miércoles, 15 de agosto de 2018

Nunca tan pobres, jamás tan felices

Se puede aprender mucho de una crisis así si elegimos hacerlo. Sobre todo, es una enorme oportunidad para renovar nuestro amor y solidificar nuestra unión siempre esperanzados en que todo esto pasará. 



“Contigo pan y cebolla y hasta arriba de un nopal”. Esto decimos en México cuando vamos a casarnos. Nos referimos, entre otras cosas, a que no importa el tipo de economía que tengamos o dónde estemos, siempre estaremos juntos.  
Y entonces, ¿a dónde se fueron esas dulces intenciones cuando pasamos por crisis económicas en el matrimonio? ¿Eso de “en lo bueno y en lo malo” fue una promesa vacía?
Crisis, tiempo de crear… No vamos a negar que pasar por una crisis económica es de las experiencias más difíciles del matrimonio. Sin embargo, lo peor que podemos hacer es permitir que el miedo se apodere de nosotros y que tome control de nuestras decisiones.
Por supuesto que se vale experimentar sentimientos de tristeza, desilusión, miedo al futuro, frustración, etc. pero lo que no conviene es quedarnos estancados en ellos. No es tiempo de tirar la toalla ni de que nos entre el pánico. Es tiempo de crear, de contenernos y de hacer lo que nos corresponde.
Cuando la pobreza entra por la puerta, ¿el amor se escapa por la ventana? A veces así se ”siente”. Sin embargo, no es verdad.
Mi marido y yo hemos pasado por varias crisis económicas en los últimos 23 años y puedo testificar que son maravillosas. Son oportunidades muy dolorosas para conocer el calibre de nuestro amor, entre otras cosas.
De hecho, en la última crisis que pasamos llegamos a una conclusión: ¡Nunca tan pobres, jamás tan ricos y felices! Porque nuestra verdadera riqueza está en nuestra Fe y en el amor que había entre mi esposo, mis hijos y yo.
Podernos ver a través de los ojos del otro con la certeza de que nos amamos por quienes somos y no por lo que nos damos…

Se pueden aprender tanto de una crisis económica…

  • A crecer en virtudes, sobre todo, en amor y en perdón.
  • A revaluar qué áreas de oportunidad tenemos en nuestra relación con el manejo de las finanzas en el hogar y volver a poner las prioridades bien claras. 
  • A aceptar en lugar de revelarse. La buena actitud es importantísimo. Evitar “echar la culpa” al otro es crucial. Cuando hay una crisis de esta magnitud, quien lleva la mayor carga de responsabilidad, es decir, de traer el sustento, necesita es de nuestro apoyo, contención y amor incondicional.
  • A conocer cómo es realmente nuestro interior. Cómo reaccionaste ante esa crisis, cómo respondiste ante ella y la actitud con la que le hiciste frente hablará de cómo está tu interior porque en esos momentos arrojamos nuestro verdadero yo, sin filtros.
  • A reconocer nuestro verdadero valor. Pasar por una crisis económica no tiene nada de malo y mucho menos de vergonzoso. Estamos tan inmersos en eso de que “tanto tienes, tanto vales”, que perdemos de vista que nuestro verdadero valor está en quienes somos y no en lo que poseemos.
  • A tomar la temperatura a nuestra familia. Las crisis económicas nos sirven de termómetro para darnos cuenta de lo sólida que está nuestra relación y la educación que estamos dando a nuestros hijos. En estos momentos se ponen a prueba virtudes y valores como la Fe, el desprendimiento, la generosidad, etc.
  • Hacer vida la cuarta petición del Padrenuestro: aprender a vivir con el pan nuestro de cada día, solo por hoy, un día a la vez, esperanzados y sostenidos en la base que les une: el amor incondicional.
Es importante tener en cuenta que si tenemos problemas conyugales a causa del dinero es porque tenemos puesto nuestro corazón y nuestro amor en él. Si deseamos evitar tener problemas a causa del dinero, evitemos adorar al dinero.
No pongamos al dios dinero en lugar del Dios amor. Entendamos que el dinero no es el problema, sino la actitud que tengamos frente al dinero.
Si a nosotros el dinero nos da seguridad, estatus, fortaleza y todo eso que nos ha vendido el mundo y que “supuestamente” el dinero da, entonces sí se tambaleará nuestro entorno cuando los problemas económicos peguen.






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