hace un festín en su honor con el mejor ternero.

Mons. Barron afirmó que Dios otorga su gracia como “un regalo”, pero cuando la persona la guarda de forma egoísta este don “se convierte en cenizas”. En cambio, “cuando entregas esa gracia, esta se renueva en ti”.

“Si la gracia asombrosa ha salvado a un desgraciado como yo, tengo que ser un vehículo de gracia para cada alma perdida que me rodea”, destacó el Prelado.

El Obispo Auxiliar de Los Ángeles indicó que en la Biblia hay dos pasajes que demuestran cómo Dios concede a oportunidad de redención a todos los pecadores sin excluir a nadie, a diferencia del karma.

El Prelado señaló que a pesar de que la Biblia señala que Israel es “el pueblo elegido”, en Is 56, 6-7 se lee que “a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza, yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración”.

Indicó que en Mt 15,21-28 una mujer cananea busca a Jesús para pedirle que libere a su hija de un demonio, pero él se niega diciéndole que solo ha venido a apacentar las ovejas de la casa de Israel. Incluso le dice “No está bien que se tome la comida de los hijos y se la tiren a los perros”. Pero ella le responde “Por favor Señor, hasta los perros comen de las sobras que caen de la mesa de los hijos”.

Jesús se sorprende por su fe y le concede lo que ella pidió. Al respecto, Mons. Barron explicó que “la mesa de la gracia fue puesta para los hijos de Israel, pero la comida de esa mesa no estaba destinada solo para los israelitas sino para todos los que vinieran. Israel fue escogido, sí, pero para el bien del mundo”.

En ese sentido, Mons. Barron manifestó que es una gracia de Dios que “no estemos viviendo bajo la dispensación del karma ¿Quién de nosotros sería capaz de soportar los fuertes vientos de la justicia pura?”.

“Los devotos de una religión de gracia tenemos que saber que el don no es solo para nosotros, más bien la generosidad de Dios está destinada a despertar en nosotros una generosidad semejante”, expresó.

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sábado, 16 de septiembre de 2017

¿Usted forma parte del 'brazo amputado' de la Iglesia?


 Laico dando testimonio de la fe católica

- Muchas veces se piensa que evangelizar es cosa de curas y de monjas. Y los laicos, ¿qué?

Responde Sor Leticia, dominica, del convento de Lerma:

- "Uff, ¡ustedes los laicos pueden evangelizar muchísimo! Si un laico no evangeliza, es como si a la Iglesia le amputaran un brazo. Porque donde él está no puede llegar un sacerdote, solo llega él. Cristo ha enviado a todos los cristianos, no solo a los curas y a las monjas. Tienen el arma del amor, el amor de Cristo. Y no se acomplejen, el Señor está a su lado de ustedes. Sin embargo, hay gente que tiene una fe muy de dudas… pero hay que pedirle a Cristo una fe de certeza: pídele tener certeza de lo que transmites: «Señor, grábame esta fe como sea». El cristianismo no es un cuento, es real, es todo un Dios que te ama. No podemos acobardarnos, tenemos que decir al otro: «Ven». Pero antes el otro tiene que sentir dónde estás tú, tiene que ver que eso que dices es de verdad muy importante para ti, que es real. El cristianismo, o es una forma de vivir, o son cuatro normas. Experimentar en nuestra propia vida el amor de Cristo es la esencia de nuestra fe: ¡se nos está ofreciendo la Felicidad en mayúsculas!"

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¿Forma parte usted al 'gigante dormido' de la Iglesia?




Resultado de imagen de Laicos dando testimonio de la fe católica

Examen de conciencia
¿Cuándo he hablado la último vez a alguien de Jesús?


miércoles, 13 de septiembre de 2017

“Jamás serás famoso… y eso es bueno”

Ante los éxitos deslumbrantes, Emily Esfahani propone encontrar la felicidad en una "vida con sentido"

Jaime Septién, aleteia
Emily Esfahani Smith es editora del Instituto Hoover de la Universidad de Stanford y escribió el libro “The Power of Meaning: Finding Fulfillment in a World Obsessed With Happiness” (El Poder del Sentido: Encontrar la Realización en un Mundo Obsesionado con la Felicidad) en el que habla, entre otras cuestiones, del ansia que han traído los triunfadores de las redes sociales, estilo Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, a los jóvenes universitarios de nuestro días.
En un reciente artículo, reproducido por The New York Times en Español, Esfahani Smith retoma las ideas centrales de su texto y subraya que en este tiempo “los estudiantes universitarios intentan, desesperadamente, cambiar al mundo y buena parte de ellos cree que tener una vida exitosa significa hacer algo extraordinario y que llame la atención, como convertirse en una celebridad en Instagram, crear una empresa exitosísima o acabar con la crisis humanitaria”.
Los casos de estas obsesiones –producto de las nuevas tecnologías y la capacidad de innovación que estas traen consigo—hacen creer a muchos jóvenes y adultos que tener una vida extraordinaria es la norma. Así lo aprenden en internet. Esto no solo es una ilusión, sino que puede llevar a muchos males.

Vivir con dignidad

La autora del artículo relata que en los últimos cinco años ha entrevistado a decenas de personas en Estados Unidos acerca de lo que le da significado a su vida y ha leído “miles de páginas de libros de psicología, filosofía y neurociencia para poder comprender qué es lo que proporciona satisfacción a las personas”.
Quizá la conclusión a la que ha llegado parezca a muchos una verdad de Pero Grullo. Pero es importante. Y es esta: “que las vidas con más significado no siempre son las más extraordinarias; lo son las vidas normales que se viven con dignidad”.
A continuación Esfahani Smith relata una novela de George Eliot llamada “Middlemarch: un estudio de la vida en provincias”, la cual le parece la mejor descripción de esta sabiduría; “un libro que considero que todo universitario debería leer”. ¿Por qué? Porque encierra el concepto de lo que es una vida con significado: “conectarse y contribuir con algo más allá de uno mismo sin importar la forma que esto adopte”.

Encontrar el propósito en lo sencillo

Es verdad que muchos jóvenes adultos no serán famosos ni alcanzarán las metas que se proponen. Pero eso no debe ser causa ni de extrañamiento ni de ruptura con el mundo. No ser el próximo Mark Zuckerberg, “no significa que su vida carecerá de propósito y valor. Todos tenemos un círculo de personas en cuyas vidas podemos influir y ayudar a mejorar, y es ahí donde podemos encontrar nuestro propósito”, dice Esfahani Smith.
Más adelante relata que el reciente campo de la psicología dedicado a la investigación y el estudio del “significado de la vida” confirma la sabiduría presente en la novela de Eliot: el sentido de la existencia no se encuentra en el éxito y el glamour, sino en lo cotidiano. “Quienes ven sus ocupaciones como una oportunidad de servir a su comunidad más cercana tienen la percepción de que su trabajo es más significativo, sin importar que se trate de un contador que ayuda a su cliente o del trabajador de una fábrica que alimenta a su familia con su salario”, dice la autora del artículo en The New York Times en Español.
Y remata: “Ahora que los estudiantes vuelven a la escuela deberían reflexionar sobre lo siguiente: no es necesario que cambies al mundo ni que descubras un propósito único para tener una vida con significado. Una buena vida es una existencia llena de bondad y eso es algo a lo que todos podemos aspirar, independientemente de nuestros sueños o circunstancias”.



martes, 12 de septiembre de 2017

El profeta de María: tres motivos que mantienen viva la misión de San Luis María Grignon de Monfort
Una multitud reza el rosario en el Calvario de Pontchateau,
una inicativa de San Luis María Grignon de Monfort

Sus misiones cristianizaron Francia, sobre todo la región de la Vendée,
 preparándola con más de medio siglo de anticipación para su rebelión
 y martirio ante la anticristiana Revolución. Su libro más célebre, oculto
 durante un siglo, extendió por todo el mundo una consagración especial
 a la Virgen. Es San Luis María Grignon de Monfort, un gran santo
 al que dedicó un profundo artículo recientemente Juan Diego Caicedo González en Cari Filii News:

“Pocos hombres ha habido en el siglo XVIII que llevasen sobre sí tan
 fuertemente grabadas las señales del hombre providencial como este
 nuevo Elías, misionero del Espíritu Santo y de María. Su vida toda ha
 sido una manifestación... de la sublime locura de la Cruz”. Padre F.G.
 Fáber, sacerdote del Oratorio, autor de la primera traducción española
 (1862) del Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen.

La reciente visita a la Vendée del cardenal Robert Sarah, prefecto de la
 Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos 
y la homilía que allí pronunció con tanta elocuencia y firmeza son una
 ocasión muy apropiada para recordar al gran evangelizador de esa
 región de Francia, donde la Revolución sacrificó en una horrenda
 masacre a cerca de trescientos mil herederos de su gran obra misionera.


El cardenal Sarah reza en la tumba de San Luis María Grignon de Monfort en Saint-Laurent-Sur-Sèvres, este mes de agosto.

Se trata de San Luis María Grignon de Monfort (1673-1716), un santo cuya actualidad para la Iglesia estaría centrada en tres aspectos: la verdadera devoción mariana, invencible contra las persecuciones; la misión ininterrumpida, como fortaleza de los creyentes; y la misión como canto de alabanza y súplica.

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Imagen de San Luis María Grignon de Monfort en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, obra de Giacomo Parisini (1948).

La verdadera devoción mariana, invencible contra las persecuciones
Como todo verdadero apóstol de Cristo, Monfort fue víctima de una implacable y feroz persecución por parte de los jansenistas y ciertas autoridades eclesiásticas –se le llegó a prohibir la predicación y de hecho el ejercicio del ministerio sacerdotal-, a la que respondió con total entereza de fe, centrada en la propagación del culto al que llamaba esclavitud mariana como el camino ideal para alcanzar la salvación: llegar a Jesús en, con, por y para María; a Jesús por medio de María.

En sí misma, la devoción mariana no tenía ni tiene ahora nada de nuevo, pues abundan los cristianos (habría que decir también que algunos musulmanes, como los de Éfeso) que la conocen y practican desde los primeros tiempos de la Iglesia. Pero el llamado de Monfort en su época era apremiante y perentorio, como lo sigue siendo ahora; en su Tratado de la verdadera devoción a la Virgen María, cada vez más difundido hoy en día (obra que permaneció inédita hasta 1842, cuando un sacerdote de la congregación fundada por el santo, la Compañía de María, la encontró casualmente; había permanecido más de un siglo en el silencio de un cofre, como lo había pronosticado el mismo santo), explica por qué son pocos los que practican a conciencia y a fondo dicha esclavitud, exponiendo detalladamente las razones por las cuales un desposorio místico con la Virgen es la garantía más segura del triunfo sobre esas persecuciones y el mal que las genera: “Sí, pues, es cierto que el conocimiento y el reinado de Jesucristo en el mundo deben llegar, no lo es menos que sólo se realizará esto como consecuencia del conocimiento y del reinado de la Santísima Virgen, que es la que lo trajo la primera vez al mundo y quien lo hará triunfar en la segunda”.



Ante el creciente poderío del laicismo fanático, que parece enseñorearse por completo del mundo, ante una persecución encarnizada contra la verdad, Monfort responde con la radicalidad de una entrega total a María, la verdadera devoción a ella que es, al mismo tiempo, la verdadera devoción a su Hijo: “Todo tuyo, Señor, por María”. Totus tuus, el lema del pontificado de San Juan Pablo II, quizá el más mariano de la Historia, tomado directamente de las enseñanza monfortianas. La mujer vestida del sol del Apocalipsis, a quien se le ha dado poder para aplastar la cabeza de la serpiente, todo lo puede, porque es la omnipotencia suplicante; sube y baja, haciendo incansablemente y siempre el bien, como escribía San Alfonso María de Ligorio en Las glorias de María; cuanto más intenso es el vómito de fuego del mal contra María y la grey que la sigue, cuanto más abunde el pecado, más fuerte y segura es la sobreabundancia de gracias procedentes de la intervención de la Madre de Dios en la lucha espiritual.

Las profecías de Monfort se cumplieron y se siguen cumpliendo, aunque los sabios de este mundo no lo hayan entendido. ¿Qué significó de hecho la caída de la Unión Soviéticay sus satélites vecinos sino un triunfo del Corazón Inmaculado de María, cuya intervención se dio precisamente a través de San Juan Pablo II? Quien esto escribe fue testigo de la prodigiosa influencia de dos de los nueve viajes de este Papa a su tierra natal, Polonia, en 1983 y 1987. Imperaba allí una sensación de frustración colectiva, de pesimismo y amargura, primer fruto anímico de la opresión comunista, que se asienta en el poder en virtud del terror, sino debido a causas físicas, a las psicológicas, aunque generalmente se dan los dos tipos de causas, al unísono. A una nación católica por tradición se le prohibía expresarse libremente, la escuela y la educación superior eran ateas por principio, al igual que los medios de comunicación y toda la propaganda oficial, como corresponde al marxismo-leninismo; no había elecciones libres, como no las hay en ningún país de regímenes semejantes; la comida estaba racionada, las medicinas escaseaban, la única opción de lograr crecer profesional e individualmente era la vinculación a un Partido Comunista absolutamente hegemónico y odiado por la mayoría de la población. La posibilidad de un cambio, con la aparición del primer sindicato no comunista reconocido dentro del bloque soviético, Solidaridad, en 1980, se había esfumado con la posterior declaración, dos años después, de la ilegalidad de éste y del estado de guerra (guerra contra la libertad y la democracia).


Misa en Poznan durante la visita de San Juan Pablo II a Polonia en 1983. Foto: CNS-Arturo Mari.

¿Qué sucedió durante esas peregrinaciones del Papa su patria? Uno percibía un cambio evidente del estado anímico de los polacos, un vigor espiritual de renovación que se propagaba por todas partes; por primera vez en muchos años hubo manifestaciones de protesta pacífica en las calles y los fieles rompían el acordonamiento policial para dirigirse a una misa papal; unos pronunciamientos enérgicos y claros del Papa sobre los derechos a la libertad y la justicia –ningún odio, ninguna violencia, ningún arma en manos de nadie, ningún llamado concreto a la acción política-, los que promulgan los comunistas y jamás cumplen, un recordatorio de los valores tradicionalmente católicos de la nación, unas invocaciones a María que emanaban de lo más hondo del corazón de multitudes anhelantes, y el cambio, poco a poco, se fue dando, hasta llegar a la caída definitiva del régimen en 1989. Una victoria de María por medio de Juan Pablo II, una victoria de la fe y del pensamiento monfortiano, que se extendió a todos los países de la cortina de hierro hasta hacer presa de su epicentro, la entonces Unión Soviética, que el Papa había consagrado al Corazón Inmaculado de María, como lo había pedido ella en Fátima.

El cardenal, también polaco, August Józef Hlond (1926-1948), en los comienzos del nefasto totalitarismo rojo, lo había anunciado en su lecho de muerte: “La victoria, si llega, llegará por María”. Su sucesor como arzobispo de Varsovia y Primado de Polonia, Stefan Wyszynski (1948-1981), que algún día muy seguramente será canonizado, no hizo sino repetirlo una y otra vez en una lucha heroica, que incluyó un cruento cautiverio, trasladando la esperanza de las victorias marianas al mundo entero cuando repartía estampas de Nuestra Señora de Czestochowa entre los demás cardenales participantes en el cónclave de 1978. Al parecer, fue él un primer candidato al papado, pero rechazó su postulación por la edad y por su ferviente patriotismo, gracias al cual no quería abandonar a su pueblo en la lucha espiritual contra el dragón rojo. Finalmente, como sabemos, el cónclave o, mejor, el Espíritu Santo, designó a Karol Woytila, arzobispo de Cracovia, la mano derecha de Wyszynski, Juan Pablo II, para realizar la profecía del poeta decimonónico Juliusz Slowacki (1809-1849): "Habrá un papa polaco".


El célebre y emotivo abrazo del cardenal Stefan Wyszynski, héroe de la resistancia contra el comunismo, al Papa polaco que algunos habían profetizado hacía tiempo.

Un antecedente, entre muchos otros: la Batalla de Lepanto en 1571; la cristiandad derrota al Imperio Otomano, el fundamentalismo islámico de entonces, mientras cientos de creyentes rezan el Rosario, obedeciendo a la convocatoria del Papa San Pío V.

Otro antecedente: la Batalla de Viena en 1683; las tropas cristianas, al mando del rey polaco Juan Sobieski, vuelven a derrotar al Imperio Otomano, al que le faltaba muy poco para dominar en toda Europa; en los estandartes del ejército cristiano campea la imagen de la patrona de Polonia, María Santísima de Jasna Góra (se traduce como Claro Monte), venerada en el santuario de la ciudad de Czestochowa y en Kahlenberg, Viena, el escenario de la batalla.

Finalmente, otro antecedente digno de destacar: las oraciones tan profundamente marianas de Pío XII y San Pío de Pietrelcina, a la cabeza de tantos hombres de buena voluntad, logran poner fin al genocidio nazi de la Segunda Guerra Mundial, intención por la que se habían inmolado otros santos como Maximiliano Kolbe, el caballero de la Inmaculada, y Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), mártires de la Cruz al pie de la cual vela María.

Hoy el fundamentalismo islámico de Daesh, la amenaza totalitaria de la ideología de género, sembrada por la izquierda sucesora de la soviética, y las tiranías comunistas que aún sobreviven en el mundo (¿es éste el dragón rojo que se cura de sus heridas al que se refiere el Apocalipsis?), como las de China –qué engañados están quienes creen que allí han cambiado las cosas porque se permite un capitalismo de Estado-, Corea del Norte, Cuba y Venezuela, siguen vomitando fuego contra la Mujer vestida del sol y los creyentes fieles.

¿Qué recomendaría Monfort, cuando todo parece conspirar contra la esperanza, como en la Polonia comunista? En El secreto admirable del santísimo rosario escribía: “Esta vida es de guerra y tentaciones continuas. No tenemos que combatir a enemigos de carne y sangre, pero sí a las potencias mismas del infierno. ¡Qué mejores armas podemos tomar para combatirlos que la oración dominical que nuestro gran Capitán nos ha enseñado; la salutación angélica, que ha ahuyentado a los demonios, destruido el pecado y renovado el mundo; la meditación de la vida y de la pasión de Jesucristo, que son pensamientos que debemos tener habitualmente presentes, como manda San Pedro, para defendernos de los mismos enemigos que Él ha vencido y que nos atacan diariamente! 'Desde que el demonio', dice el cardenal Hugo, 'fue vencido por la humildad y la pasión de Jesucristo, apenas puede atacar un alma que medita estos misterios, o si la ataca, es derrotado vergonzosamente' (…) Pertrechaos, pues, con estas armas de Dios, con el santo Rosario, y quebrantaréis la cabeza del demonio y viviréis tranquilos contra todas sus tentaciones”.


A San Luis María Grignon de Monfort siempre se le representa con el rosario cerca.

Esto nos recuerda al obispo nigeriano que hace unos meses encontró en María la réplica justa a su angustia ante los desmanes sanguinarios de Boko Haram: Con el rosario los venceréisSanto Domingo de Guzmán, el primero a quien se reveló el secreto, el Beato Alano de la RosaSan Alfonso María de LigorioSan Juan BoscoSan Alonso Rodríguez, el jesuita portero que tenía encallecidas las manos de tanto hacer presión con los dedos sobre sus camándulas (sus consejos estimularon la extraordinaria labor misionera de San Pedro Claver, el primer apóstol de los esclavos negros en el mundo), y tantos otros personajes de la Iglesia, lo refrendan con creces. Santo Rosario significa santo triunfo de la Cruz. Más que nunca conviene recordarlo en estos momentos tan críticos. Y esa obra de Monfort, lo mismo que el mencionado Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, en el que la oración del Rosario es la más enaltecida como la propia de la verdadera devoción, es tal vez la mejor introducción que se haya escrito nunca a esta clave de salvación porque, parafraseando a San Alfonso, del rezo asiduo del Rosario, en gracia de Dios, puede depender nuestra salvación.

En nuestros tiempos, así como se multiplican las artimañas del mal que, en términos de San Agustín, actúa cuando el hombre lo permite y le abre las puertas, así se multiplica tanto el número como la calidad de los exorcistas. Todo exorcista sabe, y lo proclama abiertamente, cuál es la importancia de la Virgen María en el proceso de ahuyentar las presencias malignas. Todo exorcista es un gran devoto de María. La verdadera devoción a ella, en la que tanto insistía Monfort, aplastará definitivamente toda insania infernal y todo el proyecto anticristiano, el del Nuevo Orden Mundial de la dictadura del relativismo.

Mucha atención a estas palabras del santo en su Tratado…, escritas bajo el subtítulo “Los apóstoles de los últimos tiempos”, un acápite de su inmensa obra mariana:

“Pero, ¿qué cosa serán estos servidores, esclavos e hijos de María? Serán fuego abrasador, ministros del Señor, que encenderán el fuego del amor divino por todas partes; serán sicut sagottae in manu potentis, flechas agudas en las manos de esta virgen poderosa para atravesar a sus enemigos.

»Serán los hijos de Leví muy purificados por el fuego de las grandes tribulaciones y muy unidos a Dios, los cuales llevarán el oro del amor en el corazón, el incienso de la oración en el espíritu y la mirra de la mortificación en el cuerpo, y por todas partes serán buen olor de Jesucristo a los pobres y a los pequeñuelos, mientras serán olor de muerte para los grandes, para los ricos y para los orgullosos mundanos.

»Serán tronadoras nubes que volarán por los aires al menor soplo del Espíritu Santo y que, sin apegarse en nada, ni asombrarse de nada ni inquietarse por cosa alguna, descargarán la lluvia de la palabra de Dios y de la vida eterna; tronarán contra el pecado, retumbarán contra el mundo, herirán al diablo y a los suyos y atravesarán de parte a parte, para la vida o para la muerte, con la espada de dos filos de la palabra de Dios, a todos aquellos a quienes serán enviados de parte del Altísimo.

»Serán los apóstoles verdaderos de los últimos tiempos, a quienes el Señor de las virtudes dará la palabra y la fuerza para obrar maravillas y obtener gloriosos trofeos sobre sus enemigos; dormirán sin oro ni plata, y lo que es más, sin cuidados en medio de los otros sacerdotes, eclesiásticos y clérigos, intermedios cleros, y, sin embargo, tendrán las alas plateadas de la paloma para ir con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de las almas adonde los llame el Espíritu Santo, y no dejarán detrás de ellos, en los lugares donde prediquen, más que el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda ley”.

Resumiendo este primer aspecto de la actualidad de Monfort: No tengáis miedo, otra divisa de San Juan Pablo II que caló hasta los tuétanos de la espiritualidad de los creyentes, particularmente de los sometidos a la tiranía del dogma leninista, durante su pontificado. Las persecuciones a la Iglesia, el terrorismo, los fundamentalismos anticristianos, los relativismos, los colectivismos mentirosos y despóticos, la mentira masificada y aparentemente victoriosa, se vencen con el Rosario y la verdadera devoción a María, que con tanto énfasis abanderó San Luis María Grignon de Monfort, el santo evangelizador de La Vendée. Como lo señala el cardenal Sarah, la fe incorruptible de los vandeanos, afincada en las misiones de Monfort, católicos fieles enfrentados a la dictadura revolucionaria, que costó innumerables víctimas, llegó a ser en la posteridad una victoria. No pudo la Revolución destruir la Iglesia, como lo pretendían sus dirigentes.

No podrá tampoco la gigantesca ofensiva anticristiana que padecemos lograr otro tanto porque, en palabras de San Bernardo, el más citado por Monfort en su Tratado..., María, la estrella del mar, lo impedirá con el ímpetu del Espíritu Santo: “Con todas las fuerzas (..) de nuestro corazón, con nuestros más vivos sentimientos y anhelos, veneremos a María, porque es voluntad del Señor que todo lo recibamos por María. Sí, es voluntad suya, pero en favor nuestro. Con su solicitud constante y universal hacia los miserables consuela nuestro temor, aviva nuestra fe, fortalece nuestra esperanza, disipa nuestra desconfianza. Cuando temías acercarte al Padre y, aterrado con sólo oír su voz, te escondías entre el follaje, Él te dio a Jesús por mediador. ¿Qué no conseguirá tal Hijo de tal Padre? Le escuchará siempre por su gran respeto: el Padre ama al Hijo, pero recelas acaso acercarte a Él? Es tu hermano, y tan humano como tú; tiene experiencia de todo, a excepción del pecado, para ser compasivo.Este hermano te lo dio María”.

La misión ininterrumpida es la fortaleza de los creyentes
La principal actividad de Monfort como sacerdote fueron las misiones. No viajó a otros países, no salió de Francia para conducirlas. Le bastaba con saber que en su propio país era necesario misionar, llevar la Palabra y los sacramentos a quienes los desconocían, no los ponían por obra o los habían abandonado. Todo creyente-practicante sabe que la esencia de la Iglesia es misionera, pero no sobraría reiterar que si la Iglesia ha crecido en los últimos tiempos en países de Asia y África (también en la Suecia laicista y en la Rusia poscomunista) se debe fundamentalmente a las misiones. Y, por supuesto, verdad de a puño es que el cristianismo siempre, desde los tiempos de PedroPablo y los demás apóstoles, se ha iniciado en los más diversos países gracias a las misiones. Monfort daba a entender que Cristo mismo, en sus recorridos por Galilea, Samaria, Sidón, Tiro y Judea, era el misionero por excelencia. En todas partes dejaba el grano de trigo muerto que florecía, a todas esas comarcas llevaba la llama de la fe y la verdad.

Las misiones de Monfort continuaban las que habían desarrollado en el siglo XVI el cardenal Berulle y los sacerdotes de su Oratorio, cuya expresión más destacada estuvo representada luego por San Juan Eudes. Consistían en varios días de predicación, oración-sobresalía desde luego el Rosario-, confesiones, catequesis, misas con encendidas homilías que hicieron célebre al santo, procesiones y cánticos, nada distinto a lo que son las misiones en general, en una determinado población. De allí los fieles se trasladaban en procesión a otra, donde se seguía el mismo orden del día, integrándose así los habitantesde un lugar con los del otro, en fusión de universalidad eclesial. En los montes y colinas por donde pasaban los grupos de fieles en sus procesiones, dejaban instaladas cruces en memoria de su convivencia y propósitos de conversión, testimonios vivos de las gracias del Crucificado obtenidas en la misión. Ningún poblado ni comarca vecina quedaba excluida de la acción misionera. Ningún laico comprometido en una temporada misional dejaba de trasladarse de su pueblo a los otros comprendidos en la zona misional monfortiana.


El Calvario de Pontchâteau, una iniciativa apostólica de San Luis María.

Francia parecía muy católica en la época del santo, pero en las misiones se comprobaba que no lo era tanto. Gracias a ellas se reavivaba la fe, se reafirmaba en gran escala, porque así era Monfort, como lo son todos los santos: todo lo hacen en grande porque, como es Dios quien actúa por su intermedio, nada hay para ellos pequeño o imposible.

¿No puede ser este un modelo de misión cristiana y mariana paras países que hoy han decaído en su fe, en sus vocaciones y convicciones? San Juan Pablo II, un Papa integralmente misionero, hizo sus casi incontables viajes a la manera de las misiones monfortianas: Totus tuus. Todo tuyo, María, todo tuyo, Jesús, todo en todos; hasta los límites del cielo, si existen, alcanza el pregón del sol, que es Cristo. El Papa Francisco sigue peregrinando del mismo modo. Los misioneros son una fuerza en la Iglesia que nunca se apaga, ni se apagará. Los hay en los lugares más apartados y más reacios a la proclamación de la fe, como lo sabemos por las experiencias presentes de Irak y Siria. Monfort, el santo de La Vendée, encontraba la fortaleza y la piedad necesarias para misionar en la verdadera devoción a María y en el secreto admirable del santísimo Rosario. También en el canto.

La misión es canto de alabanza y súplica
Una característica inconfundible de las misiones encabezadas por San Luis María Grignon de Monfort, como de las de San Francisco Javier en Oriente y San Felipe Neri nada menos que en la misma Roma, era el canto constante de himnos entonados por él y los fieles, en cuya composición él mismo participaba. Dotado literaria y musicalmente, el santo profeta de María, ante cuyo verbo resulta prácticamente imposible no rendirse, por la fogosidad y convicción del mismo, llevó a cabo una actividad misionera de una eficacia tan singular como la que pudo comprobar la Guardia Nacional enviada por los revolucionarios del terror para reprimir el levantamiento de La Vendée –la valentía de estas gentes, nietos y biznietos de quienes habían escuchado las predicaciones de Monfort, gentes que se alzaron para defender la fe y la independencia de pensamiento de sus sacerdotes, es recordada hasta ahora en Francia como una de las máximos pruebas de coraje y nobleza militar, de lo cual queda constancia, por ejemplo, en varias novelas de Balzac-. A esa eficacia no eran en absoluto ajenas las melodías y armonías.

El propio santo suministraba a sus oyentes la materia prima musical que debía fertilizar sus almas y corazones en una renovación espiritual como la testificada por San Agustín en sus Confesiones: “¡Cuanto lloré con tus himnos y cánticos, conmovido intensamente por las voces de tu Iglesia que resonaban dulcemente! A medida que aquellas voces se infiltraban en mis oídos, la verdad se iba haciendo más clara en mi interior y me sentía inflamado en sentimientos de piedad, y corrían las lágrimas, que me hacían mucho bien”.


Órgano de la catedral de Reims.

En la Iglesia Católica y las confesiones cristianas de los hermanos separados (aquellas en las que realmente hay una teología y una música dignas de consideración, sin gato encerrado), siguiendo las antiguas tradiciones judías y griegas -aunque no se quiera reconocer por mala fe o se ignore-, están los cimientos consolidados de la gran música de Occidente y, por qué no decirlo, del mundo. Sin los papas, prelados, monjes y santos que promovieron tan insistentemente en su momento la música, apoyando a compositores e intérpretes, fomentando las colecciones y los archivos, organizando conciertos y haciendo acompañar las misas por excelsas composiciones (se podrían citar como pilares a San EfrénSan BasilioSan AmbrosioSan Gregorio Magno, el papa Pío II, eximio humanista del Renacimiento, pero la lista es más larga), poco o nada tendríamos seriamente de música. Así ha sido desde los cantos ambrosiano y gregoriano, pasando por los esplendores del barroco y el clasicismo vienés, hasta los mismísimos siglo XX y XXI, en los que la grandeza de composiciones religiosas como las corales de Igor Stravinsky, las también corales y organísticas de Olivier Messiaen, y las tan espirituales de nuestro contemporáneo Arvo Pärt ha encontrado tantas veces albergue en las iglesias. Sin los antecedentes religiosos, la Humanidad no habría dispuesto de las bases para la cultura musical profana; entiéndase por profano, en este caso, una música que, si bien no proviene directamente de fuentes litúrgicas, de ningún modo es anticristiana, ¿o es que lo son los cuartetos y sonatas de Beethoven?

En ese sentido, Monfort siguió los pasos de sus antecesores en la música y el canto, enriqueciendo el acervo melódico de la Iglesia con un canto popular sin demasiadas pretensiones intelectuales, pero enormemente inspirador y ungido por los ángeles que cantan en los coros celestiales. Por lo demás, María Santísima, a quien tanto amaba, es una figura central en la historia de la música como tema; así lo acreditan centenares de obras apoyadas en textos litúrgicos y devocionales –Ave María, Stabat Mater, Salve Regina, etc.- que nos ha legado toda una serie de maestros, algunos de los cuales ni siquiera fueron creyentes.

Monfort hizo entonces una aportación considerable al patrimonio musical de la Iglesia, aunque de ella sólo nos queden ante todo los textos de sus himnos y cánticos. Crucial aportación ésta para tener en cuenta especialmente ahora, cuando una macabra alianza (terrorismo islámico, ideología de género, poderosos dinosaurios comunistas, totalitarismo relativista y capitalista) nos ofrece para el futuro, entre otras, la posibilidad de la muerte de la mejor música. Nada tendría de raro que a Europa le espere de nuevo no sólo la quema de iglesias y destrucción de imágenes religiosas cristianas, ya en ciernes, sino la de salas de concierto y la liquidación agresiva de festivales musicales y orquestas. Los musulmanes terroristas, como los de Daesh, odian la música y, como lo afirmaba el recientemente fallecido director de orquesta Nicolás Harnoncourt, quien envidiaba la cultura musical de los feligreses congregados en los templos de los siglos XVII y XVIII, los dirigentes políticos del hemisferio occidental, tan engolosinados por todo lo que sea transgénero y anticristiano, en todo piensan menos en la música y la cultura:

“Yo no veo nubes grises sino negras. En la actualidad no se entiende ya la importancia realmente básica del arte para el ser humano. El arte no da votos, y por esta razón ningún responsable lo toma como un asunto realmente importante” (Diálogos sobre Mozart).

Ante esto, vale la pena remitirse igualmente a un célebre parlamento de Shakespeare:

“El hombre que no tiene música en sí ni se emociona con la armonía de los dulces sonidos es apto para las traiciones, las estratagemas y las malignidades; los movimientos de su alma son sordos como la noche, y sus sentimientos tenebrosos como el Erebo. No os fiéis jamás de un hombre así. Escuchad la música” (El mercader de Venecia).

Momento propicio para recordar asimismo a Hildegarda de Bingen, la abadesa medieval benedictina virgen, sabia, científica y compositora. La música, según ella,

“anuncia la divinidad, y anuncia que el Verbo anuncia la humanidad del hijo de Dios (…). La humanidad del hombre adquiere una gran fuerza al cantar en voz alta, pues la sinfonía estimula a las almas somnolientas y hace que se mantengan alerta (…) la sinfonía enternece los corazones duros, y les aporta un sabor de dulzura, y llama sobre ellos al Espíritu Santo (…) los címbalos, cuando se tocan con verdadera alegría, producen un excelente sonido, y (…) los hombres que yacen postrados por sus faltas, cuando son llamados por la inspiración divina hacia la altura suprema, se alzan dichosos de esos bajos fondos” (Libro de las obras divinas).

En el infierno, si algo falta, es la música, según Hildegarda; el paraíso es una gloria eterna musical, allí se canta sin cesar; el hombre, al perderlo, pierde la música eterna y, en su afán de recuperarla en la tierra, canta, interpreta y escucha música, suspirando por la resurrección musical. Hermosa visión de la benedictina que surgió en una época hoy tan vilipendiada.

¿Pero es que se trata únicamente de la música? ¿Qué valor tienen la literatura y la cultura derivadas del cristianismo para ese consorcio de la muerte? ¿Habrá que destruirlas a como dé lugar? ¿Serán parte de las armas con las que el presunto politeísmo de los cruzados, en una sociedad cada vez más descristianizada, ha oprimido horrendamente a unos pobres asesinos terroristas, financiados por ricos estados petroleros como Arabia Saudita y Qatar? ¿Serán culpables Beethoven de conservadurismo y espíritu discriminatorio por exaltar el amor conyugal, es decir, el que siente una mujer por su esposo, en Fidelio, o Händel por glorificar la lucha bíblica de un pueblo contra un opresor que pretendía acabar con la libertad religiosa del pueblo judío en Judas Macabeo?

No nos digamos mentiras. El proyecto anticristiano es antimusical, descansa sobre la mediocridad, la insensibilidad y la ignorancia.

Para finalizar, la letra de uno de los himnos escritos por San Luis María Grignon de Monfort. Se titula La Cruz:



¡Viva Jesús, viva su cruz,
Viva su caridad suprema!
Este salvador, muriendo sobre este madero,
Muestra a qué exceso llega su amor.
Cristianos, cantemos en alta voz:
¡Viva Jesús, viva su cruz!
¡Viva esta divina cruz!
En Jesús ella es adorable:
Muy lejos de ser como antaño
Desdeñada por todos los humanos.
Cristianos, cantemos…
Viva esta divina cruz!
Este gran Dios, habiéndola abrazado,
Ha sabido hacer una tan bella elección,
Que Él mismo ha derramado en ella su sangre.
Cristianos, cantemos…
¡Viva esta divina cruz!
Es el cetro del Rey de la gloria:
Él reina, Él triunfa en este madero,
Es el estandarte de la victoria.
Cristianos, cantemos…
¡Viva esta divina cruz!
Es el instrumento de sus milagros,
Es el intérprete de su voz;
Es el púlpito de sus oráculos.
Cristianos, cantemos…
¡Viva esta divina cruz!
Ella es mi única esperanza,
Porque deberá ser con su peso
Como se pesará mi recompensa.
Cristianos, cantemos…
Triunfa pues, divina cruz,
Y que por todas partes seas enarbolada:
Que sólo Jesús, sobre tu madero,
Sea el objeto que en ti se adore.
Cristianos, cantemos…
Oh, buen Jesús, oh, buena cruz,
Oh, fuente! Oh, canal de la gracia!
Mi feliz suerte, mi digna elección,
Yo te adoro y te abrazo.
Cristianos, cantemos en alta voz:
Viva Jesús, viva su cruz.

Puede leer el documento: El secreto admirable del Santísimo Rosario




Juan Diego Caicedo González / Cari Filii